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Martes, 7 de junio de 2011

CHICOS › CANCIONES A UPA Y CIRCO A UPA

Teatro con chupete

Proyecto Upa tiene su propia sala, en la que se pueden ver dos obras dedicadas para bebés a partir de los ocho meses. “Hay una conexión directa con lo que pasa en la platea”, dice Patricia Palmer.

 Por Sebastián Ackerman

Los chicos más chiquitos tienen sus propios programas de televisión, sus propias marcas de ropa y calzado, desde hace 15 años sus propias obras de teatro de la mano de Proyecto Upa y ahora también, a partir de esta temporada, su propia sala teatral, en la que se pueden ver las dos obras dedicadas especialmente para bebés a partir de los ocho meses. Gabriela Hillar, fundadora del proyecto, explica a Página/12 que una sala de teatro para bebés “no puede ser una sala peligrosa, tiene que garantizar desde que entrás hasta que te vas que tu hijo pueda caminar, pueda andar, pueda experimentar, porque es la actitud natural que va a tener”, analiza. Y cuenta que para ello “armamos plateas blandas con colchonetas, con gradas, para que no haya una platea con butacas, que es otro tipo de experiencia”, compara sobre lo que pueden experimentar padres e hijos, a upa o no, con Canciones a upa los domingos a las 15.30 y el estreno de Circo a upa, a las 16.30, en El Taller del Angel (Mario Bravo 1239).

Junto a Patricia Palmer, propietaria del teatro, apostaron a armar un espacio en el que la experiencia teatral que va a tener el chiquito, seguramente por primera vez, sea una experiencia integral: “Nadie va a hablar puntualmente de las actrices, de la escenografía, del baile o de la música, sino que hay una percepción integral de lo que significa vivir la experiencia artística con un bebé chiquito”, dice Hillar. Y apuesta a que el chico va a ver “una propuesta teatral, la elaboración de una dramaturgia, una puesta en escena, una dirección de actores, de clowns, una coreografía”, propuesta que incluye un trabajo actoral de reformulación de su formación, ya que actuar para bebés implica otro tipo de vínculo entre el escenario y la platea: en las obras para bebés no hay representación, es “un diálogo directo, hay una conexión directa con lo que pasa ahí abajo, que el actor retoma e incorpora dentro de una estructura dramática. Para eso los actores tienen que laburar un montón”, se entusiasma.

Las obras duran alrededor de 30 minutos (“el tiempo que un bebé puede atender a una experiencia artística”, asegura Hillar), y plantean diferentes situaciones por las que atraviesa un bebé, como dejar el chupete o el pañal, y aprender a compartir en Canciones... o quedarse dormido, malvestirse, encontrar algo para jugar en la maleta, que “es el mundo que el clown lleva consigo” en Circo a upa. “Tratamos de representar esta preparación que es jugar a las proezas, que es lo más común del circo, los malabares y el equilibrio. La idea es acercar un lenguaje diferente”, adelanta respecto del estreno de este año, en la que también se combinan distintos estímulos sensoriales para generar el “hecho artístico”, ya que de esta manera “es como se presenta el mundo cuando somos bebés”. “En algún lugar del inconsciente se guarda esto, y va generando una matriz de percepción específica con respecto a cuestiones artísticas”, argumenta.

La sala del Taller del Angel es la primera de Argentina acondicionada específicamente para un público bebé: las paredes tienen decoración para ver y tocar, la platea está constituida por colchonetas y almohadones, hay espacio para que los chicos caminen o gateen, un “estacionamiento para cochecitos” y se puede salir de la sala y volver a entrar durante la presentación. Pero Hillar sostiene que la ventaja es más que “ser los primeros”: tiene que ver con concebir el hecho artístico como un todo. “No hay hecho artístico si no hay un espacio que favorezca vivir la experiencia de manera confortable”, define, y por otro lado apunta a favorecer la expresión del chiquito para que “pueda caminar cómodamente por la sala, que pueda bailar si quiere, se puede vincular con otro chico que va a ser su amiguito por esa canción, y por ahí en la próxima haga otro amiguito. Que se queden parados. Que se sienten. Tiene que ver con la libertad de expresión en relación con la propuesta artística”, destaca.

Psicopedagoga, docente del nivel inicial, cada uno de los espectáculos está pensado desde la perspectiva de desarrollo del bebé, teniendo en cuenta cada etapa de la formación de la subjetividad que empieza a armarse en esos primeros años. Por eso lo de a upa: “El niño que mira está sostenido por otro, no está solo. Está puesto a disposición de algo nuevo. Hacer upa presupone una contención previa para que el niño esté dispuesto a mirar algo distinto de mamá y papá”, ilustra la autora sobre el porqué para bebés “desde ocho meses”, aunque piensa que las propuestas conquistan a los padres porque “remiten a la primera infancia, que si no tuviste una infancia traumática, generan ternura y dan ganas de revivir algo de eso como adulto, y desde ahí sostenés a tu bebé y lo invitás a que pueda participar de un hecho artístico”.

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Las obras duran alrededor de 30 minutos, el tiempo que un bebé puede prestar atención.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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