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Domingo, 24 de abril de 2011

MUNDO FINANCIERO › EL USO DE INFORMACIóN PRIVILEGIADA

Amigos son los amigos

 Por Carlos Weitz

“Al amigo seguro se lo conoce en la ocasión insegura.”

Fedro Aristóteles solía diferenciar tres tipos de amistad: la honesta, la interesada y la placentera, sosteniendo que sólo la honesta era digna de mención. El filósofo griego consideraba a los amigos como único refugio ante el infortunio, y predicaba que la prosperidad individual no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, el cual se ejercita, sobre todo, respecto de los amigos. Una historia publicada en la edición digital del Wall Street Journal muestra las dificultades de preservar en forma perdurable este tipo de relaciones fraternas, en especial cuando las mismas involucran también actividades delictivas.

El diario norteamericano relata en este artículo la historia de Donald Longueuil y Noah Freeman, que más que amigos eran considerados como hermanos. Trabajaban juntos como gestores de dinero en el fondo de cobertura SAC Capital Advisors. Se habían conocido patinando sobre hielo, participando en distintas competiciones. Compartieron vacaciones y pistas de esquí en los estados de Utah y New Hampshire. Su vida profesional avanzó también en forma conjunta marcada por el éxito y el reconocimiento. Las mujeres de sus vidas –la novia de Longueuil y la esposa de Freeman– también eran muy amigas, con una historia compartida que se remontaba a cuando integraron el equipo de remo en la universidad de Princeton. En agosto de 2009, Freeman se casó en el estado de Maine, escoltado por su amigo Longueuil, que lucía un blazer azul, corbata celeste y bermudas de color caqui.

Según afirman los fiscales encargados de investigar a estos amigos inseparables, entre las múltiples actividades que compartían estaba también la de usar indebidamente información privilegiada. La publicación de un artículo en la prensa en el que se exponían estas irregularidades fue el comienzo del fin de las carreras y de la casi indestructible amistad entre estos dos profesionales que orillan los 35 años. Freeman y Longueuil fueron despedidos “por bajo desempeño” de acuerdo con portavoces de la empresa en la que trabajaban.

El día que vio su nombre publicado en las páginas policiales de los diarios, Longueuil entró en pánico y utilizando dos pares de pinzas destruyó los discos duros de sus computadoras, en los que el gobierno asegura que mantenía información comprometedora. Fiel al mandamiento básico del mundo financiero, que sostiene las ventajas de distribuir riesgos, a las dos de la mañana de esa misma noche caminó unas veinte cuadras “distribuyendo” los trozos retorcidos de los discos de computadora en cuatro camiones diferentes de basura.

Por su parte, Freeman, abrumado por la situación y acosado por las autoridades, negoció entregar a su amigo Longueuil a cambio de una condena menor para sí mismo. Durante una reunión llevada a cabo el lunes 20 de diciembre del año pasado, Freeman –con micrófonos ocultos entre su ropa–- intentó al menos cuatro veces que su amigo admitiese en voz alta que operaba con información privilegiada. De acuerdo con las transcripciones, a la recurrente pregunta del arrepentido: “Ambos lo hicimos, ¿no es cierto?”, finalmente Longueuil respondió que sí, seguramente intrigado por el raro tono autoincriminatorio del diálogo que le planteaba su compañero del alma. Las grabaciones permitieron acusar a Longueuil por obstrucción de la Justicia. Por su parte, Freeman, como parte de su acuerdo con las autoridades, se declaró culpable, reconociendo haber conseguido fraudulentamente 22,7 millones de dólares en base a información confidencial.

Según el diario financiero norteamericano, “el lazo roto entre los dos hombres muestra cómo la investigación del gobierno está intentando dividir los círculos cerrados de operadores que comparten información ilegal sobre inversiones, en un ambiente donde la amistad es clave”

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