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Martes, 21 de marzo de 2006

TEATRO › BALANCE DE LA XXI FIESTA NACIONAL DEL TEATRO REALIZADA EN BUENOS AIRES

Escenas de la realidad teatral argentina

Se presentaron 40 espectáculos en 19 salas del circuito porteño, con muy buena respuesta de público. Como ocurrió en anteriores ediciones, el nivel artístico fue desparejo, aunque se notó un crecimiento en los elencos del interior. El director del INT, Raúl Brambilla, señaló que el festival sigue siendo “un encuentro motivador”.

 Por Cecilia Hopkins

Con un total de 40 espectáculos ofrecidos en 19 teatros abarrotados de público, el fin de semana cerró la XXI Fiesta Nacional del Teatro. Esforzadísimos, a lo largo de 8 días, los elencos seleccionados de las 6 regiones teatrales del país cumplieron con el hasta ahora inédito compromiso de realizar dos funciones seguidas, debido a la necesidad de simplificar cuestiones técnicas en las salas, todas del circuito independiente, algunas muy distantes unas de otras. De modo que el público, y con él los elencos llegados de las provincias, no tuvieron más remedio que atravesar de punta a punta la ciudad y avenirse, cada día, a tomar un lugar en la cola para conseguir tickets. Cada vez que esto ocurre, como durante el Festival Internacional de Buenos Aires con la programación nacional, siempre surge la pregunta: ¿no habrá otra modalidad para distribuir las entradas? En cuanto al nivel artístico de la muestra, esta edición reaviva las mismas dudas y consideraciones que surgen desde hace años, si bien es cierto que el teatro de las provincias de hoy es muy superior al de los encuentros anteriores a la creación del Instituto Nacional del Teatro. Y, ya se sabe, el crecimiento artístico no es lineal en ningún caso y demanda procesos que suelen dilatarse en el tiempo. Como en otras fiestas, se hace evidente que hay provincias que, en relación con otras, cuentan con un teatro que expone mayores falencias técnicas y expresivas. Y que no siempre el grupo que las representa hoy mejora la calidad del seleccionado el año anterior.

En general, se vieron obras excedidas en tiempo. Y se percibió una necesidad de abundar en la exposición de procedimientos, de la más diversa extracción. Así, en un mismo espectáculo convivieron elementos teatrales tradicionales, danza, títeres, objetos y escenas construidas desde la imagen. Muy pocos trabajos encontraron una vía sintética de expresión, muy pocos, coherencia en cuanto a las decisiones formales. Tampoco los textos, en general, escaparon del esquema de la construcción fragmentaria y la repetición. Consultado por Página/12 el docente y director madrileño Guillermo Heras, a cargo de uno de los talleres que ofreció la Fiesta, señaló: “Con el teatro pasa como con las añadas de los vinos, un año te salen buenos y otros no. En general veo una retórica de la fragmentación, una exaltación del no conflicto pero, al tiempo que se copian superficialmente ciertos modelos –que llegan más de Europa que de los países iberoamericanos–, también se encuentran obras con gran personalidad. Y, en relación con los cambios que podrían generarse, en teatro somos paquidermos: todos nos movemos muy lento, tanto los teatristas, como los críticos y el público”.

