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Martes, 17 de febrero de 2015

TEATRO › UNIPERSONAL ESPERANZA DESUBICADA, DE MARU DORREGO

La payasa que no es ni de aquí ni de allá

Bajo la dirección del catalán Pablo Ibarlucea, la actriz da cuenta de su experiencia migratoria en España. “Un desubicado no termina de pertenecer a ninguna parte”, señala Dorrego, quien finalmente volvió a vivir en Argentina a partir de este espectáculo.

 Por Cecilia Hopkins

A Maru Dorrego le hubiese gustado llamar sapo de otro pozo su espectáculo, pero en Argentores el título no estaba disponible. Recurrió entonces al nombre de Esperanza, el apelativo que viene usando desde que se hizo payasa en España, tras una formación teatral en el país. En Esperanza desubicada, el unipersonal que acaba de estrenar, Dorrego cuenta desde su personaje algunos detalles de su propia experiencia, de cuando resolvió irse del país para hacer una nueva vida en la patria de sus abuelos. Así, en la sala La Lunares, de Humahuaca al 4000, Esperanza da cuentas de su odisea en busca de trabajo, departamento y permiso de residencia, entre otros ítem de su experiencia inmigratoria, bajo la dirección del catalán Pablo Ibarlucea.

Fue antes de la crisis de 2002 que la actriz, cantante y arteterapeuta tuvo la idea de irse a España, aunque la decisión finalmente estuvo enmarcada en la debacle de ese año. “Tramité el pasaporte español porque siempre tuve curiosidad por cómo se vive en otros sitios”, explica en la entrevista con Página/12, “y porque ya estaba aburrida de ganarme la vida enseñando inglés a empresarios y estaba cansada de usar tacos”, resume. En Barcelona encontró su lugar, “tal vez porque hay mucha gente de paso proveniente de muchos lugares”. En ocho años, además de 10 mudanzas, realizó trabajos de uno u otro modo ligados al teatro. Así, de animadora turística de contingentes de adultos mayores pasó al varieté y a la práctica del teatro foro, donde desarrolló temáticas afines a la inmigración y la interculturalidad. En esos años dio clases en escuelas de riesgo y centros de detención y también comenzó a cantar profesionalmente junto a un grupo afro colombiano.

“Para armar la propia vida en otro lugar –precisa la actriz– hay que desconectarse de la realidad que uno deja. Si no, uno queda en un limbo y no está ni aquí ni allá.” Pero a pesar de haber tomado todos los recaudos, le llegó el momento de la vuelta: “Terminé de volver al país con este espectáculo”, admite Dorrego, quien armó el montaje entre un país y otro, a veces monitoreada vía Skype. Su director fue quien decidió que el personaje de Esperanza no llevara la clásica nariz roja aunque pertenezca al género: “Esperanza es boba, como suelen ser los clowns –define la actriz–, se viste de rosa, cree en quimeras, piensa que todo puede ser mejor”, enumera.

–Su experiencia de inmigración es muy diferente a otras, de raíz económica, política o religiosa...

–Lo mío fue por curiosidad. Yo me di el lujo de irme porque soy de clase media y pude ahorrar como para hacer la experiencia. Fue después, cuando llegué, que me convertí en inmigrante. Porque nunca sentí que me trataran como a una española sino como a una argentina con pasaporte español. Como otros, me sentía en la periferia. Aunque mi situación era diferente a la de mis amigos que estaban en condiciones de ilegales.

–¿De dónde surge la desubicación de su personaje?

–Yo me sentí muy desubicada durante mucho tiempo. Sin encontrarme cómoda en ninguna parte. Un desubicado se desorienta y se pierde en los intentos; no encuentra su lugar, por lo tanto no termina de pertenecer a ninguna parte. A veces es porque no quiere, otras porque no puede o porque no lo dejan.

–¿Cómo fue su experiencia con la técnica de teatro foro?

–En los centros de detención di clases de clown y de teatro en escuelas primarias con alumnos de origen gitano y latino. En España el foco de peligro está puesto en los marroquíes. Trabajábamos sobre cómo es mirado el otro. Y esto me hizo pensar en nuestros propios prejuicios, en cómo vemos los argentinos a los inmigrantes de países vecinos.

–¿Por qué volvió?

–Me pasó que no me veía a futuro en España, no podía proyectarme, al menos con una imagen de mí misma que me gustara. Además, comparándome con otros inmigrantes, sentía culpa por tener papeles. Empezó a pesarme el privilegio que tenía en cuanto a decidir si me quedaba o no.

* Esperanza desubicada, en La Lunares Teatro: Humahuaca 4027, sábados, 20.30.

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Esperanza desubicada se puede ver los sábados en La Lunares Teatro.
 
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