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Jueves, 20 de octubre de 2016

CHICOS › DESDE HOY, EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE NUEVA MIRADA PARA LA INFANCIA Y LA JUVENTUD

El desafío de generar espacios propios

En cuatro sedes y con entrada gratuita, el encuentro lucha por demostrar las necesidades de una cinematografía acosada por la falta de fomento a la producción y la escasez de espacios de distribución y exhibición. Habrá cortos y largometrajes.

 Por Karina Micheletto

“Quince años de historia por los derechos de los niños y el audiovisual”. Con este lema, que implica a la vez un reconocimiento a la labor realizada y toda una declaración de principios, comienza hoy el Festival Internacional de Cine Nueva Mirada para la Infancia y la Juventud, que mostrará hasta el próximo miércoles parte de ese bien tan escaso: la diversidad de producciones cinematográficas dirigidas a esta franja de público.

Con sede en el espacio INCAA del Cine Gaumont, y también en la Sala Leonardo Favio de la Biblioteca del Congreso, en la Casa de la Cultura de la Villa 21 y en el Instituto Bernasconi, y con entrada libre y gratuita, la programación abarca una retrospectiva y cortos y largometrajes que forman parte de la competencia del festival. También preestrenos como la película animada Anida y el circo flotante, de Liliana Romero, que podrá verse el domingo a las 14 en el Gaumont, con la presencia de la directora y los actores que pusieron las voces. La apertura del festival (también a las 14 en la sala de Rivadavia 1651) mostrará hoy el otro largo argentino: La inocencia, de Eduardo de la Serna (una película que, aunque no está dirigida específicamente a un público infantil, se centra en la infancia, retratando dos modos muy diferentes de transitarla).

“Hace tres años que en la Argentina no se produce una película para niños”, advierte Susana Velleggia, directora del festival, consultada sobre esta escasa presencia local dentro de la programación. “Y esto corre también para la televisión: todo lo que hoy se sigue pasando por Encuentro y Pakapaka se hizo del año pasado para atrás. Se cortó toda la producción”, describe. El limbo jurídico que dejó la derogación parcial de la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual agrava el panorama para fondos de fomento y las pautas referidas a la infancia que preveía esta norma. Mientras tanto, al menos, se mantiene el Conacai, Consejo Nacional Asesor para la Comunicación Audiovisual y la Infancia, creado por esa ley. En este complicado contexto, Velleggia recibe con particular entusiasmo el próximo estreno en las salas del país de Anida y el circo flotante, que el festival adelantará.

Velleggia es socióloga, directora de cine, docente e integrante del Conacai, y tiene analizado el tema: “Cada año, entre el top ten de las películas de mayor facturación y cantidad de espectadores, hay tres o cuatro tanques de Hollywood para chicos. Quiere decir que negocio, y público, hay. ¿Por qué, entonces, no se produce en Latinoamérica? Cada vez que se habla de formación de público, un tema tan remanido en los congresos y convenciones, yo pregunto: ¿cuándo creen que hay que formar al público para nuestro cine? Porque en las pantallas de América latina el cine producido por Iberoamérica ocupa menos del 2 por ciento. El único que tiene una porción importante de espacio de pantalla es el cine español en España. Las pantallas de nuestros países no nos pertenecen a nosotros: les pertenecen a Hollywood”, describe la directora del festival.

“Como ocurre con todas las artes –y con todas las habilidades para la vida misma– el público de cine”, describe la especialista, “se forma tempranamente: a los 5, 6 años. Si no se empieza a formar a esa edad, a los 15 años ya no es público nuestro: es público de Hollywood. ¿Cómo vamos a pretender después que el cine argentino tenga espectadores?”, pregunta, y continúa su razonamiento: “Formar la capacidad de apreciación audiovisual es formar en la diversidad cultural: que el niño pueda apreciar una película argentina o una iraní, con sus tiempos, sus elementos, y también una estadounidense. Que disfrute de todas, que comprenda sus diferencias, y que luego pueda elegir para formar su gusto. El público de la cultura no se da por generación espontánea ni por las leyes del mercado. Se construye”.

Frente a este panorama, Velleggia sostiene que hace falta un fondo de fomento especial para la producción para la infancia en cine y televisión. “Porque cuando las comisiones evaluadoras reciben lo que los productores imaginan que va a ganar premios en festivales –porque así los forman en las escuelas de cine–, las películas para chicos quedan fuera de ese imaginario. Van al tacho. Si no hay un fomento especial, no tienen oportunidades”, asegura. El otro tema es el de siempre: el circuito de distribución y exhibición: no alcanza con producir lo nuestro si luego las salas no nos pasan, porque no nos pertenecen”, sigue su diagnóstico Velleggia. En este panorama, el Festival Nueva Mirada –acotado, puntual, una vez al año, pero igualmente disruptivo– resulta toda una oportunidad para que chicos y grandes accedan al otro cine, mientras se sueña con que, algún día, ese pase a ser el cine.

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Anida y el circo flotante, de Liliana Romero: un preestreno del Festival.
 
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