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Lunes, 29 de enero de 2007

RADIO › ALEJANDRO DOLINA

“Aquí, lo que perturba es la mezcla”

El conductor explica por qué trasladó su ciclo histórico,La venganza será terrible, de Continental a Radio 10. “El nuestro sigue siendo un espacio independiente”, sostiene.

 Por Emanuel Respighi

Al echar un fugaz vistazo por la desordenada biblioteca que ocupa la totalidad de uno de los lados de su living, mientras Alejandro Dolina responde con paciencia y rigurosidad un mail, no hace falta ser muy perspicaz para corroborar esa especie de máxima popular que sostiene que no haya nada mejor que una sala de lectura para conocer a una persona. Algo así como dime qué lees y te diré quién eres. Es que en un rápido recorrido, uno aprecia cómo conviven en los estantes, en un extraño equilibro, las obras completas de Friedrich Nietzsche y La Santa Biblia, libros varios sobre alquimia y una revista Selecciones bajo el título “¿Cómo será la vida del mañana?”, el Martín Fierro, Manual de zonceras argentinas, Diccionario lunfardo del hampa y el delito y Wing de metegol, entre tantos otros. Todo ello acompañado por estatuillas de premios varios, dos fotos de Dolina junto al fallecido jugador de fútbol “Garrafa” Sánchez y un cartel cuyo fileteado multicolor proclama: “Alejandro Dolina: Aglutinador de generaciones”.

Allí, en esa serena sala sin mesa alguna pero con impecable piano de cola, Dolina recibe a Página/12 con la amabilidad que lo caracteriza. “¿Qué vamos a hacer?”, pregunta, no con la frialdad de quien pareciera sentirse perturbado por la inquietud periodística, sino con la amplitud del dispuesto a hablar de todo. Y en una extensa charla que avanzará por varios temas, el diálogo comienza por lo más urgente en términos periodísticos: el alejamiento de La venganza será terrible de Radio Continental y su desembarco a la medianoche de Radio 10 (AM 710). Todo un cambio que causó revuelo a fines del año pasado, no tanto por el portazo dado a Continental, ni porque ya no cuenta en su equipo con Guillermo Stronatti, sino fundamentalmente por el perfil ideológico de la emisora a la que llegó. ¿No jugó el lugar político que representa la radio de Daniel Hadad en la mente de Dolina a la hora del traspaso? “Claro que jugó –admite Dolina–. Pero no tuve otra oferta seria. Además, creo en la convicción de que si se respetan los contenidos, no siento que trabajar en Radio 10 sea una deslealtad para con uno ni para los oyentes del programa. Y principalmente, creo que esta discrepancia central podría yo tenerla con cualquiera de las otras radios en que he estado. Todas las radios son propiedad de empresarios que no se parecen en nada a mí. Si fuera tan riguroso como algunos pretenden, no podría hacer radio en ninguna emisora. Ahora: si hubiera una complicidad o imposición ideológica, desde luego que no trabajaría ahí. Pero no las hay. Y las condiciones profesionales y artísticas son las mejores que he tenido nunca.”

–Demasiados cambios a la vez para un ciclo que ya tiene 21 años al aire.

–Es que situarse en un lugar cómodo es la peor receta para un artista. Por eso creo que ciertas incomodidades son finalmente favorables.

–¿Necesitaba sentir esa incomodidad para ahondar en nuevos desafíos?

–Creo que sí. Al menos, eso se está demostrando en el ciclo en estas primeras semanas. El programa que hacemos ahora es superior al que hacíamos en Continental. Cuenta ahora con una respuesta técnica muy superior, al igual que las comodidades burocráticas. Pero me parece que también hay de parte nuestra una mayor intensidad en lo que hacemos. Además, hemos incorporado invitados para que vengan a cantar, como Juanjo Domínguez, y hemos hecho algunos episodios de “radio cine”.

–¿A qué se debe esta ruptura de funcionamiento en trío de La venganza...?

–Lo central va a seguir siendo ese uno contra dos que propone el ciclo en cuanto a los interlocutores. Se trata de un cambio que es hijo de la atomización del ciclo, con segmentos más cortos y variados. Así y todo, nosotros somos los que nos sentimos con una mayor energía. Tiene que ver el nuevo lugar desde donde transmitimos. No es lo mismo el Paseo La Plaza que el Bauen: La Plaza produce sensación de alegría, no de depresión. El ciclo está mejor y nosotros estamos más enérgicos.

–¿Quién siente más el cambio de dial? ¿El público o el artista?

–El artista. Una radio, para el público, no es más que un número de dial.

–¿Le parece?

–Para mí sí, a menos que sea muy supersticioso. En cambio, para el artista, la modificación de emisora es un cambio de directivos, de operadores técnicos, de locación, de sueldo...

–Pero la radio genera fanatismos casi como el fútbol: hay gente que no cambia de dial por nada del mundo.

