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Martes, 14 de julio de 2015

TEATRO › CRISTINA LOBAIZA Y SOñAR CON COCODRILOS

De mujeres cruzadas

Impulsada por la actriz Mercedes Arce y el director Javier Pistani, la poeta y artista plástica llevó a escena un texto que pone en juego a una madre, su hija y una empleada doméstica.

 Por Cecilia Hopkins

Cuando en 2000 Cristina Lobaiza –por entonces psicoanalista y escritora inédita– presentó su poemario En memoria nuestra al prestigioso Premio Esquío de Poesía se prometió que, aun cuando no lo ganara, lo publicaría ella misma. Cuando viajó a Galicia a recibir el premio, comprendió que ciertas cosas habían cambiado y que debía procesarlas: “A nivel identidad fue muy fuerte”, asegura, y termina entre risas. “¡Me estaban tratando como a una poeta!”. Lobaiza decidió que de allí en más continuaría publicando y que también incursionaría en la narrativa. Poco después comenzó a concebir poemas desde una óptica plástica, siempre en torno de lo femenino. Estas obras surgieron tanto desde la manipulación de cartas familiares como de la creación de objetos con materiales diversos. “Recorrí ferias y mercados de pulgas y comencé a atacar los objetos que compraba: tenía la desesperación de darme volumen, de ganar terreno, de avanzar”, describe.

La llegada a la escena de Lobaiza fue decisión de Mercedes Arce y Javier Pistani, actriz y director respectivamente –también hija y yerno de la autora–, quienes adaptaron uno de sus textos: con el nombre de Soñar con cocodrilos, acaba de estrenarse en el teatro El Túnel (Bonpland 2050), los viernes a las 20.45. Se trata de un unipersonal basado en Estamos bien, prosa poética de Lobaiza que describe las primeras impresiones de una mujer joven que acaba de perder a su madre, una situación de sentimientos contradictorios que fluctúan entre la piedad y el rechazo. “Desgarrada, con el cuerpo dividido, la hija no pudo ver sufrir a su madre pero también necesitó separarse de ella”, describe la autora y completa: “Es por esto que se ve afectada de una dislexia que le impide leer”. Lo que, en cambio, se potencia en ella es la posibilidad de multiplicar las voces de su discurso. Además de la madre asoma la voz de la sirvienta, un personaje que pudo darse otro destino después de vivir cama adentro, a las órdenes de la mujer altanera que acaba de morir. Asimismo, en el soliloquio del personaje de Soñar... se infiere el contexto sociocultural en el que suceden los violentos conflictos que remiten a diferencias de género y de clase.

“La díada madre e hija es una relación que tiene un potencial conflictivo muy grande y creo que fue muy poco explorada en la literatura y en el teatro”, opina. En Soñar con cocodrilos esta dupla abre, según su óptica, “un universo de amor y de ternura, pero también de incomodidades y reproches al estar presentes todos los matices de esa relación, lo luminoso y pleno, lo sombrío y lo despiadado”. La otra dupla, patrona y sirvienta, también se perfila plena de oscuros conflictos y resentimientos.

“Cada una a su modo, las tres mujeres tienen dificultades para apropiarse de su cuerpo”, analiza Lobaiza antes de advertir que la articulación de la obra es precisamente la noción de “cuerpo expropiado”, un tema central, según apunta, en las reflexiones de la psiquiatra Franca Ongaro de Basaglia, autora de Mujer, locura y sociedad, libro emblemático de la antipsiquiatría.

“La hija es un cuerpo partido al medio; la sirvienta, un cuerpo que se inventa, y la madre, un cuerpo en retirada”, describe Lobaiza y concluye: “El cuerpo es el lugar donde se pone en juego la desigualdad”. También subraya la autora que la mayor parte de los abusos que sufre la mujer tienen que ver con su corporalidad. Y aunque considera que lo femenino, “esos modos particulares de esperar, de padecer o de negociar el poder”, también puede encontrarse en un cuerpo masculino, hay experiencias que, como la maternidad, ponen a la mujer en un lugar de poder único. Porque, según la opinión de la autora, “la cultura trabaja incansablemente para atenuar la enloquecedora experiencia de que a las mujeres nos salga una persona del cuerpo”.

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“Estas mujeres tienen dificultades para apropiarse de su cuerpo.”
 
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