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Miércoles, 1 de abril de 2015

TEATRO › MARUJA BUSTAMANTE Y SU OBRA DIOS TENIA ALGO GUARDADO PARA NOSOTROS

Pinceladas de amor descartable

La obra que la actriz, autora y directora presenta en el Centro Cultural Rojas tiene una escenografía que se construye y se destruye para cada función, como correlato del carácter efímero de la relación de pareja que se plantea.

 Por Paula Sabatés

Cuando se puso a revisar material, Maruja Bustamante se dio cuenta de que tenía “poemas, mails, mensajes de texto, una bitácora de amor no correspondió en un cuaderno” y el deseo de hacer una obra que fuese diferente de sus anteriores “estéticamente hablando”. Así nació Dios tenía algo guardado para nosotros, pieza que la prolífica actriz, dramaturga y directora presenta en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, los sábados a las 21. Protagonizada por Bárbara Massó, Gonzalo Pastrana y Gael Policano Rossi, la obra cuenta la historia de Cristal y Mateo, una pareja que se debate entre el amor y el rechazo y abarca todo lo que Bustamente no se animaba a “decir en voz alta”, según cuenta a Página/12 la propia actriz. La pieza se verá durante todo abril.

En esta obra, para la cual Bustamente buscó financiamiento en Ideame, la puesta en escena siempre es distinta, literalmente: la escenografía es efímera y se construye y se destruye para cada función, ya que consta de un lienzo blanco sobre el cual los tres actores pintan y dibujan con distintos colores algo que luego ya no existirá, como la misma relación que muestra la obra. Algo de esa idea de lo descartable es lo que guió a la autora, que asegura que con esta obra “cambió cierta idea del espacio y el tiempo” que tenía aprendida de trabajos anteriores.

“No sé cómo definir mi propia obra”, dice sin embargo la actriz. “Antes me hacía la canchera y lo intentaba. Pero ahora creo que cuando una se pone a definir lo que hace se pone miedosa e insegura y además probablemente no sepa lo que esté diciendo. Me siento una farsante creando una definición que contente a alguien que no sé bien quién es. Prefiero sorprenderme con las diversas miradas de los demás”, desafía Bustamante, que actualmente también dirige Un gesto común, con texto de Santiago Loza y protagoniza el biodrama Maruja enamorada, con dirección de Vivi Tellas.

–¿Por qué decidió que la escenografía fuera así?

–Quería un no lugar, un espacio que abarcara todos los espacios, que reuniera el recorrido de ese amor que se cuenta. Pensé en el papel en blanco, en el vacío de un lienzo y en mis cuadernos llenos de pavadas y dibujitos y esas cosas que dan vergüenza mostrar. Por otro lado, pensé bien en un espacio del que me gustaría ser parte si yo fuese intérprete de esa obra. Y qué más divertido que pintar como un niño. Y también quería que fuera algo francamente efímero, descartable, como la relación que plantea la obra.

–Muchas de sus obras hablan del amor. ¿Usa el teatro como catarsis o simplemente le atrae hablar de ese tema?

–No creo tanto en la catarsis. Yo pretendo sumar, y hay personas que por más que hagan catarsis no suman. Uso algunas experiencias personales como disparadoras, pero eso no significa que haga catarsis. Más bien soy una observadora de lo que me rodea y lo utilizo. Otra cosa es mi experiencia como intérprete en un biodrama. Ahí sí me presté a hacer un documental de mí misma, pero no siempre es así. En realidad casi nunca es así, porque mis obras son un collage de vivencias ordenadas, administradas, inventadas, vividas, deseadas y soñadas. Son ficción finalmente. Creo que últimamente me gusta hablar del amor como en otro momento me gustó hablar de la soledad, la tristeza, la locura y la fraternidad. Me gusta el otro, lo otro, los otros, y todo eso en femenino también.

–En general comparte los espectáculos con gente con la que ya trabajó y ésta no es la excepción. ¿A qué se debe?

–Me gusta trabajar con gente que conozco porque me entiende y la entiendo. Me gusta crear un vínculo de intercambio artístico con personas, obra tras obra. A veces vienen visitantes que se quedan o pasan de largo. En esta obra me di el gusto de integrar a La Mafia, como me gusta llamarnos a los que hacemos mis obras, a Bárbara Massó, actriz que vi actuar y me encantó. Ojalá siga entre nuestras filas más tiempo (risas). Creo que el crecimiento en el teatro no es sólo individual, sino más bien grupal, entonces me parece hasta natural que se armen clanes, grupos de reincidentes o familias mafiosas. Yo crecí junto a Monina Bonelli, María Solari, Gael Policano Rossi y Nicolás Capeluto, por nombrar algunos muy importantes, y de alguna forma también soy ellos.

–Como en otras oportunidades, para financiar esta obra utilizó Ideame. ¿Qué piensa del crowfounding como recurso?

–Me parece un muy buen recurso, aunque estaría bueno que se difundiera más, porque si no para los proyectos chicos siempre terminan poniendo dinero los familiares y amigos, cosa que no tiene nada de malo, pero estaría bueno que fuese algo a lo que cualquier persona se pudiera sumar y arriesgar. Yo hice varios y siempre me fue bien, recibí mucho amor además de dinero. Les agradezco siempre mucho a las personas que creen en lo que hago.

–Luego de hacer esta obra, ¿cree que Dios tiene algo guardado para los hombres?

–Sí, lo que éstos deseen con fuerza.

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“Me gusta el otro, lo otro, los otros, y todo eso en femenino también”, señala Bustamante.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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