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Martes, 7 de junio de 2011

PLASTICA › LA PRESENCIA DE NUESTRO PAíS EN LA BIENAL DE ARTE DE VENECIA

Fuerte impulso al arte argentino

En la 54ª Bienal veneciana, donde la Argentina cuenta desde ahora con un pabellón propio, la Presidenta firmó el convenio que cede al país un espacio privilegiado y dejó inaugurado el impactante envío nacional.

 Por Fabián Lebenglik

Desde Venecia

Sucedió algo largamente esperado: la Argentina ya tiene un pabellón propio en la Bienal de Venecia. Se trata de un espacio de 500 metros cuadrados en el privilegiado sector de los Arsenales, el más visitado de la Bienal junto con la zona de los Giardini. El viernes pasado, como informó este diario al día siguiente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –que inauguró el envío argentino– firmó en esta ciudad el convenio que cede un lugar permanente para nuestro país durante los próximos 22 años.

La Bienal de Venecia es la más antigua e importante del mundo en su género y constituye un hecho inédito que un presidente argentino se haga presente aquí para impulsar las artes visuales de nuestro país en el mundo.

El pabellón argentino, que ahora está enmascarado y seguirá así durante los próximos meses hasta terminarse su restauración para ponerlo en condiciones óptimas para presentar exposiciones, será sede de las bienales de arte durante los años impares y de las bienales de arquitectura durante los años pares. La Argentina participa activa y regularmente de estas muestras, pero hasta ahora lo hacía alquilando diferentes lugares: a partir de ahora tendrá sede fija y propia.

La obtención del esperado pabellón argentino se debe en buena medida al impulso de la directora general de Asuntos Culturales de la Cancillería, embajadora Magdalena Faillace, y de su colaborador, el ministro Sergio Baur.

Como este espacio está actualmente intransitable y pronto estará en obra, hubo que alquilar otro para presentar el envío argentino y se consiguió uno a pocos metros del pabellón, donde la obra de Adrián Villar Rojas (AVR, Rosario, 1980) luce de un modo impactante. Como explica el curador del envío argentino, Rodrigo Alonso, las obras de AVR, “contra toda adversidad, crecen en situaciones inhóspitas, poniendo de manifiesto la capacidad humana para desafiar lo viable y materializar la imaginación. Sus esculturas monumentales son siempre trabajos en proceso, que van modificándose a medida que se superan los obstáculos momentáneos y se vislumbra la posibilidad de ir más allá. Son ocasiones de riesgo, situaciones experimentales guiadas por el convencimiento de una necesidad estética que se hace carne en cada pieza con la fuerza de un imperativo ético. Asumen el destino de Fitzcarraldo, esa energía capaz de superarlo todo en función de un sueño que se presume capaz de transformar la realidad”.

Ficción y realidad; sueño y vigilia, son temas que muchas veces Borges hizo propios y que en la obra de AVR se cruzan junto con todo un pastiche de citas, comenzando por el cuento borgeano “Las ruinas circulares”, donde el que sueña es a su vez soñado.

Adrián Villar Rojas trabajó in situ durante más de dos meses con un equipo de colaboradores para generar una obra de fuerte impacto en la que espacio y materia están muy bien articulados. El artista argentino presenta El asesino de tu herencia, un conjunto de piezas escultóricas monumentales, realizadas en arcilla y cemento (en distintas proporciones). Las obras están emplazadas de tal modo y con la distancia mínima indispensable como para producir el efecto de un bosque fantasmagórico que cada visitante debe recorrer y descubrir por partes. Las dos aberturas de entrada/salida al espacio son proporcionalmente (y con toda intención) muy chicas, de modo que resulte imposible que el visitante pueda saber lo que le espera antes de acceder al recinto.

Para recorrer el espacio y las obras el visitante necesita más distancia de la que hay para ver todo, pero el artista no quiere que se vea el bosque sino el árbol. Y aunque todo el tiempo se descubren detalles, hay sectores que a propósito resultan inaccesibles para la mirada. Este resto inaccesible es también un resto de sentido que cada uno debe imaginar. Y de a poco se encuentran citas y relaciones en ese pastiche cultural de formas donde toda cita queda subsumida por el carácter retórico del conjunto. Desde el título que parece tomado del grupo punk bonaerense Flema (la canción “Recitado”, publicada en 1994), completamente afín –pesadillas melancólicas, juvenilismo por encima de la juventud; onanismo, etc.– con el imaginario ambicioso y egolátrico del artista rosarino.

Los enormes bloques, muy trabajados y notoriamente contrastantes, no sólo resultan muy heterogéneos unos con otros, sino que cada una de las columnas supone fuertes contrastes de formas, figuras y texturas en cada una de sus partes. A pesar de la monumentalidad, hay por momentos un barroquismo formal que va del detalle al conjunto y del todo a la parte, ida y vuelta. Del brutalismo al hiperrealismo. De los mundos arcaicos a los futuros; ucronías, distopías y anacronismos. La muestra tiene una banda de sonido que suena como voces rituales recitando un mantra.

Y de la cita punk a la borgeana (del cuento nombrado más arriba: “...Soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad”), y de allí al comic franco-belga de ficción científica –Moebius– en interinfluencia con el manga y el animé japoneses. Pero al mismo tiempo toda cita se neutraliza en el conjunto asfixiante de toneladas de materia y escala desbordantes.

En esta obra monumental e impactante, sin embargo, el joven AVR queda un poco atrapado en una retórica a la que le falta distancia (física, sí, ex profeso, pero también simbólica). Así, a esta especie de cosmogonía operística le falta algo de ironía. La acumulación de mundos superpuestos y paralelos, esos mundos que durante la adolescencia brotan espontáneos como si fueran completamente propios, pero que luego se advierte que son hibridaciones en gran parte ajenas, preexistentes, contextuales...

Entre las numerosas repercusiones que generó la obra de Adrián Villar Rojas en este circuito internacional, el artista recibió el 9º Premio Benesse, otorgado por la empresa japonesa del mismo nombre y por la Naoshima Fukutate Art Museum Foundation. El premio se otorga desde 1995 en la Bienal de Venecia, un día antes de la inauguración, y hasta ahora lo han ganado, entre otros, Olafur Eliasson, Janet Cardiff y Rirkrit Tiravanija. El premio consiste en unos 12.500 dólares y en la comisión de trabajos futuros para el artista en Japón.

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Vista parcial de la monumental instalación de Adrián Villar Rojas.
 
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