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Lunes, 23 de julio de 2007

CHICOS › FESTIVAL INTERNACIONAL DE TITERES AL SUR DEL SUR

Carnaval para ganarle al frío

La inauguración del encuentro, organizado por el grupo Catalinas Sur y Libertablas, le dio otro color más al barrio de La Boca.

Como si fuese carnaval estival, los balcones, las ventanas y las puertas de las calles de La Boca, ese barrio porteñísimo, se convirtieron en plateas, palcos y populares improvisadas para el paso de los naranjas, los dorados y los azules. Como si fuese día de partido, los redobles se extendieron por Irala, por Olavarría, por Palos y recalaron en Benito Pérez Galdós, pero engalanados para fiestas, se hicieron acompañar por trompetas, platillos y bailarinas.

Fue la inauguración del Segundo Festival Internacional de Títeres Al sur del Sur, reunión fantástica de esa forma de arte que los chicos adoran y que los adultos, cuando abandonan el recato, disfrutan tanto o más que sus hijos. El evento ocupará ocho sedes a lo largo de los 15 días de las vacaciones de invierno con artistas iberoamericanos.

El encuentro empezó en el centro de la Plaza Matheu, rogando que las nubes se mordieran las ganas de llover y admirando a las familias del barrio con la exhibición de acrobacias y números circenses de los Payasos Voluntarios, parte del versátil Grupo de Teatro Catalinas Sur que conforma la organización del Festival junto a Libertablas.

Con la risa para gambetear el frío, la apertura oficial del Festival se fue a caminar con los vecinos por las callecitas del sur porteño. Sorpresa en las ventanas abiertas pese al frío, asomando los padres a sus hijos que abrían la boca en “O” con la marcha extraña que encabezaba un dragón gigantesco hecho de globos y seguía con un carrito lleno de títeres de manufactura genial. En el primer tramo de marcha no hacía falta anunciador: se encargaban del trabajo los bombos de la murga Los Descontrolados de Barracas –pertenecientes al Circuito Cultural Barracas, una organización casi “prima” de la gente de las Catalinas–.

La primera parada fue apenitas después de cruzar las vías y toparse con Juan de Dios Filiberto, con la mítica Bombonera de fondo. Allí hasta los empleados de una carnicería dejaron su tarea y se asomaron a la calle, uniformes rojos y brazos cruzados o manos en los bolsillos, pero con una sonrisa, a ver el entusiasmo del grupo de candombe que entraba en escena con sus bailarinas montadas en escobas, como si de brujas se tratase.

El candombe mostraba así otra faceta del barrio que cobija el encuentro internacional, ese mundo construido con inmigrantes e idiomas diversos, que también se había reflejado antes en el fingido cocoliche del presentador de los Payasos Voluntarios. Momento de seguir el desfile y abrir más ventanas. El dragón había perdido un cabello-globo que el cronista había levantado y regalado a un chico de menos de diez años que seguía a la caravana con su madre y su hermana, como tantos otros ahí. La siguiente parada fue un poco más corta: unos minutos, apenas, mientras el taller de niños de Las Catalinas entraba en una autobomba miniatura a apagar el fuego del dragón. Ultima muestra del grupo teatral, que tomaba el camino de Benito Pérez Galdós para llegar a su casa, pero cediendo el protagonismo a las agrupaciones amigas que se sumaron al Festival.

Cruzando las legendarias Cinco Esquinas y la Torre del Fantasma, un escenario improvisado sirvió para que los integrantes de Los Linyeras de la Boca, fundados en 1951, convocaran a la familia a bailar la tarantela. Los disfraces de Los Linyeras, una de las murgas más antiguas de la ciudad aún en actividad, dieron espacio al último tramo del recorrido antes de llegar a los bajorrelieves que coronan la puerta del Galpón de las Catalinas. Ya eran cerca de las cuatro de la tarde y un rayito de sol –el único que se pudo ver– se animaba a saludar a la comitiva. Y entonces, el destino: el Galpón de Catalinas, con las voces de los Descontrolados apurando el ensayo, la entrada en calor de los bailarines y los últimos toques de maquillaje en los rostros de las levitas naranjas y azules. La murga barraquense presentó Flora y fauna del Riachuelo, el espectáculo con el que se posicionaron en el podio del último carnaval porteño.

Para cuando terminó la despedida murguera el frío apuraba más, y los organizadores invitaron al público a dos funciones gratuitas con el motivo que convocaba: los títeres. Pero se hicieron puertas adentro. Una mezcla de fiesta y ritual artístico popular, así terminó la inauguración del festival, que reunirá a titiriteros de nuestro país con colegas de España, México, Perú, Chile, Brasil, Venezuela y Colombia en un encuentro de más de 100 profesionales de la narración con muñecos. La programación puede consultarse en la página web de Libertablas (http://www.libertablas.com.ar/programa2007.html) y los espectáculos, gratuitos o a precios populares, se repartirán entre el Comedor Los Pibes, el Circuito Cultural Barracas, la Sociedad Luz, el Centro Comunitario Santa María de Luján, la Asamblea Popular de Pompeya, el Teatro La Máscara y el Parque de la Ciudad, además, claro, del Galpón de las Catalinas.

Informe: Andrés Valenzuela.

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Los títeres tomarán las calles durante las vacaciones.
 
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