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Miércoles, 16 de enero de 2013

TEATRO › CECILIA ROTH Y DARíO GRANDINETTI HABLAN DE UNA RELACIóN PORNOGRáFICA

“Es una historia de amor, pero no al estilo de Hollywood”

En la pieza teatral del escritor y cineasta Philippe Blasband, dirigida por Javier Daulte, los dos actores se desmarcan de los tradicionales relatos de enamoramiento, donde la seducción es el apronte del contacto sexual.

 Por Hilda Cabrera

La avidez por concretar fantasías eróticas anima a una mujer y un hombre “comunes y corrientes” a programar un encuentro a través de un aviso. Esta experiencia se desarrolla en Una relación pornográfica, pieza teatral del escritor y cineasta Philippe Blasband, que la actriz Cecilia Roth deseaba protagonizar desde tiempo atrás. Desmarcada de los tradicionales relatos de enamoramiento, donde la seducción es el apronte del contacto sexual, la obra aparecía como un riesgoso pacto de dos que aman la aventura. Compartiendo una mesa de café, junto a Darío Grandinetti, la actriz da cuenta del interés que despertó en ella esta historia, cuando en 1999 conoció la versión cinematográfica del realizador belga Frédéric Fontayne, que protagonizaron Nathalie Baye y Sergi López. “La obra estaba obsesionada con Cecilia”, bromea Grandinetti, entusiasmado también él con esta pieza que, tras la avant-première del lunes pasado, sube a escena hoy, en la Sala Pablo Neruda, del Paseo La Plaza.

Dirigida por Javier Daulte, parte de una escritura a “rellenar”, básicamente con la actuación y la creación de climas, lograda, según el actor, en esta puesta. El hecho de tratarse de un texto esquemático les resulta atractivo. “Es una dificultad, pero no mucho mayor de la que nos presentan otras obras –apunta Grandinetti–, porque cuando uno sabe claramente todo de una historia, y casi todo de cada personaje, acaba preguntándose qué le toca hacer ahí. En cambio, en Una relación..., trabajamos desde lo que se nos esconde.” Esta singularidad es también destacada por la actriz: “Acá no corremos el peligro de ‘actuar’ la letra, porque estos dos personajes, que nunca antes se habían visto, se van conociendo a través de lo que dicen, aunque sea poco, y de cómo lo dicen, y no a través de un relato cerrado. Esto nos obliga a actuar desde la interioridad, desde lo que está oculto en el pensamiento”.

–¿O sea que, aun ocultando, los personajes (Ella y El) necesitan armar una historia?

Darío Grandinetti: –En este caso, probablemente más que en otras situaciones, porque, si bien cada uno tiene su misterio y no lo revela, la historia debe producirse, y nos toca a nosotros crearla sin que haya un texto que nos contenga.

–¿Es un dato que Ella y El entiendan que toda convivencia deviene en fracaso?

Cecilia Roth: –Por ahí, estos personajes prefieren huir de la convivencia porque piensan que las decisiones las tomará el otro...

–¿El dilema es no saber quién decide?

D. G.: –Eso pasa en cualquier relación de pareja, y acá con una connotación sexual más directa. En toda relación amorosa se va creando un mundo sobre el que se habla demasiado. En cambio, en esta obra, el autor ha decidido contar muy poco.

–¿“Demasiado” significa inventar un relato o mostrar una imagen que no es la propia?

C. R.: –Presentarse al otro y decir, por ejemplo, “yo soy tal”, o “soy así, o te cuento que...”. El y Ella proponen no querer saber nada del otro, y a pesar de eso el otro aparece.

D. G.: –Esta pareja quiere ser y es más osada que la media. No pide aclaraciones. Ellos dicen esto es así y vamos a hacer esto... Y, claro, después pasa lo que pasa.

–En principio, quieren ser deseados. ¿Eso no es dependencia?

D. G.: –No, porque en este tipo de relación hay menos cascarilla de la que ocuparse. Cada uno se compromete sólo con lo que le dijo el otro, y el tejido que arman es el deseo. De todos modos, creo que ésta es una historia de amor, pero no al estilo de la que nos puede ofrecer Hollywood.

