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Domingo, 4 de diciembre de 2005

TEATRO › ENTREVISTA A LOS AUTORES Y DIRECTORES CRISTIAN DRUT Y CECILIA PROPATO

El desafío de unir pasado y presente

En el marco del proyecto Estudio Abierto 2005 presentan hoy sus trabajos, que reflexionan sobre la inmigración.

 Por Hilda Cabrera

Un recuento de ficciones y de experiencias de viaje reales, de permanencias queridas o indeseadas dominan en Soy Sonia Naumann, obra de Cristian Drut que se ofrece en Estudio Abierto 2005, una serie de intervenciones portuarias que se vienen desarrollando en Dársena Norte, con la participación de artistas de las más variadas disciplinas. En la inauguración, Gerardo Hochman mostró Sanos y salvos, que estrenará completa en enero próximo en el Espacio Cultural Konex, y el Grupo Superabundanshaut presentó El discurso está en la calle, despertando interés en el público.
La programación que coordina Alejandro Casavalle bajo el título de Diversas latitudes (incluida en Estudio Abierto) se reitera hoy con obras de Drut, Cecilia Propato, Sofía Médici, Gustavo Tarrío y el mismo Casavalle, entre otros. En esta propuesta –a cargo de la curadora Ana Grog–, Propato recupera En lo de Chou, un peculiar trabajo sobre la violencia institucionalizada. En el caso de Drut, se trata de un fragmento de quince minutos de un montaje que este director organiza desde hace meses con alumnos de su taller en el Centro Cultural Rojas. La intención es incorporar experiencias personales de estos actores y estudiantes, algunos de ellos peruanos y mexicanos, y un actor taiwanés. Los testimonios provienen de la última gran inmigración europea de comienzos de los años ’50, a la que pertenece su padre, que llegó de Francia en 1952. De familia judía, Drut subraya el hecho de que su padre recién en los últimos años se conectó en Buenos Aires con otros sobrevivientes de la última guerra. “Mi nombre Cristian se relaciona, tal vez, con alguna situación de ocultamiento que les debe haber quedado a mis viejos”, apunta este autor y director, en diálogo con Página/12, junto a Propato.
La incorporación de un taiwanés, como en la pieza de Propato la de actores coreanos (aun cuando en la historia que se cuenta aparecen como chinos), supone una reflexión sobre la inmigración más reciente. Propato –autora también del texto que dice Joe Rígoli a modo de presentación y conexión de los espectáculos de la muestra– opina que una de las características mentales de los inmigrantes es detener el paso del tiempo, “unir pasado y presente”, borronear los límites. En lo de Chou fue vista en uno de los ciclos de Teatro por la Identidad, con dramaturgia de Carlos Di Lorenzo. “En esta nueva presentación no hubo cambios –apunta la directora–. Para el texto de introducción a las obras me apropié de una leyenda que habla de fantasmas en el Hotel de Inmigrantes. Yo imaginé el fantasma de un enamorado.”

–¿Creen que el sentimiento de pérdida y confusión del tiempo son comunes a Soy Sonia Naumann y En lo de Chou?

Cristian Drut: –No totalmente. Sonia es el nombre de una de las actrices. Empezamos a construir este montaje partiendo de la idea del yo, de que uno es sus experiencias de viaje. Quizás en esto exista un sentimiento de pérdida. Personalmente, atravieso a veces momentos de melancolía que no sé explicarme. Creo que es algo cultural, como la impresión de que uno está siempre de paso. Esta relación con lo que uno debiera considerar propio no la tienen los colombianos, por ejemplo.
Cecilia Propato: –Lo que me planteo En lo de Chou se relaciona con la comunicación, la xenofobia, la imposibilidad de aceptar al extranjero. Toda esa gente hacinada en el Hotel de Inmigrantes pasaba por situaciones muy difíciles.
C. D.: –En los relatos de mi familia estaba muy presente la escasez. Se producían situaciones que, observadas desde afuera, parecían no tener sentido, como la compra compulsiva de jabones de tocador, por ejemplo.
C. P.: –En febrero voy a presentar la obra, pero con algunos cambios. La foto de una embarazada que la pareja de tintoreros descubre en uno de los bolsillos del saco de un general va a quedar, porque quiero destacar que durante la dictadura militar la desaparición era una amenaza también para los extranjeros. El cambio está en el prólogo, donde aparecerán tres chicas coreanas que se colocan vestidos de cartón de gran tamaño y hacen comentarios sobre las tintorerías de los años ’70.

–¿La arbitrariedad y la violencia siguen siendo temas básicos en este presente?

C. P.: –Mi próximo estreno es La 45. No voy a llorar, de eso me cansé, una obra que escribí y pienso dirigir. Los personajes son dos mujeres policía y una monja que se encuentran en la puerta de un banco. Es un policial con un intertexto de Un tranvía llamado deseo. Toco el tema de las mujeres golpeadas.
C. D.: –La figura de la violencia y la xenofobia la trabajamos en el taller a partir del prejuicioso discurso de los argentinos. Eso de asociar colombiano con merca o taiwanés con la matanza de ballenas y la alimentación a base de ratas. Esta xenofobia de la tercera o cuarta generación de inmigrantes es patética.

–¿Cuál es el destino de Soy Sonia Naumann?

C. D.: –La estrenaremos completa en el Rojas, donde también preparo con los alumnos un montaje sobre textos del escritor Manuel Puig. Hace más de un año que ensayo en una salita de Monserrat, El Lavapiés, otra obra con un grupo de actores de distintas nacionalidades. El título en inglés es Crave, de Sarah Kane, un trabajo que es pura situación poética.

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Drut y Propato forman parte de las intervenciones portuarias que se desarrollan en Dársena Norte.
 
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