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Viernes, 29 de mayo de 2009

TEATRO › ANAHI MARTELLA Y SU DEBUT EN LA DIRECCION CON RESPLANDOR

Buscar la luz de la memoria

La actriz asume un nuevo rol en la puesta de una pieza de Héctor Levy-Daniel que cruza a dos mujeres en espacios temporales diferentes, pero unidas por un hecho común: la atrocidad de la apropiación ilegal de recién nacidos.

 Por Cecilia Hopkins

En la tercera temporada del ciclo “Operas Primas” que organiza el Centro Cultural Ricardo Rojas –el cual marcó el debut de Pablo Rotemberg, Daniel Link y Heidi Steinhardt, entre otros–, acaba de subir a escena Resplandor, la primera dirección teatral de la actriz Anahí Martella, sobre la pieza de Héctor Levy-Daniel, ganadora del primer premio del concurso “Historias subterráneas. Historias bajo las baldosas”, organizado por el Gobierno de la Ciudad. La obra transcurre en la época en la que el antiguo Hospital Moyano –el Hospital General de Alienadas de Buenos Aires– era dirigido por monjas, cuando los túneles que existían por debajo del edificio eran utilizados por las internas para evadirse o para dar a luz, cuando eran objeto de abuso sexual. La acción tiene lugar en el túnel que tenía salida a la estación de Constitución. Allí se encuentran los personajes de Dina y la Caba, dos mujeres que, si bien hablan de un mismo hecho producido en dos momentos históricos diferentes, ambas se refieren a la apropiación ilegal de recién nacidos. Las intérpretes son Silvia Villasur y Maida Andrenacci, la música pertenece a Federico Mizrahi y la escenografía y el vestuario a Alejandro Mateo.

“A partir del encuentro entre dos mujeres que pertenecen a distintas dimensiones temporales, la puesta se propone sacar a la luz el vínculo secreto que las une”, expresa Martella en el programa de mano. “Y dado que la memoria y el olvido atraviesan estas dos temporalidades, el relato deja de ser una mera descripción de sucesos para transformarse en la integración de memorias fragmentadas”, concluye. “Cuando Cecilia Vázquez, directora del Rojas, y Matías Umpierrez, coordinador del ciclo ‘Operas Primas’, me hicieron la propuesta, debo admitir que dudé en aceptar”, confía en una entrevista con Página/12, “pero luego me animé al darme cuenta de que tenía por delante la oportunidad de integrar un aspecto nuevo y crecer, experimentar desde la mirada del director”.

–¿Qué otras razones la decidieron?

–Estoy por cumplir treinta años en la profesión, y estos últimos años fueron de cierre de muchos ciclos en lo personal y profesional. Un final trae consigo nuevos principios y esto es lo que percibí que me llegaba. Cuando me subí por primera vez a un escenario a actuar supe que no me bajaría más, con esto creo que me va a pasar lo mismo...

–¿Cuáles fueron los aspectos que más le interesaron de esta obra?

–A Héctor y a mí nos une una gran amistad que resultó de dos trabajos que hicimos juntos y en los que me dirigió, uno de ellos Piedras preciosas, de S. G. Posse, en el Ciclo Nueve, y Destiempos, de su autoría, en el Ciclo Exilios. Si bien ambos venimos de lugares muy distintos –él es filósofo y tiene una profunda formación académica–, en estos trabajos pudimos compartir el amor por la palabra, uno de los pilares de Resplandor. Por otra parte, me atrae mucho su manera de contar historias, en las que siempre hay suspenso, enigmas por revelar que generan una expectación que siempre es ampliamente satisfecha en la resolución de sus piezas. Finalmente, el tema de Resplandor y todos los temas que de la obra se desprenden tienen que ver con preguntas personales. Apenas la leí supe que era la obra que tenía que elegir.

–¿Podría referirse acerca de lo que sugiere su título?

–Mi formación como actriz se completa con una muy extensa y casi militante formación metafísica. Es por esto que intento encontrar este tipo de referencias en los trabajos que compongo como actriz y en este caso en mi elección de una obra para dirigir. En todas las disciplinas de este orden, sobre todo las orientales, la palabra resplandor está asociada a Sol y a Conciencia, una instancia en la que ya el individuo no puede ser el mismo. Y en el título de esta obra vi implícito este camino que luego la obra, atravesada por la memoria y el olvido, hace que sus personajes ya no tengan vuelta atrás. Es por esto que en el programa recalco que mi anhelo es hacer ingresar al público a ese instante que antecede al resplandor de la conciencia, esa certeza de estar próximos a una revelación.

–¿Busca lograr la participación emotiva del espectador?

–Busco lograr una participación emotiva, no provocarla. Parece una contradicción, pero no lo es. Brecht nos ofreció una nueva tradición teatral, nacida de un contexto social que le hizo reflexionar sobre ciertos puntos, y de allí su necesidad de crearla. El intentaba que el espectador comprendiera su medio social, permitiéndole dominarlo e intervenir. Es necesario para esto modificar el punto de encaje del relato, del trabajo del actor, de todo lo establecido. La técnica del distanciamiento, que es su gran aporte al teatro y a la sociedad, se da dentro de un marco que no considero sea el mismo que el de hoy. Asimismo, creo que su maravilloso procedimiento no es el único.

–¿Por qué lo dice?

–En el caso de Resplandor no creo que sea posible encarar el trabajo bajo los lineamientos del efecto de distanciamiento, mucho menos en sus personajes. Y no creo que esto debilite el trabajo. Más bien es un modo de contar. Brecht intentaba provocar una posición crítica en el espectador respecto de la sociedad. Lo sensible es aquello que puede ser percibido con los sentidos. En las antiguas técnicas de conocimiento se intentaba anular la impresión de los sentidos por ser considerados una posibilidad de distorsión o ilusión. En las disciplinas más actuales se intenta sumar al sentido físico su contraparte espiritual. En esto consiste mi intención.

–¿Cree que la dramaturgia que se escribe en estos últimos años expone una tendencia hacia lo formal y lo episódico?

–Sí, creo que esa tendencia es la reinante. Creo además que esto es producto de una búsqueda que se inició hace ya varios años, que generó una interesante ruptura dentro de lo que se venía ofreciendo, pero que al replicarse indefinidamente intentando conseguir el éxito y los resultados que entonces lograran algunos dramaturgos, se agotó. O son formas que luego son asimiladas incluso por un teatro más comercial, y entonces, inevitablemente, surge una nueva búsqueda. En este sentido, creo que comienza a percibirse una vuelta a textos que vuelven a contar historias.

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“Mi anhelo es hacer ingresar al público a ese instante que antecede al resplandor de la conciencia.”
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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