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Lunes, 23 de julio de 2007

MUSICA › REENCUENTRO DE MPA, 19 AÑOS DESPUES

Nostalgias de aquel folklore progresivo

Los músicos tocaron en Radio Nacional. Y también recordaron a Jacinto Piedra.

 Por Cristian Vitale

Pasaron 19 días del amigo desde que los integrantes de MPA (Músicos Populares Argentinos) decidieran disolverse, luego de una noble labor –¿folklore progresivo tal vez?– más intensa que extensa. Apenas tres años y medio (1985-1988) bastaron para que Peteco Carabajal, el Chango Farías Gómez, Verónica Condomí, el Mono Izaurralde y el malogrado Jacinto Piedra reinstalaran la idea de futuro, en un género que parecía congelado en una postal de los ’60. Aquella agrupación, un tanto ignorada en su momento, dejó dos valiosos discos –Nadie más que nadie (1985) y Antes que cante el gallo (1987)–, pero también algo más que eso: un pequeño manual de cómo ser y sobrevivir con la independencia como motor de acción. “Haber participado de MPA nos brinda felicidad. En lo personal, cada uno guardará para sí cada momento que nos ha tocado vivir: los viajes, los escenarios, las dificultades y, por ahí, la incomprensión que sufrimos en su momento. Por suerte, todo eso se ha reemplazado por amor y respeto”, dijo Peteco, que retrasó un viaje a su Santiago natal para asistir al reencuentro. Fue en el estudio de la FM Folklórica de Radio Nacional, en un programa especial que condujeron Marcelo Simón –director de la 98.7–, Miguel Angel Gutiérrez y Luis Digiano.

La juntada histórica fue dificultosa, pero emotiva: pobló de curiosos los pasillos de la emisora. Condomí, víctima de una gripe importante, tuvo que incorporarse de la cama para estar; Izaurralde viajó exclusivamente desde Rosario; Farías Gómez detuvo la grabación de su nuevo disco, y Peteco postergó 24 horas su vuelo a Santiago. “Quería estar acá para rescatar esta juntada y decir que hoy MPA no es recuerdo, porque se mantiene vivo a través de las manifestaciones de mucha gente en todos lados, que nos tiene como referencia diaria de cómo hacer las cosas”, subrayó el autor de “San Cayetano”. Fueron dos horas de música en vivo, anécdotas de entrecasa y evocaciones... en especial sobre el único que no pudo llegar a tiempo: Jacinto Piedra. “Siempre digo que los artistas somos la emoción de la patria, y Jacinto es un gran ejemplo de esto”, lanzó el Chango, ante el “sí, claro” de todos. Ricardo Manuel Gómez Oroná (verdadero nombre de Piedra) murió temprano: el 25 de octubre de 1991, con 36 años, en un terrible accidente automovilístico en San Carlos, cerca de La Banda. Apadrinado por Horacio Guarany –el dueño del sobrenombre–, grabó su primer disco –El incendio del poniente– y en 1985 se integró a MPA, a instancias de Farías Gómez. Luego formó Santiagueños junto a Peteco Carabajal y Juan Saavedra, pero la muerte lo sorprendió cuando el trío, mediante el disco Transmisión Huaucke, se encontraba en plena lucha antiortodoxa. “Cómo olvidar a Jacinto –se emocionó Peteco–; él fue un gran talento, una pieza imprescindible para ese folklore que se estaba renovando sin perder su esencia.”

Intercambiando instrumentos y voces, el cuarteto –hacia el fin del programa trío, porque Condomí se retiró temprano– trajo al presente lindas versiones de “Perfume de carnaval”, “La canción del brujito” o “La viuda”, en este caso con Peteco en bombo y voz principal, Farías Gómez en guitarra y el Mono con su flauta de aires andinos. Y refrendó un legado que hoy parece común (heterodoxia musical y armónica), pero que en su momento fue discutida por parte de la patria folklórica. Desde la trinchera, el Chango disparó: “En la Argentina hay una tremenda dificultad, que es la de creer que hay una cultura de excelencia y una cultura popular. Pero la cultura popular, que es la del Negro Fontanarrosa, es la misma que MPA puso sobre la mesa para decir: ‘Estamos presentes’. El día que dejemos de hablar de cultura de excelencia, vamos a entender que los argentinos tenemos una cultura extraordinaria. Yo niego que seamos hispanoparlantes, eso es una definición política. Hablamos un castellano a nuestra manera, como argentinos, y lo podemos comprobar si vamos a España y hablamos como argentinos: los españoles no entienden nada. Digo que la lucha viene desde el fondo de la historia, y ponernos en el lugar que corresponde, como argentinos, ofrece aún muchas dificultades”.

En plan ideológico, el percusionista –el que más habló al aire– rescató el sentido colectivista y social que MPA sostuvo como bandera a mediados de los ’80. “Ser artista en la Argentina es una elección de vida, porque al arte no se lo considera en su justo valor. Los artistas trabajan con el imaginario popular, no saben trabajar con otra cosa... lo otro es un criterio culturoso: te separan del conjunto para ponerte aparte, pero nosotros somos parte de la gente y ése es otro legado que dejó MPA.” Y aprovechó tiempo y espacio para un pedido militante. “Cuando escucho a alguien decir ‘este país de mierda’, a mí me duele el corazón. O cuando dicen ‘acá nunca hicimos nada’, enseguida se me vienen los desaparecidos, los soldaditos que murieron en Malvinas. Desde el Estado, hay que revalorizar la cultura.” Amistad refrendada, entonces: tal vez el próximo Día del Amigo, el vigésimo, tenga a la parte sobreviviente de MPA otra vez arriba de un escenario. ¿Operativo tentación?

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Peteco, Condomí, Farías Gómez e Izaurralde, los MPA hoy.
 
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