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Viernes, 18 de septiembre de 2009

TEATRO › SE ESTRENA UNA PUESTA DE SACCO Y VANZETTI EN EL AUDITORIO BAUEN

Dos libertarios que cruzan las eras

Los actores Fernando Martín y Fernando Santiago y la directora Viviana Ruiz hablan de la potencia que conserva la historia de los inmigrantes ejecutados en la silla eléctrica: “Nosotros tenemos aquí nomás a nuestros Sacco y Vanzetti”.

 Por Facundo García

Pasaron ochenta y dos años desde que los quisieron borrar sentándolos en la silla eléctrica. Sin embargo, Sacco y Vanzetti siempre vuelven. Esta vez los invocará la directora teatral Viviana Ruiz, junto a los actores Fernando Martín y Fernando Santiago. Los tres integran un equipo de artistas que gestó la obra con apoyo de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (Facta) y los obreros del Hotel Bauen, quienes a partir de esta noche cederán a Sacco y Vanzetti su auditorio ubicado en Callao 360 todos los viernes y sábados a las 21 y los domingos a las 20.

Las peripecias de dos inmigrantes anarquistas condenados a la pena capital tras un juicio injusto despierta ecos de actualidad en la mesa del café. Marcan, además, la línea de lo que aspira a convertirse en un esfuerzo compartido por diferentes sectores. “Fue en Estados Unidos, a principios del siglo pasado”, rememora Ruiz. “Ellos salieron a denunciar que un compañero había sido asesinado en una comisaría. Entonces los detuvieron, los acusaron de un crimen del que eran inocentes y después los mataron por haberse atrevido a dar testimonio. Y es imposible no relacionarlos con Jorge Julio López, o con Maxi Kosteki y Darío Santillán. Está claro que necesitamos repasar esta historia, porque nosotros tenemos aquí nomás a nuestros Sacco y Vanzetti”.

La obra inició su itinerario en el teatro de La Comedia de La Plata. La Municipalidad decidió convocar a una directora del interior de Buenos Aires y Ruiz, que hace teatro off hace tres décadas y tiene una sala en Mar del Plata, se interesó por la convocatoria. A pesar de haber mantenido la sala llena, el cronograma oficial obligó a levantar la producción a los tres meses. “Pero los compañeros del Bauen vieron el espectáculo y como estaban en plena remodelación de su sala nos invitaron a venir”, intercede Fernando Martín. Recién salido del ensayo, el porteño habla rápido y todavía carga las pilchas pobres con que Sacco se pasea cuando él lo revive sobre tablas.

Fernando Santiago –su colega y partenaire– es bien distinto. El bahiense se muestra callado, taciturno. Como si buscara repetir la alquimia que había entre el hombre que él encarna, Bartolomeo Vanzetti, y el más oscilante y movedizo Nicola Sacco. “Vanzetti era el ideólogo”, describe Ruiz. “Fue él quien convenció a Sacco de transformarse en libertario. En la conciencia tenemos un poco de uno y un poco del otro, y Mauricio Kartun, el autor del texto que utilizamos, consigue rescatar la complejidad de esa amistad, poniendo en relieve su catadura individual.”

Santiago admite que hacer de Vanzetti resultará catártico para los intérpretes argentinos que, como él, ronden los cincuenta. “Sentimos en carne propia las injusticias contra las que estos tipos combatieron”, dice. “Por eso ayuda que los dos actores tengamos la misma edad que tenían ellos al morir. El país nos ha cargado con experiencias que ayudan en la instancia de componer al personaje.” La directora completa: “Es que el espíritu revolucionario de aquel tiempo se conecta con el presente. Cuando los sentenciaron a muerte, podrían haber pedido clemencia. Y Vanzetti contestó: ‘yo quiero justicia, no clemencia. Es lo que merezco como ser humano’. Nosotros vamos al rescate de esa moral, que no es utópica sino muy concreta”.

Los entrevistados cuentan que en un principio la propuesta de trasladarse a la Capital les pareció traída de los pelos. “Creíamos que era un delirio: ¿quién iba a hacerse cargo de mover a los actores, de bancar la escenografía o la iluminación? La respuesta llegó rapidísimo. Los muchachos del Bauen nos contestaron que si ellos habían sido capaces de hacer andar este hotel, no se iban a achicar ahora ante un proyecto teatral”, relatan. Con ese estímulo el grupo –doce actores en escena, más técnicos y asistentes– decidió armar una cooperativa que terminó siendo parte de una coproducción cuyo objetivo es trasladar al arte independiente la ya demostrada capacidad de gestión de “las recuperadas”. “Copiando sus métodos –retoma Martín–, pusimos en un lado de la hoja las necesidades concretas y luego nos dedicamos a ver cómo las cubríamos. Y conseguimos un préstamo que habrá que ir devolviendo, como han hecho casi todas las empresas que están en manos de los trabajadores.”

La pieza está orientada a un público amplio. Hay descuentos para colegios y organizaciones sociales y ya se firmaron convenios con varias instituciones. Fernando Santiago admite que el respaldo gremial es clave. “La Federación Argentina de Cooperativas nos encarga una responsabilidad enorme: hay laburantes que han votado en asamblea que esta obra se haga y sea sostenida desde lo concreto, económica y organizativamente. Además, es un intento que pretende inaugurar un camino novedoso. Tenemos el deber de cumplirles”, resume.

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La obra se gestó con apoyo de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados.
 
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