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Domingo, 12 de junio de 2011

La importancia de la historia económica argentina

 Por Mario Rapoport

Economista e historiador.
Investigador superior del Conicet.
Profesor titular consultor de la Universidad de Buenos Aires

En la Argentina son numerosos los economistas e historiadores que, desde el marxismo hasta la ortodoxia liberal, pasando por el estructuralismo y otras corrientes intelectuales, contribuyeron decisivamente en la construcción de una disciplina –la historia económica argentina– que progresó a la luz de los numerosos problemas estructurales y coyunturales que tuvo el país en sus doscientos años de existencia.

No se puede mencionar a todos, pero sí señalar algunos nombres como el del precursor Juan Alvarez, que estudió el factor económico en las guerras civiles del siglo XIX o recordar esas infatigables voces en el desierto que fueron Alejandro Bunge, propulsor de la industrialización y visionario de la integración regional, y Raúl Scalabrini Ortiz, defensor de los intereses nacionales frente a la intrincada madeja del poderío británico en el Río de la Plata. Considerar, también, el aporte de Ricardo M. Ortiz, el primero que se atrevió a exponer una visión conjunta de las distintas etapas de nuestra historia económica, y no olvidar los clásicos libros de Aldo Ferrer, que analizó las políticas económicas desde una interpretación estructuralista.

No es casual que, actualmente, se mire al pasado para preguntarse sobre la naturaleza de las crisis financieras, los procesos de globalización, las problemáticas del desarrollo o las distintas formas de hegemonía o dependencia económica, procurando extraer de esas experiencias algunas lecciones, o al menos señales, para poder guiarse mejor en las realidades del presente y los laberintos del futuro.

Analizar con un enfoque histórico la evolución de la economía argentina y juzgar el resultado de las políticas que aplicaron en este área supone, entre otras cosas, rever los rasgos esenciales del desarrollo económico del país; la incidencia de su inserción en la economía mundial; el papel del Estado y el de los actores e intereses privados internos y externos; las cuestiones sociales y de distribución de los ingresos; las tendencias de largo plazo y las coyunturas en las que se concentra y acelera la acción de los hombres. En suma, exige tener una visión integral y racional de los fenómenos económicos y políticos que marcan el desempeño de nuestra sociedad.

Un aspecto importante lo constituye la evaluación de los mitos que circulan sobre ese pasado, algo que Arturo Jauretche ya había tratado en forma pionera en su Manual de zonceras argentinas. Hablamos de mitos, en el sentido de falsas percepciones históricas que es necesario poner en claro. La consigna es tomar qué es lo que se estuvo diciendo o creyendo durante mucho tiempo acerca del país y de su historia, y analizarlo nuevamente a la luz de evidencias concretas, despojadas en lo posible de influencias ideológicas o mediáticas.

La crisis de 2001 fue un mojón que abrió los ojos de muchos compatriotas en torno de la puja de diferentes modelos económicos en el devenir histórico argentino. En este sentido, la exposición “Economía y política. 200 años de historia” contribuirá a despejar de manera didáctica y en forma conceptual y visual, las dudas existentes en torno de estas cuestiones y llevará al público a continuar interesado en temas de crucial importancia para la vida cotidiana de todos los argentinos

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