–Yo no creo que los oyentes de mi programa estuvieran muy interesados en la programación de Continental. Y lo digo con todo respeto y sinceridad. Los oyentes de La venganza... no son de esos que escuchan todo el día la programación de una misma radio. Ahora estamos en la 10, que tiene una audiencia muy grande, pero con un perfil muy diferente a la que nosotros tenemos como audiencia. Es gente con otros gustos. Se trata de una emisora muy popular, muy editorialista y relacionada con la información, que es justamente algo que el ciclo no tiene. La venganza... no es un programa popular, no está relacionado con la noticia y tiene algunos contenidos que podrían ser contradictorios con la radio.

–¿Políticamente, lo dice?

–También, pero principalmente porque La venganza... tiene una estética que no es la popular de la radio. No haríamos nunca una encuesta sobre qué está pasando con determinado artista o político. La venganza... no se corresponde con las inquietudes populares, mucho menos populistas. Llegamos a un público amplio, pero que está más interesado en la literatura, la música, el arte.

–¿El mismo público que prende la radio para informarse durante el día, no puede también a la medianoche sintonizar su ciclo?

–Sí, lo creo. Incluso, sé que en mi audiencia hay también oyentes contradictorios. Lo que perturba es la mezcla. Yo pudo escuchar a Barenboim (aunque no en el Obelisco) y por ahí disfrutar del fútbol de Maradona, pero si me informaran que hay un ciclo en el que están juntos los dos, ya no me gusta tanto. Pero, en este caso, La venganza... sigue siendo un espacio independiente.

–Según usted, los oyentes escuchan programas y no radios.

–Las dos cosas. Pero a La venganza... la gente lo ha buscado en radios bastantes inimaginables. ¡Hemos formado parte de la programación de FM Tango! Eramos un defecto de la programación. Y funcionó. Lo que quiere decir que el público que nos escucha está acostumbrado a rastrearnos.

–¿Notó un cambio en el público que va a presenciar el ciclo, tanto por el cambio de locación como de radio?

–No. El público es más o menos el mismo. Lo que se ve es un cambio en la actitud, ya que la gente está más contenta, más participativa, producto del cambio de lugar. A lo mejor, soy yo el que está más contento y el programa puede transmitir mayor energía en el público.

–¿Se preguntó alguna vez por qué en esta época de vorágine y consumo cultural fragmentado, La venganza... mantiene una audiencia básicamente joven, aun yendo a contramarcha de la radio actual?

–Ese es el asunto. Es un punto a favor del ciclo. Cuando todos profesan una estética, si vos te convertís en una excepción provocás cierto interés. Lo que prevalece ahora es el silogismo veloz, el mensaje perentorio, las cosas que no duran más de 10 segundos. Entonces, un programa que tiene intervalos prolongados y asuntos que se desarrollan por largos minutos, es algo que ya no hay en la radio. El mismo tipo que manda mensajes en 5 segundos, juega con La venganza... a ser paciente. Hoy, donde todo es efímero y corto, La venganza... es moderno.

–Después de más de dos décadas de La venganza..., ¿sigue disfrutando el aire del ciclo o lo atrae más la lectura y la investigación previa?

–El aire se sigue disfrutando, por la simple razón de que es un ciclo que si bien perdura en el tiempo, es distinto al del comienzo. A veces alguien me trae alguna cintita del ciclo que hacíamos con (Adolfo) Castelo y es un programa más inocente y mucho más sencillo. Incluso, es más gracioso, porque la gente se reía de un cambio de código radial. Ahora, ya no basta con el cambio de código, hay que cambiar también los contenidos que informan ese código.

–En ese sentido, encontró en la radio la excusa perfecta para hacer lo que más le gusta, como leer, escribir, tocar el piano...

–Encontré excusas para varias cosas. La primera es que solucioné el insomnio: siempre tuve problemas graves para dormir y eso se resolvió ocupando horas de desvelo con trabajo remunerado. Pero además pude completar mi educación. Y lo digo sin ningún pudor: estudio más ahora que cuando estaba en la universidad. No aprendo versitos para decir a la noche. El estructuralismo, la semiología, la semiótica, la epistemología, ciencias que las aprendí de grande gracias al programa. Estoy, incluso, leyendo con mucho orden y con un lápiz en la mano. Eso se lo debo al ciclo. El programa no sólo se ha nutrido de mi modestísima formación anterior, sino que ha contribuido a mi nueva formación. La venganza... es un ejercicio diario de narrativa, de improvisación musical, de recordación, de relación de conocimientos. Una gimnasia extraordinaria para mis otras actividades. Soy un agradecido de la radio, porque fue el espacio que tuve para no dejarme tentar por los medios usuales, que no me hubieran permitido enriquecer mi bagaje.

–¿Y el público?

–El público tuvo la paciencia de aguantar mis propias obsesiones. No me obligó a hacer un programa de diálogo con los oyentes, ni de preguntas y respuestas. Me dejó hacer el programa que yo siempre quise hacer y creo que me hizo ser un tipo mejor.

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