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Lunes, 24 de junio de 2013

TEATRO › ENTREVISTA A TONY CéLICO, DIRECTOR DE DANZON PARK

Los héroes y los traidores

En la puesta que puede verse en Espacio Cultural Urbano, el director de la agrupación El Baldío pone en escena a Arcos, un hombre muy lejos de sus viejos sueños revolucionarios. “Mi intento fue despertar formas diversas en el pensamiento del espectador”, dice.

 Por Cecilia Hopkins

Director desde hace 25 años de El Baldío, agrupación teatral radicada en Ciudad Jardín del Palomar, Tony Célico acaba de dar a conocer su puesta de Danzon Park, obra del autor y actor mendocino radicado en Ecuador Arístides Vargas. Consustanciado con las búsquedas teatrales relacionadas con la antropología teatral, Célico suele generar junto a su grupo los textos con los cuales trabaja. Sin embargo, en esta oportunidad se sintió tentado a volver sobre un texto de Vargas, tras haber realizado la puesta de Nuestra Señora de las Nubes, la primera vez con alumnos de la Emad (Escuela Metropolitana de Arte Dramático, de la cual hoy es director) y la segunda, con la Comedia Municipal de Bahía Blanca. Actúan Lucas Sánchez, Laura Torres, Pablo Urruty y Viviana Yoselin Delgado.

Danzón Park es una obra que presenta un mundo afín al realismo mágico, y desde esa óptica habla de la metamorfosis de las revoluciones y el devenir de las utopías. Arcos, su protagonista, es un hombre que tiene un pasado de luchas revolucionarias y en el presente es un traidor a sus propios ideales. En un clima de fiesta y ensueño, la inefable tía de este general retirado intenta desestabilizar sus convicciones y hacerlo consciente de su presente derrotado, en tanto que Leda, su mujer, entabla con la imagen de aquel Arcos joven y dispuesto a todo un diálogo poético e incisivo desde un estado de sonambulismo muy particular: “Leda habla de lo que ya está muerto, de lo terrible que es dejar de creer en el hecho de creer”, subraya el director, en la entrevista con Página/12. Con iluminación de Jorge Merzari, el espacio enmarca a los personajes en síntesis de circo y mercado popular.

–¿Qué lo llevó nuevamente a un texto de Vargas?

–Con nuestro grupo trabajamos habitualmente con dramaturgia propia, pero Danzon Park nos golpeó fuertemente. Arístides, a quien además consideramos un gran amigo, siempre logra envolvernos con su escritura teatral que, según me parece, tiene una construcción especial para ser puesta en grupo. Sus obras están llenas de poesía, de ese dolor latinoamericano que, una vez puesto en marcha, nos permite repensar situaciones y dolores propios.

–¿Por qué cree que Vargas pone en el mismo personaje a un héroe y a un traidor?

–Me parece que poner al héroe y al traidor en una única persona es hablar de un dolor típicamente latinoamericano.

–¿Qué referencias concretas le sugiere este personaje doble?

–Hay muchas referencias concretas de la vida política de la patria grande. Es indudable que en Arístides las imágenes de una revolución sandinista traicionada han jugado en su escritura. Pero hemos sido cuidadosos para no encerrarnos en una sola dirección y poder llevar el traidor y el héroe a nosotros mismos, a nuestras parejas y a las parejas del poder.

–¿Su puesta se abre a otras lecturas?

–No, más bien mi intento fue despertar formas diversas en el pensamiento del espectador, para que se abran las mil y una posibilidades. Incluso aquellas que son tan difíciles de soportar. Como esas pesadillas en las que te ves asesinado o violado por tu propia madre. Pesadillas de las cuales te levantás escribiendo las nuevas palabras para la vieja terapia.

–¿Pensó en términos de realismo mágico?

–Sí, a Danzon Park la entiendo como dentro del realismo mágico y así ha funcionado en mí luego de su lectura. Por otra parte, el tratamiento que le damos al material acerca a la obra al mundo shakespeareano, en el cual el realismo mágico aparece con soltura. Pensar a Latinoamérica, pensar a un argentino escribiendo en su exilio ecuatoriano, pensarnos a nosotros mismos mirando unas cuadras más allá de la teatralidad del Abasto es viajar en las coloraciones del realismo mágico.

–¿Cuáles son los móviles del personaje de la Tía Yoga?

–Hay algo de venganza en esta tía algo deforme y envidiosa que parece sentir el deseo de desarmar un poder que comienza a crujir en su crisis final. Es un personaje que remite al Yago de Otelo, ya desde su nombre. Como funciona del mismo modo que aquél, desea que lo peor ocurra y es por eso que de a poco lleva a Arcos al encuentro con el fracaso. Allí la humillación se transforma en venganza y poder nuevo, en la limpieza de una historia dolorosa.

–¿De dónde surge el espacio del montaje?

–De la conjunción de colores, olores y dolores de Quito, Lima o Santiago. De ahí viene la sensación de sala de baile, mercado y también de circo, lugar donde la vida transcurre. Un ámbito lleno de colores y luces que invitan a la identidad y a la fiesta.

* Danzón Park, viernes a las 21.30 en Espacio Cultural Urbano, Acevedo 460. En julio cambia de día.

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“Con el grupo trabajamos con dramaturgia propia, pero el texto de Arístides Vargas nos golpeó fuertemente.”
Imagen: Pablo Piovano
 
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