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Viernes, 29 de noviembre de 2013

TEATRO › DON JUAN Y FAUSTO, DEL ALEMAN CHRISTIAN DIETRICH GRABBE, EN ESPACIO URBANO

Dos leyendas en lucha por una mujer

Escrita en 1829, la pieza de Grabbe es la primera vez que se representa en la Argentina y toma a estos dos emblemáticos personajes de la dramaturgia universal como prototipos del hombre mediterráneo y del hombre nórdico, respectivamente.

 Por Paula Sabatés

Hasta hace unos meses pudo verse en la cartelera porteña la obra Doña Rosita y el Don Juan, un drama escrito por Rodrigo Cárdenas que mezclaba a los míticos personajes de Federico García Lorca y de Molière y los hacía vivir una historia conjunta. Se ve que en el último encontraron riqueza varios autores, porque Cárdenas no fue el primero en hacerlo convivir con un personaje de otro autor y otra nacionalidad: en 1829 el alemán Christian Dietrich Grabbe también lo tomó prestado y así nació Don Juan y Fausto (Don Juan und Faust), obra teatral en cuatro actos que presenta a estos dos emblemáticos personajes como prototipos del hombre mediterráneo y el hombre nórdico, respectivamente. Se trata de una obra poco explorada en escenarios latinoamericanos, tanto que la versión que se encuentran presentando los directores Gonzalo Villanueva y Daniel Suárez Marzal (los viernes a las 23 en Espacio Urbano, Acevedo 460) es la primera que se hace en la Argentina.

En su obra-madre (Dom Juan ou le Festin de Pierre), Don Juan es un personaje sensual y libertino que vive seduciendo a mujeres hasta el final de su vida, aunque eso le valga numerosas enemistades. La pieza se estrenó en 1665 y para escribirla el gran dramaturgo francés se basó en la obra del español Tirso de Molina El burlador de Sevilla y convidado de piedra. Por su parte, Fausto es el protagonista de una leyenda clásica alemana y su historia ha sido fuente de numerosas obras artísticas, entre películas, obras, pinturas y composiciones musicales. Se trata de un científico de gran talento, pero a la vez insatisfecho e insaciable, lo que lo lleva a hacer un trato con el diablo para venderle su alma a cambio de conocimiento ilimitado. En Don Juan y Fausto, el pretexto para reunirlos es el amor de ambos por una misma mujer, que está por casarse con un tercero, al que no ama. Frente a esta situación, en un principio los personajes resultan “aliados”, pero una vez despejado el terreno no hay lugar para los dos, con lo cual se verán seriamente enfrentados.

Decir que es “novedosa” cuando no se han visto otras puestas de esta obra en la cartelera teatral puede carecer de sentido. Pero sí hay que decir que Villanueva (La playita) y Suárez Marzal (Ivanov, El hombre elefante), quien también tradujo por primera vez al castellano el texto dramático, tomaron ciertos riesgos para la puesta de un texto tan antiguo (y extraño) como éste, y que salieron airosos. Lo primero que sorprende es el “escenario”. En la amplia sala toda negra de Espacio Urbano, los directores colocaron sólo un gran andamio a uno de los laterales, que funciona como único dispositivo escenográfico del lugar (y eso que se recrean distintos espacios durante toda la obra). Esta estructura requiere de la destreza física de los actores, que trepan, suben y bajan continuamente. Y también colabora en la significación de la historia: arriba del andamio suceden hechos fundamentales, tales como la declaración de amor de Don Juan a Doña Ana y parte de la secuencia final. Colaboran en crear el ambiente una iluminación muy bien diseñada y una atinada música original (en vivo y a través de una computadora), a cargo de Miguel Lo Cane.

También está muy bien la caracterización de los personajes. Con una calza apretada a lo Superman, en un caso, y un solemne vestuario negro, en el otro, Don Juan (Nicolás Balcone) y Fausto (Claudio Amato) poseen el porte y la actitud indicadas para la personalidad de sus personajes. Por otro lado, sobresale la personificación de Guido Grispo, quien no necesita de los típicos trajes de Lucifer para dar a entender que interpreta al mismísimo diablo (aunque en el programa de mano esté identificado como “Caballero”). También se destacan Olivia Sandy Torrez Juaniquina y Eva Matarazzo, quienes encarnan respectivamente a la criada de Doña Ana y a un policía borracho, y Leporello, el fiel ayudante de Don Juan, interpretado por un virtuoso Marcelo Estebecorena. Las actuaciones de todos ellos y también del resto del elenco son buenas, lo que agrega un condimento más a la puesta.

Con todo, Don Juan y Fausto es una buena primera apuesta sobre este clásico alemán. Los directores combinan bien sus habilidades en la puesta en escena y logran más de una secuencia realmente notable (como la del casamiento fallido de Doña Ana, en la cual están todos los personajes en escena y se nota el logrado trabajo en lo referido a la dirección de actores). Además consiguen ciertos detalles, como algunos guiños de humor y recursos en la actuación de los intérpretes, por ejemplo, que le dan más profundidad a la obra. Las propuestas que vengan tendrán un doble desafío: montar este difícil texto y lograr acercarse a este trabajo, que sin dudas sentará precedente.

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Villanueva y Suárez Marzal tomaron riesgos para la puesta de un texto tan antiguo y extraño.
 
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