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Domingo, 1 de agosto de 2004

AGRO › LOS BUENOS PRECIOS DE LAS COMMODITIES SE MANTIENEN

El viento en el campo todavía sopla a favor

 Por Susana Díaz

Si se repasa la historia económica argentina, es difícil encontrar períodos en los que el contexto internacional haya sido tan favorable. Una excepción fueron las grandes guerras, que no sólo acentuaron la demanda de los productos agrícolas sino que además dieron un empujón a la industrialización sustitutiva. Pero cierto es que, por lo menos desde la restauración democrática en adelante, muchos gobiernos habrían tenido mejor suerte si hubiesen disfrutado de los actuales términos del intercambio y de las bajas tasas de interés internacional. Por supuesto, el contexto externo no lo es todo; los empresarios del sector agropecuario, por ejemplo, tuvieron la suficiente visión y recursos para adaptarse a gran velocidad a las señales de la demanda. En este contexto, las caídas que en los últimos meses mostraron los precios de algunas commodities no deberían ser motivo de mayor preocupación, pues no se trata de una tendencia de largo plazo, sino de una “normalización”, simplemente el fin de una coyuntura de ganancias extraordinarias.
Dado que los precios de las materias primas tienen gran incidencia en las restantes variables macroeconómicas, como por ejemplo la recaudación y la inflación, el Banco Central construye un índice para medir su evolución, el IPMP (www.bcra.gov.ar). En el Informe de Inflación para el tercer trimestre del año se observa que si bien el indicador experimentó una brusca caída desde marzo, si se considera el promedio del primer semestre de 2004, los precios se encuentran todavía un 23,1 por ciento por encima del promedio de 2003. También se hallan un 5 por ciento arriba de su promedio histórico y un 20 por ciento más alto que los valores de la década del ‘90. Vale aclarar que además de los productos del complejo sojero, trigo, maíz y carne bovina, el indicador incluye metales y petróleo crudo. En conjunto, estos productos representan el 40 por ciento de las exportaciones. No obstante, la volatilidad mostrada por el IPMP en el primer semestre se explica fundamentalmente por el comportamiento de los precios de la soja y sus derivados, los que comenzaron a subir aceleradamente a partir de septiembre de 2003. La razón fue el aumento la demanda china, el mayor importador mundial y la caída de la oferta de Estados Unidos, el mayor productor mundial. La fiesta llegó a su clímax en marzo pasado, cuando tanto los porotos como las tortas de soja alcanzaron valores record históricos. Pero a partir de abril, los factores extraordinarios que provocaron el alza de precios desaparecieron. El anuncio del aumento del área sembrada en Estados Unidos para la próxima campaña y la previsión de la desaceleración del crecimiento chino desplomaron las expectativas y, con ellas, las cotizaciones.
Los precios que surgen del análisis de los mercados de futuros para la segunda mitad del año justificarían una baja del IPMP de otro 10 por ciento, lo que sin embargo lo dejaría un 17,5 por ciento por encima del promedio de 2003. Esto significa que, si bien se mantiene la tendencia a la baja, a fin de año se tendrá una mayor base recaudatoria y también precios mayoristas más altos. No obstante, dada la escasa demanda interna de estos productos, no se espera que existan mayores efectos sobre la inflación minorista. La conclusión del siempre optimista informe del BCRA es que, “lejos de complicar, el nivel del precio de las materias primas sigue siendo una de las tantas buenas noticias de 2004”.

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