C. R.: –El equívoco en este encuentro –que es también desencuentro– está en pensar que sólo se pone el cuerpo. Y no es así, aunque los personajes lleven la situación al extremo. Es una obra perturbadora para mí, que siempre antes de un estreno siento que voy a olvidar todo.

D. G.: –Yo sueño todo el tiempo. Sueños muy raros... Es un problema. Antes de un estreno hablo solo por la calle y hasta tiro mordiscones. Me pongo insoportable.

C. R.: –Por suerte, en estos días mi hijo está con su papá, en Córdoba, porque sé que soy insufrible. Es mejor pasar esta etapa en soledad, o con los compañeros del elenco, por supuesto, porque una siente que todo la interrumpe y está en un lugar que no es natural, porque hay que ser loco para mostrarle el corazón a la gente desde el escenario.

–¿No los protege la experiencia?

D. G.: –En esto no hay experiencia que valga. Es siempre nuevo. Trabajé en otras obras sobre parejas, pero no recuerdo haber necesitado volcar tanta intensidad emocional.

C. R.: –Darío bromea con que la obra me perseguía, pero es cierto. El año 1999 fue el de la película con guión de Blasband y el de Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, donde hice el papel de Manuela y me premiaron con el Goya. Ese año competí con Nathalie Baye, protagonista de Una relación... Competíamos por el Premio de Cine Europeo a la mejor actriz, y lo gané. Nathalie estaba fantástica en esta película de Fontayne, y me quedé con la idea de hacer ese papel. Después aparecieron otras oportunidades, hasta que se dio, como dice Darío, que tiene humor cuando encuentra lugar para bromas.

–¿Quedó atrás la fama de peleón?

D. G.: –No sé si de peleón. Sigo teniendo fama de amargo y de cabrón con la prensa, porque a algunos no los atiendo. Por supuesto, esos no van a decir que soy divino. Tengo pocas pulgas, pero no soy violento; soy discutidor y me acaloro, pero me gusta divertirme, sacarle solemnidad al trabajo y no sufrir ni quejarme por actuar. Tengo claro que este es un trabajo que quiero hacer y que es para mí una bendición, aunque un domingo de verano por la tarde deba afeitarme y salir corriendo al teatro.

C. R.: –No te imagino levantándote a las seis de la mañana para ir a la oficina... Está tan claro que te gusta ser actor. También yo pienso que debo ser feliz con este trabajo que, es cierto, es muy cansador, sobre todo si una no sabe o no aprendió a disfrutarlo.

–¿Qué relación tienen hoy con la TV y el cine?

D. G.: –Cecilia tiene una película de Pedro Almodóvar, y los dos filmamos una hace casi dos años, Matrimonio, de Carlos María Jaureguialzo. Es sobre una pareja con más de veinte años de convivencia.

C. R.: –Con Almodóvar filmé Los amantes pasajeros (donde lo central son las reacciones de los pasajeros de un avión que durante el vuelo se enteran de un desperfecto técnico). El guión es de Pedro y se estrena el 8 de marzo en España. Estoy viajando seguido. Cuando mi hijo era más chico estaba abocada a trabajar acá. Ahora que cumplió trece años y pasó al secundario no hay tanto problema con el estudio y puede acompañarme en los viajes. Estuvo un mes largo conmigo durante la última filmación en España, adonde seguiré yendo, siempre que se pueda sobrevivir con esta profesión, porque allá la cuestión laboral se ha puesto tremendamente difícil y se han hecho recortes brutales a todo lo que es cultura.

D. G.: –Por el momento, estoy aquí haciendo teatro. Las pocas cosas que aparecen no me interesan. En cine trabajé en Carne de neón, de Paco Cabezas, una coproducción entre España, Francia, Suecia y Argentina, y el año pasado, en una coproducción española-argentina, basada en la obra de teatro Cita a ciegas, de Mario Diament. La película tiene otro nombre, Inevitable, y la dirigió Jorge Algora. Ahí actúan Federico Luppi, Mabel Rivera, Antonella Costa y Carolina Peleritti. Me gustó que fuera filmada en Santiago de Compostela y en Buenos Aires.

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“La obra estaba obsesionada con Cecilia”, bromea Grandinetti.
Imagen: Guadalupe Lombardo
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