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Lunes, 21 de abril de 2014

TEATRO › DOS OBRAS DEL DRAMATURGO Y DIRECTOR EZEQUIEL MATZKIN

Entre el amor y la educación

En Lo sé todo, cinco personajes se entrecruzan para reflexionar sobre un sistema educativo perimido y deshumanizado; el monólogo Un clavo en el corazón sirve para reflejar el modo en que “todas las experiencias quedan escritas en el cuerpo”.

 Por Cecilia Hopkins

Dramaturgo y director, también sociólogo, Ezequiel Matzkin tiene en cartelera las dos últimas obras que escribió, Lo sé todo y Un clavo en el corazón, esta última creada conjuntamente con Marina Castillo Blanco, también coautora de Las lágrimas que me tragué, estrenada hace dos años. Ambos textos son bien disímiles: uno versa sobre el sistema educativo, el otro, sobre el amor y la vocación. En el caso de Lo sé... las motivaciones del autor fueron, según cuenta en la entrevista con Página/12, “escribir un texto que me represente y que ponga juntos al sociólogo y al dramaturgo”. Con este objetivo, Matzkin comenzó a investigar sobre el lenguaje para luego centrarse en el tema de la educación. La obra presenta a cinco personajes que, en extraña sintonía, enumeran un abigarrado corpus de normas y metodologías de transmisión del saber, junto a exigentes pautas éticas y morales. La enumeración impacta al espectador como si le alcanzaran una lente de aumento que le permite relacionar el paródico inventario con otras restricciones más o menos veladas que pueden encontrarse en ámbitos de la enseñanza. Sin embargo esta prédica alguna vez estuvo vigente al ciento por ciento: el autor cuenta que a partir de la investigación que realizó sobre las primeras publicaciones aparecidas en el país sobre temas relativos a la didáctica de la enseñanza, llegó al conocimiento de que “las reglas siniestras que aparecen en la obra formaron la base de nuestro sistema educativo”. La obra, que se presenta en el Abasto Social Club los viernes, está interpretada por Alejandro Abelenda, Ananda Brédice, Marina Castillo Blanco, Denisse Chaffraix, Leo Espíndola y Daniel Frissolo Forni.

“El teatro me liga con lo social, allí encuentro a la otredad en todas sus formas”, sostiene Matzkin, quien trabaja como sociólogo en el programa de jóvenes en conflicto con la ley, dependiente del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (CDNNyA). El dramaturgo y director interpreta su obra Lo sé todo como “una vuelta al pasado, un retorno al origen”. Lo dice por los recuerdos que guarda de una escolaridad tortuosa, a pesar de haber asistido a establecimientos educativos de prestigio: “La escuela me pareció una experiencia violenta”, afirma, “porque había algo del sistema que me generaba una reacción brutal: desde la competencia que fomentaba su sistema de calificaciones hasta sus contenidos no ligados al proceso de crecimiento singular, propio de cada alumno”. Compara además: “La escuela que conocí impartía conocimientos como incrustando en los alumnos un gran número de datos e informaciones, excluyendo todo lo relativo a las emociones”. Y como esa violencia, según su relato, también se trasladó a su comportamiento de niño, tal vez por eso Matzkin haya buscado con la puesta “incomodar a los espectadores, no por transgresor sino para conmoverlos en profundidad”.

Por su parte, en el monólogo Un clavo en el corazón “tuvimos con Marina Castillo Blanco –también a cargo de todos los personajes que presenta el espectáculo– la necesidad de hablar sobre el amor y de cómo todas las experiencias quedan escritas en el cuerpo”. Según apunta el dramaturgo y director, “la experiencia amorosa es lo que pone en riesgo a una persona, porque es allí donde queda más expuesta su estructura psíquica”. Ambos autores quisieron asumir también el desafío de producir con esta temática “una obra amigable que contara una historia con una cronicidad que supusiera un relato lineal”. El punto de arranque de lo que presenta el unipersonal lo aportó un caso real, la noticia acerca de un operario de una fábrica que accidentalmente hiere a otro con una pistola neumática. Explica Matzkin que “al tomar esa anécdota unía el amor con un accidente” y agrega: “El amor es siempre un accidente en una sociedad no atravesada por este sentimiento”. En Un clavo... las complicaciones amorosas aparecen unidas al tema de la vocación y el linaje familiar en virtud de enlazarse en clave humorística las vidas de tres generaciones de apasionadas carpinteras, en el pueblo de Ingeniero Maschwitz. Un relato fresco y entrañable por el que desfilan mujeres singulares y entusiastas, entre las que se recorta la más joven, dispuesta a hacer todo lo que haga falta –incluso una operación inédita en el mundo– para recuperarse de una herida profunda en el corazón.

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“El teatro me liga con lo social, allí encuentro a la otredad en todas sus formas”, dice el autor.
 
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