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Martes, 30 de junio de 2009

TEATRO › ALEJANDRO TANTANIAN Y DANIEL SANTORO FRENTE AL ESTRENO DE MUñEQUITA

“Muñequita es un monstruo que evoca a la Argentina”

En su obra, sobrevolada por la figura de Eva Perón, el autor de Un cuento alemán y La escala humana trabaja las relaciones entre política, violencia y necrofilia, mientras el artista plástico suma su visión del imaginario del primer justicialismo.

 Por Cecilia Hopkins

Escrito por Alejandro Tantanian para ser estrenada en Francia, Muñequita o juremos con gloria morir es el largo monólogo de un personaje incierto encerrado en un lugar ambiguo y perturbador: una carnicería asimilable al interior de una morgue. Su autor quiso referirse, entre otras cuestiones, a la vinculación que existe entre violencia y política, un aspecto que él juzga ampliamente verificable en la historia argentina. Por esta razón, entre otros personajes aludidos, hay recurrentes menciones a Eva Perón y su deambular, ya convertida en cuerpo embalsamado. Obra nunca antes entrenada en el país, Muñequita... puede verse en el teatro del Abasto (Humahuaca 3549) los días jueves, en la versión que elaboraron conjuntamente el propio autor del texto, el director Juan Carlos Fontana, y el artista plástico Daniel Santoro, en virtud de que el monólogo fue inspirado en su libro El manual del niño peronista.

A la hora de revisar el texto original, Fontana llegó a la conclusión de que convenía acotar la voz del personaje único, para dar cabida a otros. Tomando en cuenta la identificación entre el discurso verbal y una imagen posible, quedaron establecidos tres roles: Muñequita, el personaje ambiguo y amenazador interpretado por Cruz Zaikovski, el Descamisado, el hombre fiel al cuerpo doctrinario justicialista (Alfredo Urquiza) y la única mujer (Carmen Boadas), una suerte de víctima propiciatoria. La presencia de Eva está dada por el gran vestido rosa Dior que domina la escena, también por el pequeño ataúd que arrastra el Descamisado, conteniendo los despojos de la jefa espiritual de la nación. Autor de obras mayormente inspiradas en la literatura, como Los mansos y Un cuento alemán, Tantanian dialoga con Página/12 sobre el texto original y el espectáculo resultante, inspirado en la obra de Santoro.

–¿Cómo surgió este monólogo?

–Lo escribí a pedido. Marcial Di Fonzo Bó –actor argentino radicado en París hace ya mucho tiempo– había estrenado bajo la dirección de Mathias Langhoff un monólogo de Rodrigo García, titulado Borges, y quería otro texto de autor argentino. La idea de Marcial y Langhoff era hacer un espectáculo que fuera un díptico: primero el texto de García y luego, el mío. Ahí empezamos a hablar de algunos aspectos que hacían a la puesta: la escenografía de Borges era una carnicería, de ahí surge la idea de situar Muñequita... en una suerte de morgue; el personaje de Borges era un personaje de una masculinidad exacerbada, nace entonces la idea de un personaje profundamente ambiguo en donde el género sea uno de los problemas.

–¿Dónde se estrenó?

–En el Théâtre National de Toulouse, luego realiza una gira por Francia y cierra su temporada en el Théâtre de Nanterre Amandiers en París en mayo de 2004. Para esa presentación se agrega un tercer texto, El niño proletario, de Lamborghini, armando así un tríptico. El nombre que llevó el espectáculo compuesto por las tres obras fue Ultimas noticias de Mataderos.

–¿Quién emite ese largo discurso?

–Muñequita... es una suerte de voz identitaria, un emplasto de conciencias y miembros. Un monstruo que, es posible, evoque a la Argentina. O a un discurso cercano a lo que yo creo puede ser la Argentina o lo argentino. Muñequita, el personaje que porta el discurso, es un sueño posible donde confluyen las innumerables opciones binarias de este país. Muñequita... es el espacio para poder hablar de los muertos y la política. La violencia política y la literatura. Sobre los orígenes de la literatura y el país.

–También es Eva Perón...

–Muñequita... es Eva Perón como una suerte de súcubo sobre la conciencia dormida del país. Muñequita... es la decisión de hablar de ciertas cosas de este país desde un escenario.

–¿Este texto fue escrito pensando que tal vez no se estrenaría aquí?

–No fue menor la coyuntura de que este texto vería la luz en Francia: tal vez, entonces, cierta impudicia, cierta impunidad en nombrar determinadas cosas. Cuando este texto me fue pedido para ser estrenado en Buenos Aires lo revisé para ver si era necesario algún cambio: decidí entonces dejarlo tal cual estaba.

–Tal vez porque los cambios los haría el director, Fontana.

–El aporte de Fontana, su lectura, enriqueció el material, decidiendo la inclusión de dos voces más, aparte de Muñequita: un descamisado y una costurera (que dará el mal paso, aunque de otra manera). Este aporte nace también del cruce con la iconografía de Santoro, en donde el descamisado es central. El armó un discurso escénico que tiene un poder condensador que el texto –por su polifonía y su polimorfismo– no tenía.

–¿Cuáles fueron las imágenes de Santoro que inspiraron el texto?

–Marcial me regaló durante la gestación del texto el libro de Santoro Manual del niño peronista. Muchas de esas imágenes están dentro de la pieza. Contrariamente a la mayoría de mis textos que dialogan eminentemente con la literatura, esta obra entabló un diálogo con las imágenes de Santoro. De esa conversación nace la obra.

–Fue un acierto, entonces, pedirle que se sumara al equipo creativo...

–La decisión de Fontana de convocar a Santoro para que se encargara de todos los aspectos visuales de la pieza me pareció un hallazgo y una manera extraordinaria de devolverle al texto eso que tenía en su origen: sus imágenes barrocas y desmesuradas, las fantasmagorías de un país dividido en dos, las certezas de una mitología enorme sobre el peronismo, el gran relato histórico de este país. Es mediante la inclusión de Santoro que la pieza se homogeneiza y se concentra para hablar claramente de la política en la Argentina sin dejar de lado los relatos míticos, tan estructurales, tan literarios y dramáticos.

–¿Por qué hay tantas menciones al vestido de Eva?

–El vestido, el monólogo del vestido es una clara cita a Eva Perón, el texto de Copi. Además de citar el trabajo de Santoro, la obra se liga a los antecedentes dramáticos que yo considero imprescindibles a la hora de leer el teatro argentino. Copi es un autor fuera del canon. Y es, para mí, uno de los más grandes autores teatrales de este país.

–¿Podrá desarrollar la idea de que existe una cultura argentina de carácter necrofílico?

–El ejemplo reciente de la muerte de Alfonsín sigue ratificando esta afición malsana: la muerte es el territorio de lo posible, allí todo se purga y perfecciona: allí, entonces, debemos vivir. Nada me parece más claro que esta cita que acompaña la edición de Muñequita..., que incluye ese tema cuando Ricardo Forster habla de cuerpos y Nación.

–¿Qué dice la cita?

–“Pensar el cuerpo es internarse en un territorio en el que se ha ido forjando la trama profunda de la historia argentina, es descubrir el otro rostro de un proyecto de nación que desplegó sus terribles cuotas de barbarie allí donde precisamente venía a consolidar su modelo civilizatorio. Marcas y ausencias de cuerpos que, en su enmudecimiento, dicen lo indecible de nuestras miserias y violencias, grafías que señalan el mapa de una sociedad que no ha podido sustraerse a sus deudas y sus fantasmas.”

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Santoro y Tantanian, dos potencias se saludan y revisan la mitología del peronismo originario.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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