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Domingo, 15 de mayo de 2005

E-CASH DE LECTORES

Tortilla de papas

¿Cómo hacer una tortilla de papas, con un huevo de codorniz, media papa, careciendo de sartén y con una cocina que no funciona? Salvo que el interrogado se atrinchere en un optimismo a prueba de infortunios, contestará que las probabilidades son mínimas. El cocinero puede buscar soluciones alternativas. Organizarse con los comensales para conseguir más papas, emprender la búsqueda de huevos de gallina, solicitar un crédito para acceder a la compra de un sartén y reparar la cocina. El cuadro se agrava en su perentoriedad, porque hay muchísimos comensales que sólo pueden volver a la vida o conservarla, si finalmente se puede elaborar y distribuir la tortilla. Entre ellos el 24 por ciento de los indigentes, o el millón y medio de jóvenes entre 15 y 29 años que no trabajan ni estudian, o los tres millones de personas que viven en las villas miseria del conurbano. En un cuadro idílico, los protagonistas son solidarios y sus intereses son complementarios. En la realidad, el productor de papas sólo le interesa que sea un comodity, que le garantice un mercado internacional a buen precio y fácil colocación. Nada de pensar en aceptar las retenciones que afecten su rentabilidad y que van a proporcionar paliativos a los que no pueden acceder a la tortilla. El fabricante de sartenes y el de cocinas, en convocatoria por la convertibilidad, han mejorado su situación con la devaluación y ahora ha vuelto a fabricar con la cuarta parte del personal de las mejores épocas, pero para crecer necesitan capital de trabajo que no obtienen de los bancos. Su problema es el sistema financiero que no funciona, un mercado comprimido progresivamente por la caída de los salarios y la desocupación. Los que reciben un huevo de codorniz y media papa cortan rutas y protestan, mientras cargan sobre su miseria y su futuro amputado, las deudas por las papas y los huevos que consumieron o acumularon otros. Los que tienen centenares de huevos de gallinas y galpones de papas piden histéricamente que la policía termine con esos vagos insatisfechos. Pero también protestan los que tienen seis huevos de codorniz y tres papas chicas. El Gobierno cree que el acotamiento de los reclamos se producirá con el mejoramiento de la situación. La receta propuesta es la reconstrucción o la generación de un capitalismo nacional. Para ello es necesario contar con cuatro elementos fundamentales: un Estado, una burguesía nacional, un mercado y un sistema financiero al servicio de la producción. El Estado está desmantelado. La burguesía fue arrasada o vendió en muchos casos ventajosamente sus establecimientos durante la apertura de la economía. El mercado es liliputiense, como lo exterioriza la presencia de los “indeseables” piqueteros, representación simbólica de millones de desocupados y excluidos. El sistema financiero, privilegiado en las últimas décadas, actuó como garrapata y terminó achicado como reflejo de la anemia productiva a la que contribuyó con denuedo y entusiasmo. El cocinero, es decir, el Gobierno, habla de las funciones esenciales del Estado, pero no da pasos concretos en su reconstrucción. Vive de los efectos beneficiosos de la devaluación, de una coyuntura favorable de los precios internacionales del petróleo y de la soja, mientras es mezquino en los paliativos para los sectores cuyos ingresos fueron evaporizados por la depreciación del signo monetario.

Para los que quedaron afuera del sistema, hace más de dos años que se le ofrece el huevo de codorniz y la media papa. Entonces, ¿cómo hacer una tortilla de papas, con un huevo de codorniz, media papa, careciendo de sartén y con una cocina que no funciona?

Hugo Presman

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