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Domingo, 29 de mayo de 2011

ENFOQUE

Qué cosa es el modelo

 Por Claudio Scaletta

Algunos voceros de la ortodoxia sostienen que “el modelo está agotado”. Del lado de lo que el bloque mediático denomina “ultrakirchnerismo”, el espacio de quienes se encontrarían más cercanos a la verdadera voluntad presidencial, se habla de la necesidad de “profundizar el modelo”, algo que es leído por sus adversarios en clave de radicalización izquierdista. El contenido tácito del debate entre opuestos, lo que se da por descontado, es que todos saben qué es “el modelo”.

Para la ortodoxia que habla de su agotamiento, el modelo se sintetizaría en tipo de cambio competitivo más superávit gemelos. Argumentan que el tipo de cambio ya no es tan competitivo, que el superávit externo se reduce peligrosamente y que, si no fuese por los movimientos de fondos intraestatales de la Anses y del Banco Central habría déficit fiscal, afirmación, esta última, de dudosa validez técnica.

Ahora bien, ¿alcanzan el tipo de cambio y los superávit para definir el modelo? En realidad ambos factores podrían ser fundamentos tanto de gobiernos de izquierda como de derecha. Los economistas más cercanos “al modelo” agregan entonces la existencia de mecanismos de transferencias intersectoriales de recursos, como las retenciones –que en la historia local fueron aplicadas por todo tipo de gobiernos–, la asistencia social, como las asignaciones universales, y las mejoras en la distribución del ingreso.

¿Es solamente esto lo que estuvo diáfanamente en pugna durante la lejana madrugada de 2008 en que se rechazó la Resolución 125?

En un trabajo de 2004 de los economistas Fernando Porta y Carlos Bianco, Las visiones sobre el desarrollo argentino: consensos y disensos, se destaca que, en general, los modelos de desarrollo en pugna en la economía local comparten un diagnóstico que combina desequilibrios internos y externos. Hasta los años ‘80 los desequilibrios internos, provocados por el crecimiento con redistribución del ingreso, daban lugar a un desequilibrio externo que se resolvía con devaluación y recesión. Es la vieja lógica del “stop & go”. Durante los ‘90 se logró “burlar” al desequilibrio externo por la vía del endeudamiento, lo que llevó a la gran crisis de 2001-2002. El diagnóstico comparte también tres causas explicativas. La existencia de una estructura productiva desequilibrada, la existencia en algún momento de una restricción externa, sea por problemas de precios internacionales en los sectores tradicionales, de competitividad general o bien por dificultades en la creación de ventajas dinámicas. Y por último, el problema de la macroeconomía que se resume en sustentabilidad fiscal y en la volatilidad cambiaria.

Terminado el consenso del diagnóstico, los disensos, y en consecuencia los distintos modelos, aparecen en dos dimensiones. La primera es el énfasis que se les da a cada uno de los tres problemas y su causalidad. La segunda son las propuestas concretas que cada visión aporta para resolver los problemas. Esto se define en la respuestas que se den a cuatro preguntas básicas:

1. Demanda: ¿Cuál es la locomotora que arrastra el proceso de crecimiento y cómo se distribuye el ingreso? Esto es: ¿Se piensa en una dinámica basada en el mercado interno o en las exportaciones? Un crecimiento basado en el mercado interno, por ejemplo, supone aumento del consumo y distribución progresiva del ingreso. Luego no es lo mismo un desarrollo exportador basado en la integración dentro de la región (Mercosur), que una apertura más amplia y unilateral.

2. Oferta: ¿En qué tipo de especialización productiva se está pensando? ¿En un desarrollo basado en ventajas naturales ya adquiridas o en uno que desarrolle ventajas dinámicas, distintas a las tradicionales? En este segundo caso, ¿se piensa en un bajo o en un alto componente tecnológico? El nivel de salarios no será el mismo en uno u otro caso.

3. Regulación: ¿Cuál es el tipo de interacción entre Estado y mercado? ¿Políticas activas o Estado mínimo? ¿Sofisticada ingeniería de intervención sectorial o sólo ordenamiento macroeconómico (baja inflación, “clima” de negocios)?

4. Agente principal: ¿Quién debería conducir el proceso de acumulación? ¿Qué tipo de empresas: nacionales, extranjeras, transnacionales, grandes, pymes, redes, cooperativas?

Las preguntas son muchas. La respuesta general es que el modelo depende de algo más que del tipo de cambio o de alguna variable macroeconómica. De las respuestas particulares se explica cuál es el modelo actual y cuáles sus limitaciones. También cuál es el modelo que opone el grueso de la oposición política agrupada o simpatizante del fallido Grupo A

jaius@yahoo.com

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Imagen: Pablo Piovano
 
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