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Domingo, 15 de mayo de 2005

CONTADO

Increíble

 Por Marcelo Zlotogwiazda

Si no fuera para llorar, que en la Argentina falte gas daría risa. Esa hubiese sido la reacción de cualquiera si veinte, quince o incluso diez años atrás escuchaba a alguien vaticinar escasez de ese combustible, cuando el país era presentado con muy abundantes reservas, que sobraban para, por ejemplo, encarar –como se hizo– los proyectos de exportación de materia prima y varios otros de industrialización petroquímica a partir del gas. Un país en serio hoy seguiría teniendo disponible gas de sobra para consumo interno, para exportar como materia prima o elaborado, y con reservas garantizando el mediano y largo plazo.

Si el actual gobierno aspira a recuperar la seriedad para el país, frente a la increíble crisis gasífera que hoy se padece por errores del pasado, no debería apelar sólo a parches y medidas urgentes para zafar el momento (como el plan Puree o la importación del fuel oil bolivariano), sino antes que nada a atacar las causas de fondo que provocaron el problema.

De acuerdo con el experto de la Fundación Bariloche, Roberto Kozulj, una de las causas básicas de la falta de oferta gasífera es la menor producción del megayacimiento Loma de la Lata en Neuquén, la mayor reserva existente en el país que fue descubierta por la YPF estatal y transferida como una de sus joyas principales a Repsol. En una presentación que realizó días atrás en un foro especializado, Kozulj señaló que si Repsol-YPF hubiese cumplido hasta ahora con el incremento de producción comprometida cuando el gobierno neuquino le extendió el contrato por diez años hasta el 2027, no existiría escasez. Así de sencillo.

Los incumplimientos han llegado al punto de que alguien absolutamente insospechable de tener animadversión con las petroleras como el gobernador Jorge Sobisch le inició juicio a Repsol- YPF por incumplimiento de contrato y obtuvo un fallo a favor que condenó a la petrolera por un monto millonario en dólares.

Kosulj sugiere tres posibles explicaciones, no excluyentes, a la menor entrega por parte de la petrolera española:

n Falta de inversiones.

n Una estrategia deliberada para forzar importaciones y de esa manera dolarizar los precios locales.

n La derivación del gas hacia la producción de más GLP de exportación para obtener mayores ingresos.

Si bien en otra presentación que hizo en un ámbito de organizaciones de defensa del consumidor, Kosulj no descartó que como parte de la solución se eleven las tarifas de gas que pagan los usuarios de mayor poder adquisitivo que hoy resultan ridículas (ver Página/12 del 7 de mayo), él mismo rebate que la razón fundamental de la escasez, y por ende el eje de la solución, pase por la insuficiencia de ingresos o el retraso en el precio que obtiene la petrolera. Dice que “el argumento de que los precios del gas son inadecuados no se ajusta a la realidad macroeconómica del país ni a la realidad del incremento de la renta petrolera global”. Según sus cálculos, la renta hidrocarburífera neta anual pasó de poco menos de 1500 millones de dólares de promedio a lo largo del período 1991-2001, a 3000 millones en 2003, y a casi 3400 millones de dólares el año pasado y (estima) el actual. El aumento en la renta extraordinaria es notable pese a la parcial pesificación en el precio del gas y a la aplicación de las retenciones a la exportación.

El especialista subraya que “el Estado no muestra capacidad de negociación fuerte respecto a Repsol-YPF, que tiene la solución del abastecimiento”, y menciona a modo de provocación extrema que una de las alternativas posibles sería “intervenir Loma de la Lata”, una variante no exenta de “costos políticos, pero prevista en la Ley de Hidrocarburos”.

Es probable que Elisa Carrió exagere una vez más o directamente no esté en lo cierto cuando acusa al kirchnerismo de estar cooptado por las petroleras. Pero en todo caso la realidad parece menos alejada de una connivencia de ese tipo que de una relación madura entre un gobierno que pretende un país en serio y la principal empresa del país. Más aún ahora que se está pensando en subsidiar a las mismas empresas a las que el Presidente responsabilizó el año pasado de taparle los pozos.

Como señaló esta semana el diputado de la cada vez más opositora CTA, Claudio Lozano, “resulta absurdo que luego de una década de desregulación y privatizaciones del mercado petrolero y gasífero, la solución oficial sea seguir respetando las ganancias extraordinarias que obtienen las empresas, y encima que se inviertan recursos del Estado para subsidiarles la búsqueda de nuevas reservas”.

Es cierto también que para comprender la débil y errática actitud del Gobierno frente a la causante de la escasez de energía, no hay que olvidar que la desregulación y el oligopolio sectorial permiten que gracias a un “gesto” de Repsol-YPF el precio de las naftas y el gas oil no haya subido bastante más de lo que aumentó luego de la devaluación y la brutal alza del barril en el mercado internacional. Toma y daca.

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