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Sábado, 18 de octubre de 2008

TEATRO › EL FESTIVAL DE CIRCO Y PAYASOS EN EL CERVANTES

La búsqueda de la carcajada

Claudio Gallardou, subdirector del teatro, revela los entretelones de un encuentro que reivindica al clown y que incluye a Enrique Federman, Oski Guzmán, Los Macocos, Cristina Moreira y Raquel Sokolowicz, entre sus atracciones.

 Por Sebastián Ackerman

El Teatro Nacional Cervantes se convirtió en una gran carpa de circo: por sus escenarios desfilarán durante dos semanas caras pintadas, flores de plástico, zapatos gigantes y pelucas de colores típicas de payasos, clowns, arlequines y bufones. Hasta el 2 de noviembre se está llevando adelante el Festival de Circo y Payasos, que contará con la presencia de los pioneros del género clown de nuestro país, que tuvo su explosión con la vuelta a la democracia. Claudio Gallardou, subdirector del teatro, fundador de La Banda de la Risa y uno de los impulsores del evento, señala a Página/12 que es una forma de “homenajear a las personas que estuvieron seriamente involucradas en un momento tan especial de nuestro país, en la que hubo muchas personas que ingresaron al terreno teatral desde el clown, que es una estética que transformó mi visión del hecho teatral”.

En el festival se presentarán, entre otros, Enrique Federman, Oski Guzmán, Los Macocos, Cristina Moreira, Raquel Sokolowicz, el Club del Clown, La Banda de la Risa, Pista 4, Cristina Martí con Los Perecederos, Chacovachi, Eduardo Calvo, Marcelo Katz, Gerardo Hochman con La Arena y los hermanos Videla, que hace años vienen trabajando con la estética clown, una visión del hecho teatral que, explica Gallardou, “tiene implícita una filosofía, una manera de mirar al hombre: cómo, con su ingenuidad y su naturalidad, les gana a todas las especulaciones. En contraposición a la Revolución Industrial, que sería la forma en la que la máquina se come al hombre, el clown es casi una filosofía que observa cómo el hombre puede escapar de la máquina. (Charles) Chaplin puede haber sido una especie de prototipo de esta filosofía”, ejemplifica, y destaca la importancia de esta manera de ver la realidad, “más hoy, en un mundo tan globalizado, que el clown sigue mirando con ingenuidad a la ridiculez del ser humano”.

Los orígenes de esta estética teatral pueden encontrarse, cuenta Gallardou, en las tradiciones culturales que llegaron a nuestro país con la inmigración, y la manera de adaptarlas a estas tierras. “Creo que en nuestro sainete heredado de los españoles y el grotesco traído por los italianos encontramos al payaso dramático. Nuestro teatro criollo nace en una carpa de circo: hay un payaso inserto en esa estética”, detalla. Y opina que el desarrollo de la estética del “payaso” en nuestro teatro está en su búsqueda todavía. “Cada uno lo resolvió a su manera, fue encontrando su manera de incluirlo en el teatro. (Luis) Sandrini no hizo ningún curso de clown, y sin embargo era un payaso en una estética nacional. Lo mismo (José) Marrone, Pepe Arias, Pepe Iglesias, Niní Mar-shall. Son personas que aportaron a una estética absolutamente propia, nuestra, muy arraigada, desde el payaso”, sostiene.

Desde hace algunos años hay en la ciudad una gran explosión de espectáculos de clown, varieté y circenses, cursos de técnica de clown y espacios que se dedican exclusivamente a ello. Pero Gallardou encuentra una diferencia entre la actualidad y el momento de su surgimiento, y recuerda que “durante el Proceso hubo una gran represión estética, ética, discursiva, de todo tipo. Entonces, cuando volvió la democracia, explotamos con la necesidad de salir a buscar maneras nuevas de expresarnos. Y el clown es la libertad absoluta, el que tiene permitido decir todo lo que quiera; y si no miremos a Pinti, por ejemplo, que es un clown-bufón bien marcado”, dice, y afirma que él encontró sus maneras de expresarse “en la idea de liberarse de esa represión”, pero cree que “hoy hay una moda del varieté circense. Entrenan con obsesividad las artes circenses pero todavía no tienen tema del cual hablar, entonces terminan siendo un muestrario de habilidades. Hoy está la forma de decir, pero no hay mucho que decir”.

La programación del Cervantes, además de su Programa Federal en el que elencos del teatro recorren el país presentando varias obras en distintas provincias, continúa aquí con Teatro por la Identidad. Pero la continuidad no es casualidad, sino una decisión: “Es la primera vez que un espacio estatal albergue un evento de estas características, logrado por la dirección del teatro –resalta Gallardou–. Lo mismo que el evento de Teatro por la Identidad, que es lo que sigue. Así como la parte cómica, está la parte trágica. Creo que es un muestrario de realidades que surgieron en nuestro país en los últimos años. Yo juntaría a los payasos, el circo y Teatro por la Identidad en un mismo gran evento, como maneras de mirar a nuestra realidad teatral, nuestra problemática, las atrocidades de la dictadura militar, la búsqueda de la identidad. Nos pareció oportuno ofrecer el espacio para que ellos puedan expresarse en el teatro”, apuesta.

Gallardou, que asumió junto a Rubens Correa la dirección del Teatro Cervantes en agosto del año pasado, también hace un análisis de la situación de la cultura argentina: “La falta de proyecto cultural que hay en general en todos los gobiernos, que atienden mucho más otro tipo de necesidades, hace que lo cultural quede relegado. Sin embargo, yo creo que cuando un país está en emergencia lo más importante es la cultura, porque son las maneras y las formas de buscar las soluciones y encontrar los consensos”, analiza, e insiste en que “la educación y la cultura en un país es primordial, y los gobiernos a la hora de atender las emergencias no empiezan por la cultura; empiezan por los planes económicos. Y sin embargo todo se inicia en un aspecto social y cultural: la manera de ser, de llevar adelante los procedimientos es nuestras costumbres, nuestra idiosincrasia. Es un asunto cultural. Así no trataríamos de imitar a los yanquis, a los europeos. Todo eso hace que seamos capaces de creer que nuestro peso vale igual que el dólar: creer que eso es posible es un problema cultural, una ingenuidad cultural”, concluye.

Toda la programación en www.teatrocervantes.gov.ar

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Claudio Gallardou cree que el clown es una manera de mirar “la ridiculez con ingenuidad”.
Imagen: Rafael Yohai
 
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