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Domingo, 9 de enero de 2011

ENFOQUE

Las listas para 2011

 Por Claudio Scaletta

La política económica presenta, en el discurso social o en el ágora mediática, dos listados.

Desde el oficialismo se sostiene que el modelo de tipo de cambio competitivo con retenciones diferenciales dio lugar al período de crecimiento sostenido más largo de la historia local. Como reseñó en un artículo muy difundido esta semana el Premio Nobel Joseph Stiglitz, el PIB actual duplica al de 2002 y es un “75 por ciento más (alto) que en el mejor momento del período anterior”. El provinciano carácter local parece demandar la pluma de un economista estadounidense para descubrir lo que tiene frente a sus narices. Enseguida, para evitar que la política se agote en estas líneas directrices cambiarias que, después de todo, son pre 2003, se suma todo lo posterior, el sesgo kirchnerista: el mantenimiento del FMI afuera de las decisiones internas, la reestructuración con quita de la deuda y la sistemática política de desendeudamiento, con reducción de la relación deuda/PIB a niveles inimaginables hace apenas una década, el congelamiento relativo de tarifas, con beneficio directo a los costos de producción de las empresas, el fin del negocio del siglo de las AFJP con recuperación de los recursos de la Anses, la reestatización de algunas privatizadas, con AySA y Aerolíneas a la cabeza, la recuperación del poder de negociación de los asalariados y las mejoras en las jubilaciones. Por último, esa gran herramienta de inclusión y ciudadanía que es la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Además de este listado para la militancia, los más técnicos pueden solazarse con datos más finos: según los números que manejan en el Ministerio de Economía, el PIB registró en 2010 un crecimiento interanual del 8,9 por ciento. Desde 2003, entonces, el Producto acumuló un crecimiento del 84 por ciento y sólo se frenó en 2009 por una crisis externa contrarrestada con políticas anticíclicas, desde los Repro a la AUH. En cuanto a los componentes del Producto, en 2010 la inversión creció el 17,9 por ciento y alcanzó un record histórico de 23,5 puntos del PIB. En Economía confían además que en 2011 llegará a un cuarto del Producto. El Consumo aumentó un 8,4 por ciento, las exportaciones un 24 y las importaciones un 45 por ciento. La recaudación del año que pasó también fue record. El superávit fiscal primario alcanzó el 1,9 por ciento y el financiero, descontados los pagos de deuda, el 0,2. El desempleo urbano, según se conoció el jueves con datos hasta el tercer trimestre, se encuentra en el 7,4 por ciento. Se necesita regresar a las épocas de la ISI para encontrar una tasa tan baja.

En el segundo listado, preferido por la oposición, se cargan muchos de los efectos colaterales de las medidas centrales del modelo.

A la cabeza y por varios cuerpos aparece la inflación, problema real que se amplifica por su negación en el discurso y por la desastrosa intervención del Indec, lo que impide hablar de un número cierto, pero que las consultoras privadas menos exaltadas estiman por encima del 20 por ciento. Durante el año en curso, la inflación se mantendrá en el centro del debate económico y, tiempo de elecciones, también del político. Vale considerar que buena parte de la población (empresarios, profesionales independientes y trabajadores registrados) tiene herramientas para defenderse de las subas generalizadas de precios, los más pobres no.

El segundo componente es que la inflación es también en dólares, es decir, con deterioro cambiario. Aunque no lo haga parte de su discurso público, el Gobierno tomó nota de que el problema afecta los fundamentos del modelo y, en algunos cluster exportadores sensibles, comenzó desde hace tiempo con paliativos, por ejemplo la rebaja o la devolución total o parcial de retenciones en algunos complejos regionales, medidas que no deberían concederse a cambio de nada. El principal riesgo aquí es que los efectos estructurales de la apreciación cambiaria tardan años en manifestarse y además hay sectores vinculados con el mercado interno a los que esta revaluación tampoco los afecta en el corto plazo.

Otros componentes, siempre en la línea de los colaterales, son algunos de los problemas ocultos por la exuberancia de los números positivos:

- La evolución de la actividad muestra un importante crecimiento. Sin embargo, existen problemas de diversificación e integración. La actividad permanece todavía demasiado concentrada en las producciones tradicionales de la Argentina, como un sector automotor deficitario en su balance externo y metalurgia. En el campo sucede algo similar, con la soja avanzando sobre otros cultivos.

- Para las agroindustrias exportadoras, en particular las más intensivas en mano de obra, las ventajas del tipo de cambio competitivo se redujeron al límite.

- Cuando desde cierta oposición se critican los subsidios al transporte y a la energía, en realidad se está pensando en tarifas para las empresas. Sin embargo, la actual estructura de transferencias es crecientemente onerosa y encierra muchas injusticias. Por el lado de la oferta, además, la rentabilidad de las empresas es un factor clave de permanencia e inversiones futuras. Se trata de un problema en el que cuanto más se demore la solución, más traumática será la salida.

- Aunque la tasa de desempleo haya bajado sensiblemente, alrededor de un tercio de los empleos continúan siendo informales.

- La salud y la educación pública pueden haber recibido más recursos, pero resta mucho por hacer en materia de provisión de bienes públicos y de mayor eficiencia en el uso de los recursos estatales.

A la construcción de estas dos listas concurren dos elementos: hechos reales e ideología. En un mundo dicotómico podría simplemente descartarse uno de los listados, con lo que se caería en un fenómeno propio del debate político presente: los microclimas. Una segunda opción es la vieja dialéctica. Asumir que incluso la lista de los críticos está construida sobre contenidos de verdad en los que, tal vez, residan los indicios para la elaboración de la segunda etapa del modelo: la de la “sintonía fina”. Para las generaciones sub-30, el término puede ser extraño. Vale recordar entonces que la sintonía fina se aplicaba una vez que la señal, el modelo, ya estaba sintonizada. El objetivo es evitar el cambio de canal

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Imagen: DyN
 
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