En el acto de cierre se otorgó una distinción al actor y director Osvaldo Bonet, quien estuvo a cargo de las primeras fiestas nacionales desde su gestión al frente de la desaparecida Dirección Nacional del Teatro, y el Premio a la Trayectoria 2005 a la titiritera Sarah Bianchi. También hubo distinciones por rubro, una novedad que habría que analizar para el futuro en función de que produjo el efecto de estar asistiendo a la distribución de premios y consuelos: el jurado distribuyó los roles más codiciados por todos (mejor obra, mejor dirección, actuación....) entre dos de los espectáculos representantes de la Capital, La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir, y No me dejes así, de Enrique Federman. El resto de los rubros (iluminación, escenografía, maquillaje, música, vestuario) fueron adjudicados al teatro de las provincias. No obstante, más allá de las distinciones, muchos espectáculos fueron elogiados por el público y la crítica. Entre ellos, Tres viejos mares, por el grupo sanjuanino Sobretablas, con dirección de Rubén González Mayo; Desquicios, por los chaqueños Actores Unidos, con dirección de Marcelo Padelín; Las chicas del 3 y ½ floppies, por el Teatrico Suburbano, de Salta, con dirección de Darío Pantaleón; El número es másico, por el grupo chaqueño Apuntes, con dirección de Carlos Werlen; Artificio casamiento, por el Centro Experimental Rosario Imagina, bajo dirección de Rody Bertol, y Miradas que matan, por los Neuquinos Araca la Barda, con dirección de Fernando Aragón. En una entrevista con este diario, el director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, Raúl Brambilla, se refirió a la Fiesta como “un encuentro motivador, ya tradicional en el teatro argentino”, y anunció nuevos planes destinados a la promoción y desarrollo de la actividad, en todo el territorio nacional.

–¿La Fiesta Nacional es representativa del teatro argentino?

–No refleja todo el teatro que se produce en el país sino solamente el teatro de aquellos que se interesan en participar de esta competencia. De todas formas, pienso que refleja una parte importante de la realidad teatral argentina. También es un espejo de la realidad socioeconómica de cada región.

–¿Qué cambios favorecerían el desarrollo de esta muestra?

–Creo que la Fiesta es perfectible: hay que estudiar y reflexionar mucho porque no hay razón para que se convierta en un evento estanco. Pero no puedo aventurar una opinión porque los cambios tienen que surgir de los representantes provinciales y de todo el Consejo de Dirección.

–Todos los años llama la atención la falta de calidad de algunos espectáculos participantes y siempre surgen dudas acerca de los criterios de selección. ¿Es posible cambiar algo al respecto?

–El INT no busca incidir ni en lo ideológico ni en lo estético sobre los grupos, porque la fiesta no es un evento que cuenta con curadores. A los grupos los eligió un jurado del que participaron las secretarías de Cultura, las asociaciones de teatro de cada lugar y el propio INT. Entre todos deciden qué obras llegan a la instancia siguiente, que es la Fiesta Regional. Es decir que la selección de lo que se ve en la Fiesta Nacional deviene de un jurado compuesto de varias personas.

–¿Qué otros proyectos tiene el INT para elevar el nivel de la producción teatral?

–A partir de este año queremos poner en vigencia un programa que estará dividido en tres instancias. Una consiste en una muestra curada integrada por un cierto número de espectáculos de calidad que podrían causar un impacto en determinada comunidad. Los grupos seleccionados serán contratados, se garantizará una buena promoción y entradas accesibles. Es un programa que asegurará al público obras de calidad que de otro modo no podría ver. Y a los grupos, unas giras que por costos no podrían afrontar. Salvo en Buenos Aires, todavía en otras ciudades del interior, el teatro no figura entre las actividades opcionales para el fin de semana. Hay una apetencia real de espectáculos (cuando hay buenas críticas de una obra van a verla, lo mismo si está muy promocionada), pero falta introducir al teatro como marca y componente de la canasta cultural de la gente.

–¿En qué consisten los otros proyectos?

–A partir de abril vamos a abrir la inscripción a un concurso nacional de producción. Se van a otorgar hasta 10 premios de 25.000 pesos cada uno, apuntando a proyectos de calidad. Pensamos que muchos se animarán a proyectar espectáculos que nunca hubiesen soñado realizar por falta de medios. Sabemos que la creatividad no pasa por el dinero, pero la idea es acomodar la cabeza a otras posibilidades de producción. También pensamos generar un circuito nacional de giras y estamos trabajando en una grilla de festivales internacionales en distintos puntos del país, para establecer fechas correlativas y así compartir los gastos que demandan espectáculos internacionales de envergadura. En la medida en que todos estos otros programas comiencen a funcionar me parece que es posible generar cambios en el teatro, a todo nivel.

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La pieza La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir, ganó el premio al mejor espectáculo.
 
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