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Domingo, 25 de enero de 2015

TEATRO › IVANNA ROSSI Y SU TRABAJO EN EL ESPECTACULO LA CELIA

“Hago de Celia Gámez, pero sin imitarla”

De larga trayectoria en los musicales, la artista encarna en esta obra a la diva argentina que triunfó en España sin ser conocida en la Argentina. Se trata de un retrato completo de esa misteriosa mujer que brilló en la revista, el teatro y la zarzuela.

 Por María Daniela Yaccar

Sus amores, los escándalos, las dudas sobre su sexualidad, las diferentes etapas de su arte, su carácter detrás del escenario, su posición política, la moda que impuso: con un texto detallista y más de una docena de canciones, una orquesta tocando en vivo e imponentes vestuarios de Renata Schussheim, La Celia es un retrato completo de esa misteriosa mujer llamada Celia Gámez. Es Ivanna Rossi, una joven de larga trayectoria en el mundo de los musicales, quien encarna en esta obra a la diva argentina que triunfó en España. “Defino a este espectáculo como ‘historia musicalizada’, porque se cuenta toda su biografía. Hago de ella pero sin imitarla”, desliza Rossi, en la charla con Página/12.

Lo hace muy bien: su esfuerzo vocal es enorme. Las funciones son de martes a domingos en Maipo Kabaret (Esmeralda 443); por tanto, se encuentra con Gámez seis veces en la semana. En el espectáculo, cuando no canta, habla sin detenerse. Por eso, dice, se ve obligada a cuidar mucho la voz. “La verdad, no conocía a Gámez”, admite. “Estoy deslumbradísima y agradecida de que me hayan elegido para hacer este personaje. También, contenta de que mucha gente la conozca a raíz de este espectáculo. Se van con muchas ganas de seguir investigándola. Hay quienes me dicen que no sabían lo que venían a ver, y que se van felices de haber conocido la historia de esta mujer. Es un regalo que me da el público”, se entusiasma Rossi, que comenzó su carrera a los cuatro años, en Festilindo, y creció en los musicales: Los miserables, La tiendita del horror, Smoke, Peter Pan, Todos podemos volar, Desconcierto de musicales, El hombre de La Mancha, Sweet Charity y El Mago de Oz son sólo algunos de los tantos en los que participó.

Después de que Santiago Castelo le acercara el texto, Lino Patalano, director del Maipo, transmitió la idea de este espectáculo a Emilio Sagi, director de ópera y musicales que está al frente del Teatro Arriaga, de Bilbao. Sagi viajó a Buenos Aires y encaró la dirección de la obra, que tiene arreglos musicales de Jordi López. El show reúne catorce temas conocidos de Gámez, como “Los nardos”, “Que viva España”, “El gulu gulu”, “El pichi” y “El beso”. Las canciones van hilando la historia de vida de la estrella de la revista, el teatro y la zarzuela. A Rossi la acompañan cuatro coristas, Jimena González, Virginia Kaufmann, Virginia Módica y Pilar Rodríguez Rey. Y de la música en vivo se encargan Santiago Rosso (piano), Juan Pablo Togneri (contrabajo) y Natacha Tello (violín).

En resumen, La Celia es un extenso monólogo sobre la vida de Gámez: arranca con el inicio de su trayectoria, que, según queda expuesto, fue casi por casualidad. En un tren que tomó hacia Madrid, para cobrar una herencia, la oyó cantar tangos marquesa, que la terminó contratando para un festival benéfico. En España, adonde llegó en 1925, estrenó obras como Las Leandras, El baile en el Savoy, El águila de fuego y Las siete en punto. El espectáculo repasa sus amoríos (como el que tuvo con el rey Alfonso XIII), las dudas sobre su sexualidad (muchos pensaron que era lesbiana) y los vericuetos de una vida atravesada por la guerra civil española; además de facetas de su personalidad, como su carácter fuerte a la hora de tratar a quienes la acompañaban en escena.

–Usted dijo que no imita a la homenajeada. ¿De qué modo se trabaja, por fuera de la imitación, para que aparezca en el escenario la esencia de ese personaje?

