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Martes, 13 de septiembre de 2016

TEATRO › CAYó UN 32 POR CIENTO LA CANTIDAD DE ESPECTADORES EN LOS TEATROS

Una situación “muy complicada”

Si se contempla la inflación, en agosto la recaudación en las salas porteñas disminuyó un 60 por ciento respecto del mismo mes de 2015. Y ya se registra una notable caída en la producción, tanto para esta temporada como para la del verano próximo.

 Por Paula Sabatés

Como parte de una tendencia que viene desde hace varios meses, la actividad teatral comercial registró en agosto su peor caída en lo que va del año. En las salas porteñas nucleadas en la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet), la caída de espectadores con respecto al mismo mes del año pasado fue del 32 por ciento. También bajó la recaudación, que sin tomar en cuenta la inflación interanual fue del 13 por ciento, pero cercana al 60 si se contempla esa variable. La cantidad de público disminuyó también en el interior del país y ya se registra una notable disminución de producción, tanto para esta temporada como para la del verano próximo.

Para el presidente de la Aadet, el productor Sebastián Blutrach, la situación de la actividad es “muy complicada”. “Las cifras son fuertes y muestran la dificultad que los productores tenemos para planificar hacia adelante. Los que tenemos salas producimos porque no podemos dejarlas vacías, pero más por eso que porque sea un negocio. Y los que no tienen salas se están defendiendo como pueden”, cuenta a Página/12 el también dueño del Teatro Picadero, que hace unos meses empezó a producir en México y en España para equilibrar su situación. “Tengo vínculo con esos países hace tiempo, pero si el la Argentina no estuviera como está, seguramente no habría estrenado algunas de esas producciones”, asegura.

La crisis del sector, además de en la baja de espectadores, se nota también en las producciones: el mes pasado hubo un 18 por ciento menos en cantidad de funciones. Es cierto que en 2015 las vacaciones de invierno habían durado hasta los primeros días de agosto y este año solo fueron en julio, pero aún contemplando ese factor –que siempre da un empuje, más o menos importante, a la actividad—, los números aún estarían por debajo del año pasado. En la Capital Federal, algunos de los teatros más importantes solo tienen reposiciones de la temporada de verano y no estrenos. Otros, como el Regina, La Comedia, el Multiteatro o el Tabaris, directamente tienen algunas de sus salas –si no todas– sin programación. Y aquellas producciones que se estrenan son de menor formato y visiblemente menos inversión.

Para los miembros de Aadet, el problema no es sólo de los empresarios, sino que afecta a todo el sector. “No sólo bajaron el consumo de teatro y la venta de entradas, sino que también se está generando una pérdida importante en el trabajo de los actores. Por la coyuntura del país, hay menor producción de cine, una televisión de aire llena de latas extranjeras y una TDA con poquísimo desarrollo, y dos de los teatros públicos cerrados. Es un momento difícil para el gremio”, asegura Blutrach, que opina que “es todo parte de un programa económico que no te da alternativas”.

En ese sentido, al problema “macro” se suma otro, según Carlos Rottemberg, el empresario de mayor experiencia y conocimiento del sector. Productor detrás de Salsa criolla, que en su reposición a treinta años de su estreno hizo funciones el año pasado y éste con Enrique Pinti, y un numeroso elenco de actores y bailarines en escena, Rottemberg estrenará el año próximo otro espectáculo con el capocómico, pero esta vez unipersonal, por la dificultad de pagar sueldos a más artistas. “A la coyuntura innegable se le suma un problema que venía de antes, que tuvo que ver con la repentina Ley del Actor. Como la torta no se estira, indefectiblemente iban a caer los puestos de trabajo y eso es lo que está sucediendo”, sostiene Rottemberg, que lamenta que este momento de crisis no encuentre “encolumnados” a los principales agentes de la actividad, en referencia a su pelea con la Asociación Argentina de Actores a raíz de las diferencias en torno a esa ley.

Si bien siguen habiendo algunos espectáculos que son un éxito de público (como Toc-Toc, Del otro lado de la cama o Nuestras mujeres, por ejemplo), también los máximos esperados están cambiando. “Hoy aparecen en la lista de Aadet de las diez obras más vendidas algunas que tienen 800 espectadores por semana. Hace dos años, con esos números el dueño del teatro no te renovaba la sala”, grafica Blutrach, quien ante la pregunta de Página/12 sobre qué cree que pasaría si aumentara aún más el precio de las entradas (que subió un 27 por ciento interanual y tiene un valor promedio de 380 pesos), arriesga que “el que aumenta, quiebra primero”. “Generar la sensación de que el teatro es caro no le conviene a nadie”, asegura.

Por último, además de la demanda externa, también son un problema los costos internos de la actividad. Si bien las salas consiguieron que la tarifa de agua no se calcule en base a metros cuadrados sino a partir del medidor, las boletas de luz siguen llegando con los aumentos descomunales que se conocieron hace unos meses. Preocupados por esta situación, algunos dueños de teatros están optando por la reconversión a tecnología LED. “No es lo mismo artísticamente, así que estamos cambiando todo a LED salvo el escenario. Vamos a ver cómo resulta, porque no nos queda otra que buscar alternativas para poder seguir”, cierra Blutrach.

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La crisis del sector, además de en la baja de espectadores, se nota también en las producciones.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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