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Domingo, 27 de marzo de 2005

“No vale la pena producir todo”

Raul Dejean ex subsecretario de Industria y actual asesor del ministro Roberto Lavagna

¿Se puede revertir el proceso de desindustrialización?
–No como un proceso general, pero sí en casos particulares. Esto es así porque van en relación con la competitividad que el producto argentino tiene frente al importado. La realidad del mundo globalizado hace que no valga la pena producir todo lo que se producía hace treinta años. Hay que elegir algunos bienes, sobre todo los de mayor valor agregado donde Argentina tiene ventaja por su mano de obra calificada.
Si se eligen los más competitivos, ¿de qué manera la economía puede escapar al destino primario-agrícola?
–Cuando no hay competitividad sólo se puede caer en producciones primarias, pero si las hay se puede elegir un espectro más amplio.
Sólo es cuestión del tipo de cambio.
–Es una de las principales variables. También hay que fomentar el incremento del valor agregado en los distintos sectores productivos. La Argentina tiene las condiciones para agregar valor a sus materias primas y para exportarlas. La promoción comercial es una tarea central como gobierno, porque la mayoría de los países protege sus mercados para que no entren productos terminados.
¿Qué responsabilidad tienen los consumidores a la hora de defender la producción nacional?
–Es cierto que no tenemos tanta conciencia como en otros países y el ejemplo más cercano son los brasileños. Esa conciencia permitiría que haya un piso para el mercado interno. En Europa es altísimo el consumo de productos de estación y los consumidores están regidos por su propio beneficio e igualmente protegen su mercado. Tampoco existe en general el afecto que hay acá por los productos importados. Los consumidores sólo marcan el paso, no son lo determinante.
¿La culpa la tienen, entonces, los empresarios que no arriesgan?
–No se puede generalizar. Los empresarios argentinos están inmersos en una realidad de los últimos 30 años que los condiciona y que genera comportamientos poco competitivos. Pero hay una nueva camada de empresarios, sobre todo jóvenes y pymes, que son más creativos y valientes. Las válvulas de Edival y Basso, por ejemplo, se venden a todo el mundo. Ellos saben aprovechar las políticas activas del Estado y también saben arriesgar.

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