–Siempre se planteó poder sacar su esencia pero desde mí. La estudié mucho vocalmente, más que nada en torno de lo sonoro: estudié cómo sonaba en cada época. Arranco con un tango, “A media luz”. Ahí tenía una voz muy metálica, re timbrada. Es donde más se me permite imitarla, desde la dirección. Después con los pasodobles o el chotis, busco lograr su color desde mi color, aunque desde su pronunciación. Hay temas que son muy castizos, españoles, y los tengo que cantar españolizados. En cambio, otros están bien argentinizados. Y en otros hay una mezcla. Ella nunca perdió su acento argentino y la gente la compró así. Siempre se me aclaró que no querían una imitación, pero sí la esencia. Con el vestuario pasó lo mismo: Renata habrá tomado los modelos, la esencia de lo que se mostraba, y desde su lugar mostró lo que hoy en día está arriba del escenario. Vocalmente, igual. Jordi López me dirigió e hicimos un trabajo muy minucioso. Había registros que me quedaban demasiado graves, porque su voz había madurado, ya no estaba tan agudita. El último tema, “Vivir”, lo canto muy triste. Escuchás el original y nada que ver. Se fue montando a través de cómo contábamos la historia. Se buscó que los temas fueran contando el paso de los años.

–Es un lindo trabajo en equipo también, muy coreografiado.

–Las cuatro chicas que me acompañan están muy bien, me siento muy cómoda con ellas, surgen cosas nuevas siempre. Es un espectáculo muy crudo. Básicamente porque se cuenta el crudo de Celia. Y también porque pueden llegar a pasar muchas cosas: me desvisto y me visto en escena. Pueden trabarse cierres, romperse cosas... hay mucho ensayo. Fue un trabajo bastante fino el que se hizo, para no perderme y seguir contando mientras, por ejemplo, me ponen un pantalón. Se hace un engranaje muy lindo. Pero a veces pasan cosas: el otro día una chica tiró una silla. En tal caso, hasta los errores tienen que hacerse vistosos. Porque Celia tenía ese personaje, no se perdía nada, estaba en todo. Era una buena empresaria atrás del escenario.

–Descubrió a la diva a propósito de este espectáculo. ¿Qué opinión se fue formando sobre ella?

–El guión partió de una gran biografía, después se fue reduciendo, quedó lo que era importante para los argentinos. Porque dentro de la historia hay nombres de personas que ni sabemos quiénes son. Hay historias que no valía la pena contar, había que dar prioridad a otras cosas. Pero seguro cuando vayamos a España las vamos a tener que agregar. Cuando leí el guión dije “ésta es una historia de cuentos, de película... ¡qué maravilla esta mujer!”. En aquellos años, súper lejanos, impuso una moda. Toda la gente copiaba sus modelos, ese corte a lo garzón. Hoy una mujer con el pelo corto no te asombra. Ese vestuario ambiguo que tenía del pantalón con tirantes... ¡estamos hablando de los años veinte! Qué mujer con cabeza. Todo le llegó de casualidad, de alguna manera: si bien cuando empezó tenía su lado artístico, siendo corista y bailarina, me llamó la atención la historia con la marquesa. No paró nunca más. Después contamos sus amoríos, como el que mantuvo con Alfonso XIII. Ella nunca estuvo del lado de ningún partido político, creo que se iba acomodando como le convenía artísticamente, para poder hacer sus cosas. Pienso que fue por ese lado. La obra cuenta sus errores, también. Cómo perdió todo lo que tuvo, su fortuna. Sin embargo salió a lucharla otra vez, después de la guerra, con su casa desvalijada y sus joyas expoliadas. Por las cosas de la vida, termina sola, vuelve a la Argentina, sin ningún familiar, a morir en un asilo. La vida se le dio vuelta completamente.

–¿Cuál será el itinerario en España?

–Vamos en octubre. En la Argentina no se la conoce casi nada. A raíz de esto empezó a resonar su nombre otra vez. Los españoles están enterados del proyecto, nos están esperando allá, hemos salido en críticas y notas. Estaban muy agradecidos, porque Celia allá sigue siendo un ícono, sus canciones se siguen escuchando por ella o por otras figuras. Su historia sigue avanzando en otras. Me sorprendí por su discografía, porque es eterna: acá se eligieron sólo catorce canciones, pero han quedado muchísimas. En España haremos una gira larga, un mes en cada ciudad. Primero estaremos en el Teatro del Canal, en una sala que es como un cabaret pequeño.

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Rossi define su espectáculo como una “historia musicalizada”. El lugar elegido es el ideal: el Maipo.
Imagen: Carolina Camps
 
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