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Miércoles, 1 de abril de 2015

CULTURA › EMOTIVO HOMENAJE A LOS POETAS DESAPARECIDOS EN EL ENCUENTRO DE LA PALABRA

Aquellas voces traen nuevos vientos

Macarena Gelman, Camilo Juárez, Martín Oesterheld, Angela Urondo, Emilia Santoro, Hebe de Bonafini y Carlos Pisoni fueron algunos de los participantes del encuentro realizado en el Café Literario de Tecnópolis, en el Primer Festival de Poesía.

 Por Silvina Friera

Las pupilas aplauden; las manos lagrimean. La emoción relampaguea en Tecnópolis. “Madres de la plaza, el pueblo las abraza”, cantan los jóvenes apenas ingresan las Madres. A simple vista impresiona la cantidad de gente que hay en el Café Literario del Encuentro de la Palabra. El Primer Festival de Poesía armado por la Red Federal de Poesía termina con La palabra nunca, un homenaje a los poetas que fueron víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar, impulsado por el colectivo Poetas Peronistas, conducido por Rodolfo Edwards y Natasha Deligiannis. “La poesía ahora es política de Estado. La colección Juan Gelman, publicada por el Ministerio de Educación, distribuyó gratuitamente 1.000.000 de libros de poesía de diversos autores en escuelas de todo el país. Para mí, que soy poeta, esto representa un triunfo y un logro increíble”, pondera Edwards antes de presentar a los participantes: Macarena Gelman (nieta de Gelman), Camilo Juárez (hijo de Enrique “Quique” Juárez), Martín Oesterheld (nieto de Héctor Oesterheld), Angela Urondo (hija de Paco Urondo), Emilia Santoro (hermana de Roberto Santoro), Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo) y Carlos Pisoni (subsecretario de Promoción de Derechos Humanos). También se suman Lula Urondo (nieta de Paco), que pinta en vivo; el actor y poeta Miguel Martínez Naón, y Teófilo Tapia y Orlando Vargas, compañeros de militancia en la Villa 31 del Padre Carlos Mugica.

“Los escritores que padecieron la violencia de la última dictadura militar debieron cargar no sólo con su desaparición física, sino también con su desaparición simbólica”, plantea Edwards. “Durante largos años, los libros de Juan Gelman, Roberto Santoro, Miguel Angel Bustos o Paco Urondo estuvieron ausentes de librerías y bibliotecas. Por fortuna, nuevos vientos nos trajeron de vuelta aquellas voces de nuestros poetas que trataron de abortar en vano, y hoy podemos desandar un camino de versos señeros que ya no están crepitando en las hogueras criminales de los dictadores, sino que ahora alumbran la esperanza de los jóvenes de hoy.” Edwards lee un poema de Gelman en el que menciona a Bustos: “Ahora miguel ángel cruza la noche del país/ va en un caballito de fuego/ se le caen las palabras que tiemblan como el sur/ se le caen balazos de esperanza”. A Macarena Gelman, diputada en el Congreso uruguayo por el Frente Amplio, le gusta que la convocatoria sea para leer poemas de su padre Marcelo, secuestrado y asesinado en 1976. “Más allá de que lea algún poema de mi abuelo, traer a este encuentro la palabra de mi padre para mí tiene un significado muy especial.” Un primo paterno le regaló a Macarena una edición casera de Naturaleza para leer, poemas que su padre escribió entre 1969 y 1970. En ese puñado de poemas está “Despedida”: “Me despido de este país./ Me despido de mis amigos,/ de mis enemigos./ Amigos/ Sólo quiero recordarles/ que no dejen de ser mis amigos./ Sólo quiero recordarles/ que no me olviden/ a la marcha del tiempo,/ a la marcha del tren/ en que me vaya/ que borran la/ huellas de la amistad lejana”.

