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Jueves, 10 de noviembre de 2005

TEATRO › RUBEN SZUCHMACHER HABLA DEL CICLO CEROCINCO(05)

La efeméride como marca

En la puesta que arranca hoy, el director fue coordinador de varias obras que, a través de un aniversario, rescatan a figuras como Julio Verne, Greta Garbo, Miguel Cané y Sartre.

 Por Hilda Cabrera

“Si no tengo un frontón, me cuesta pensar. Funciono por reacción.” Ese costado “contrera” de la personalidad del actor y director Rubén Szuchmacher originó un ciclo de obras teatrales que se desarrolla en torno de ciertas efemérides. Lo movilizó –cuenta– el hecho de que las efemérides fueran consideradas asunto menor por los gestores culturales de avanzada. Favorece a su producción la circunstancia de que en Argentina se multiplican las situaciones que requieren oposición. “Por eso uno es tan pródigo”, bromea. Este match no lo experimentó durante su estadía en Alemania, entre 1989 y 1992, a pesar de la caída del Muro y el consiguiente cambio. Su existencia era apacible: “No tenía pelea”. La opinión de un inmigrante turco era seguramente otra. Su apellido acusa ortografía polaca y es judío. De ahí que, cuando quería lograr algo, lo resolvía aludiendo a su origen: “Es difícil quebrar la opinión de un alemán, pero comprobé que la culpa histórica funcionaba a mi favor”. Las obras que integran el ciclo cerocinco(05) –que se desarrollará en El Kafka, de Lambaré 866, a partir de hoy y hasta el 4 de diciembre– rescatan las figuras de Julio Verne, Miguel Cané, Friedrich Schiller, Greta Garbo, Christian Dior y Jean-Paul Sartre. Son interpretadas por distintos elencos y dirigidas cada una por Rita Cosentino, Luciano Cáceres, Gonzalo Córdova, Luciano Suardi, Jorge Ferrari y Horacio Banega. Szuchmacher oficia esta vez de coordinador y gestor de un programa que piensa reiterar el año próximo con otras piezas y otra idea abarcadora.
–¿Qué valor les atribuye a las efemérides?
–Una efeméride es una marca que nos atraviesa: no es lo mismo cumplir 50 años que 30. A partir de ciertas identidades, y con la colaboración de Daniel Barbra –que integra la cooperativa de ElKafka–, busqué fechas que tuvieran un 05 incluido. De todo el material hallado, seleccionamos tres nacimientos y tres muertes. La muerte de Cané coincide con la de Verne y los nacimientos de Garbo, Dior y Sartre. Pero la de Schiller, en 1805, con ninguna otra de los elegidos.
–¿Por qué esta selección?
–Este recorte es aleatorio. Quería instalar otros mundos imaginarios. El teatro tiene hoy limitaciones temáticas y, en cualquier sociedad, no solamente en la nuestra. Uno se pregunta por qué estas personalidades no son materia del presente, siendo tan ricas. Este tipo de trabajo me permite dialogar y discutir con los directores, quienes aportan a su vez elementos muy personales. No los cuestiono, pero debatimos.
–¿Quién se encargó de repartir las efemérides?
–Las decisiones fueron mías. Conozco bien a los directores y elencos. Pensé que Horacio Banega, autor, director y licenciado en filosofía, podía decir algo interesante sobre Sartre. Jorge Ferrari dirige por primera vez y está encantado. Es el artista justo para Dior, por su sensibilidad como escenógrafo y vestuarista. Córdova, iluminador, conoce el idioma alemán y discute sobre estética. ¿Por qué no “romperle” la cabeza a Schiller?
–¿Cómo se insertan los textos de estos autores?
–No es necesario introducirlos, además algunas de las personalidades elegidas no escribieron, como es el caso de Dior. De Schiller pedí que se trabajara en torno de Sobre lo sublime, donde este autor y poeta parte de la problemática de la libertad frente a la naturaleza. La propuesta de Suardi para Garbo está centrada en una frase que la actriz repite en sus películas: “Quiero estar sola”. Charlamos con él sobre la manera en que Hollywood “matriza” las cabezas de las personas. Los disparadores son los personajes y no sus escritos: Christian Dior et moi (con dramaturgia y dirección de Jorge Ferrari) es un monólogo construido a partir de declaraciones de este famoso modista. Cáceres dirige Cané con dramaturgia de Leandro Halperín, que se ocupa de historia. Cané quedó relegado por los investigadores. Se lo conoce por su libro Juvenilia, básicamente. Aunque uno de los títulos del ciclo es Las palabras de Sartre, las ideas son tomadas de Las manos sucias. Es una pregunta sobre la violencia y sobre dónde quedó la idea de transformar el mundo.
–¿Proponen un enlace con el presente?
–En algunas obras esa conexión es mayor que en otras, pero el propósito es interaccionar disciplinas, como en Mobilis in mobili, título caprichoso que nada nombra. Este es un espectáculo visual y musical, con secuencias que intervienen sobre un video. Hace tiempo, le pedí a Guillermo Heras (autor y director español) que participara del ciclo. Su texto se fue modificando con los trabajos de Rita Cosentino y Bárbara Togander, con quien compusimos juntos la música que utilicé en la puesta de Las troyanas. Guillermo se inspiró en unos poemas obscenos de Verne. Horribles.
–¿Le sirvió para este ciclo su experiencia en los teatros y centros culturales oficiales?
–Sí, a pesar de las diferencias que existen con el circuito alternativo. Pudimos iniciar este ciclo porque recibimos apoyo de varias entidades. Esta es una producción de pocos recursos y sin condicionamientos artísticos.
–¿Cuáles son sus efemérides?
–El golpe militar del 24 de marzo de 1976, la caída del Muro de Berlín (el 9 de noviembre de 1989), la debacle nacional de 2001 (19 y 20 de diciembre) y antes, el Cordobazo del 29 de mayo de 1969. De éste tengo imágenes muy precisas. Me veo yendo en bicicleta a casa, apurándome para ver televisión. En Telenoche, Andrés Percivale relataba lo que sucedía en las calles de Córdoba. Mis efemérides son históricas, ninguna privada. Están las de la muerte de algunos seres queridos, pero esos recuerdos no son los que se me aglutinan.

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“Este recorte es aleatorio, quería instalar otros mundos imaginarios”, dice Szuchmacher.
 
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