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Martes, 19 de noviembre de 2013

CHICOS › SE ENTREGARON LOS PREMIOS DEL CONCURSO “¿QUIEN APAGA LAS ESTRELLAS?”

Crear nuevas historias y nuevos mundos

La ceremonia del certamen organizado por el Ministerio de Educación de la Nación y el ECuNHi reunió a todos los autores de los cuentos premiados, venidos de todos los puntos del país.

 Por Karina Micheletto

“¿Quién apaga las estrellas?”, preguntó en uno de sus cuentos Gustavo Roldán. Este año, más de dos mil chicos y chicas volvieron a hacerse esa pregunta, de otras tantas cantidades de maneras, al participar del primer concurso nacional de cuentos que llevó ese nombre. Organizado por el Ministerio de Educación de la Nación y el Espacio Cultural Nuestros Hijos, de Madres de Plaza de Mayo, el certamen reunió a todos los autores de los cuentos premiados, que viajaron especialmente desde Colonia Caroya, Córdoba; Calafate, el paraje Rivadavia de Salta, San Javier, una zona de Chacras cercana a Viedma, General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires, y también de la ciudad de Buenos Aires, para hacer talleres y visitas guiadas y recibir sus premios: la publicación de estos relatos en una edición especial, libros de regalo y otro viaje educativo y recreativo. La entrega de premios resultó particularmente emotiva no sólo por lo que significa un reconocimiento de este tipo para autores de entre 9 y 13 años, también por el encuentro de chicos que escribieron en realidades muy diferentes, desde las grandes ciudades hasta una escuela “de zona rural inhóspita” –“más que rural”, explicó su directora– del Chaco salteño.

Un jurado integrado por los escritores Laura Devetach, Ricardo Mariño y Ema Wolf; Margarita Eggers Lan, directora del Plan Nacional de Lectura, y Lucía Buceta, coordinadora del área de Letras del ECuNHi, tuvo a su cargo la difícil tarea de elegir los dos primeros premios y las ocho menciones. En la entrega de premios en el Ministerio de Educación se sumaron Teresa Parodi, directora del ECuNHi, y Daniel Pico, coordinador del Programa Educación, arte y cultura. “Este concurso no es más que una excusa para que ustedes se lancen a crear nuevas historias y nuevos mundos”, dijo a los chicos el funcionario.

Llegados desde los puntos más diversos del país, cada cuento trajo consigo otro: la historia de su propia producción. Muchos docentes compartieron la experiencia de escribir con sus alumnos. Una maestra de San Fernando contó que el concurso había revolucionado el colegio: los chicos llevaron a cabo un gran proceso previo a la escritura, que incluyó lecturas, dibujos y hasta ejercicios de respiración para trabajar la atención. También aparecieron espacios especiales de producción: la biblioteca ambulante Mientras Esperamos, que se encarga de recorrer las salas de espera del Hospital Pediátrico de Córdoba, entusiasmó a muchos chicos para que escribieran desde ese lugar. El cuento que se llevó el primer premio, “Preguntosis”, fue hecho por chicos del taller literario municipal Barriletes en vuelo, de Colonia Caroya, en Córdoba.

Entre los cuentos que obtuvieron una mención, “¿Por qué se va el sol?” se llama el que hizo Hilda Cornú, una nena de 11 años que vive en un pequeño paraje, en pleno monte del Chaco salteño. Rita Mansilla –la señorita que vino con ella, porque sus papás no se animaron a viajar tan lejos– cree que la historia apareció “por vivir con esos solazos enormes que hay allá, y más ahora, con sequía”. Cuando ese sol se va, Hilda, como todos los que viven por allí, no tiene luz eléctrica para reemplazarlo. La seño cuenta que su escuela, la Número 4262 Primera Junta, está ubicada en lo que se llama “zona rural inhóspita”: “Es más que rural, bien monte”, dice con una sonrisa calma. “Es de jornada completa y algunos chicos se quedan en el albergue que está en la escuela, porque viven muy lejos. Las clases comienzan a las 6 y media de la mañana, por el calor que empieza a hacer después. También por eso este año dimos clases sábados y feriados, y adelantamos el cierre de año.”

“Nosotros no tenemos luz eléctrica, no tenemos tele. Los ocho niños y las dos señoritas que nos quedamos a dormir en la escuela, a la noche nos manejamos con un pequeño panel solar, un generador y un farol. Lo que escuchamos son las cuatro radios locales, que se emiten desde los pueblos cabecera –sigue contando Mansilla–. Los jueves siempre estamos prendidos al programa de Cristina Rosetta, ‘la Doctora Coco’, una médica veterinaria del programa Pro Huerta, que invita a la gente a querer al monte y también incentiva siempre a leer y escribir. Un día, en medio de la noche y con poca luz (tratamos de no prender el farol por los bichos que junta) tomamos nota, como pudimos, de las bases del concurso. Nos atrapó la pregunta: ¿Quién apaga las estrellas? Será por eso de que allá no hay luz, solo en los pueblitos cabecera. No-sotros convivimos con un silencio tan espeso como el monte, y de noche miramos mucho las estrellas.”

El relato sigue con las peripecias que atravesaron para poder hacer llegar los cuentos por correo a tiempo, cuando ya se había ido el colectivo que pasa semanalmente por la ruta más cercana, a través de una cadena de favores bastante más complicada que un click de “enviar”. Rita Mansilla es directora y maestra de la escuela Primera Junta desde hace diecinueve años. Cuenta que allí crecieron sus hijos, porque todos estos años ha vivido prácticamente en la escuela. Habla orgullosa de Hilda, de sus ganas de escribir, de cómo disfruta con sus compañeros de la biblioteca de la escuela. Hilda es tímida para hablar, pero a ella también se le adivina su orgullo en la sonrisa colgada, en el guardapolvo blanco inmaculado, en el poncho salteño colgado al hombro para la ocasión. No es para menos: como todos los chicos aquí reunidos, Hilda ahora es escritora.

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Los ganadores verán sus relatos publicados en una edición especial.
Imagen: Bernardino Avila
 
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