Camilo Juárez, hijo de Enrique “Quique” Juárez –integrante de Cine Liberación, fundador de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), secuestrado en diciembre de 1976–, recupera el poema de apertura del documental que filmó su padre sobre el Cordobazo, Ya es tiempo de violencia, de un poeta guatemalteco, Otto René Castillo, asesinado por la dictadura de Guatemala. Lee además un poema propio, otro de Gelman y otro de Urondo, en homenaje a su madre Alicia País –diseñadora de vestuario para cine y teatro–, militante de la juventud peronista que murió en diciembre de 1977 en la cárcel de Devoto. Martín, nieto de Oesterheld, habla incluyendo también a su primo hermano, el poeta Fernando Araldi. “Nos genera una situación muy particular cada vez que se arman este tipo de acontecimientos donde la figura de Héctor se transforma en algo que es muy difícil de explicar, pero que es una especie de cercanía, como si lo tuviéramos al lado nuestro”, dice el realizador de La multitud. “Yo fui la última persona que vio a mi abuelo. Cuando tenía cuatro años, me llevaron al centro de detención (El Vesubio) y pasé toda una tarde con él. Se me grabó en mi interior esa presencia de estar con una persona querida durante toda una tarde. Siempre que hay este tipo de actos y si se lee algo de la obra, que es la parte vital de mi abuelo, me da la sensación de que vuelvo a ser un chico nuevamente, que estoy sentado junto con él y lo vuelvo a tener al lado mío”, cuenta con la voz temblando. Miguel Martínez Naón interpreta textos de Oesterheld publicados en Más allá de Gelo (Planeta).

Carlos Pisoni, hijo de Rolando Pisoni e Irene Bellocchio, militantes de la Juventud Universitaria Peronista y la Juventud Trabajadora Peronista, secuestrados en agosto de 1977, repudia la quema del muñeco con la imagen de Hebe. “Nosotros estamos dispuestos a discutir, a debatir, a construir en las diferencias, pero no estamos dispuestos a que una manga de inútiles quemen un pañuelo blanco. Los pañuelos no se queman; los pañuelos se llevan como bandera hasta la victoria.” Después lee un par de poemas que Ana María Ponce escribió durante los meses que estuvo en cautiverio en la ESMA y que gracias a la sobreviviente Graciela Daleo llegaron a manos del hijo de Ponce, Luis Macagno. Se publicó una primera edición en 2004, prologada por Néstor Kirchner, que se puede descargar en la web del programa Memoria en Movimiento: www.memoriaen movimiento.gov.ar

“Yo amo/ tu escribes/ él sueña/ nosotros vivimos/ vosotros cantáis/ ellos matan”, cita Edwards un poema que Roberto Santoro escribió “con el aliento de sus asesinos en la nuca”. Emilia, su hermana, lee una selección de poemas de este gran poeta que perteneció a la generación del ’60, secuestrado el 1º de junio de 1977, autor de Uno más uno humanidad (1972), Las cosas claras (1973) y No negociable (1975), entre otros libros.

El momento de mayor emoción, cuando las lágrimas se escapan del corral de las pestañas, lo protagoniza Angela Urondo junto con su hijo mayor. El pequeño Boris recita un poema de Urondo. “El tiene un abuelo que no llegó a conocer, pero es suyo. Esta es una forma de contarle que los vínculos existen, a pesar de la desaparición forzada”, aclara Angela. Boris saborea, sin apuro, las palabras de su abuelo.

Hebe arremete con un texto de su hija Alejandra, escrito cuando las Madres cumplieron 30 años de lucha. Y calienta más el ambiente cuando opta por cerrar con el poema “Che”, incluido en Cuestiones con la vida, de Humberto Costantini. “En las palabras de estas personas, en sus escritos, está la vida; no van a morir nunca todos aquellos que dieron su vida por esta patria, todos los que fueron capaces de poner lo mejor que tenían para que este país sea hoy lo que es. Yo estoy feliz de ver a tantos jóvenes que pueden hacer, cantar, jugar, dirigir, correr y ser felices, porque nuestros hijos eran muy felices con lo que hacían y nunca pensaban en ellos, siempre pensaban en el otro”, subraya Hebe, enfática y aguerrida como siempre. “Ahora las madres, con tantos años que tenemos, podemos disfrutar esto que pasa. Nos parece que es tanto lo que tenemos que agradecerles a Néstor y a Cristina. Néstor nos dejó en las manos muchas cosas que tendríamos que tomarlas, tendríamos que darnos cuenta cuando nos dijo que éramos sus madres, que nuestros hijos eran sus compañeros; es el mejor regalo que nos hizo.”

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Uno de los momentos más emotivos de la tarde: Boris Urondo leyó un poema de su abuelo Paco.
Imagen: Carolina Camps
 
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