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Sábado, 3 de septiembre de 2016

TEATRO › ENTREVISTA A OSCAR BARNEY-FINN, POR LA OBRA EL DICCIONARIO

“Tomo el teatro como un laboratorio”

Director de teatro y cine, régisseur y guionista, montó la pieza del granadino Manuel Calzada, que se centra en la vida de la bibliotecaria y lexicógrafa española María Moliner.

 Por Cecilia Hopkins

Con tres estrenos teatrales en lo que va del año, Oscar Barney- Finn –director de teatro y cine, régisseur y guionista– luce sorprendido de su vitalidad creativa. No es para menos: luego de la reposición de Poder absoluto, de Roger Peña Carulla, del estreno de La herencia de Eszter, de Sandor Marai, el director sumó a la cartelera, El diccionario, obra del granadino Manuel Calzada. El director, cuya obra fílmica mereció en abril un ciclo organizado por el Museo del Cine que también incluyó registros de algunas de sus puestas teatrales, asegura en una entrevista con este diario: “Estoy en un momento en el que necesito mirar hacia atrás pero no por melancolía sino para proyectar el futuro”. Ese ejercicio reflexivo de considerar parte de lo realizado le sirvió, según apunta el director, para determinar que aunque se haya volcado en el último tiempo al teatro no por eso resignará algunas ideas y guiones que guarda en carpeta a la espera de condiciones favorables para su concreción. “Soy de largo aliento”, advierte acerca de su paciencia, en tanto considera: “Pude conquistar muchas cosas en la vida y otras no se dieron”. Conversador y memorioso, el director cuenta anécdotas al respecto. Esas historias le darían material para varios guiones.

El Diccionario se centra en la vida de la bibliotecaria y lexicógrafa española María Moliner (1900-1981) autora del célebre Diccionario de uso del Español, dos tomos que cuestionaron en los años 60, cuando se publicaron tras 15 años de trabajo sostenido, muchas de las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española, por su óptica machista y restrictiva, en general. Pero junto a la empecinada tarea que emprende Moliner sin el apoyo de ninguna institución, la obra hace foco en la enfermedad degenerativa que fue minando la memoria de la estudiosa, junto con la caída de la Segunda República y el advenimiento del franquismo. En la puesta que puede verse en El tinglado de Mario Bravo al 900, el rol protagónico está a cargo de Marta Lubos, en tanto que Daniel Miglioranza interpreta al neurólogo que trata la enfermedad de la especialista y Roberto Mosca, al resignado marido, catedrático de Física y republicano, como la propia Moliner.

Barney-Finn sumó música al montaje, tomando en cuenta que el marido de la protagonista tocaba el piano. “Siempre me gusta contar con la música porque me ayuda a dar con el clima que necesito”, explica. Del médico reforzó su simpatía por el franquismo acentuando el carácter insistente de su indagación sobre la vida de su paciente. Los tres espacios en los que la obra se desarrolla –el consultorio del médico, un ámbito central que conecta con el otro ambiente, el de los recuerdos familiares– apuntan, según analiza director, a lograr un poder de síntesis y un juego con los tiempos, elementos que aportan el cariz cinematográfico de la puesta.

–¿Cómo se aproxima a la obra que elige montar?

–Yo tengo que encontrarle una mirada propia a cada obra porque tengo que saber qué es lo que quiero expresar con ella. No soy un puestista: me gusta buscar, perder la noción del tiempo en los ensayos. Tomar al teatro como un laboratorio, porque no estreno hasta que el trabajo no está maduro. En cambio, en ópera, cine o televisión hay que cumplir con determinados plazos.

–Usted comenzó haciendo cine, luego hizo teatro, televisión y ópera. ¿Cómo fue ese tránsito?

–Fue sucediendo naturalmente, aunque fui resistido cada vez que entraba en un nuevo ámbito por venir de otro lado. Finalmente, cada lenguaje tiene sus propias reglas y fui tomando de todos algo. Pero lo primero fue el cine: empecé haciendo un cineclub en Berisso con mis amigos. Luego estudié cine en París. Y todo lo demás se fue sumando. Incluso la docencia, que me hizo crecer muchísimo.

–Asombra la reacción del público…

–Creo que eso pasa porque la gente agradece un trabajo que transmite emotividad. También interesa el tema del Alzheimer. Ver la reacción del público me llena de energía, me renueva.

–¿Qué aspectos de la propia Moliner admira?

–La veo como a una mujer que decidió estar en contra del mundo autoexiliándose de su país, encerrada en su casa. Tenía una obsesión por cumplir sus objetivos y lo hacía como si estuviera peleando contra molinos de viento. Admiro su lucha, su rigor y su compromiso ideológico en una época difícil para concretar proyectos. Hoy me pregunto qué pasará con los sueños en un momento como éste, en el que parecen haberse estrechado la posibilidad de concretarlos.

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Barney-Finn ya lleva estrenadas tres obras en lo que va del año.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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