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Miércoles, 1 de julio de 2009

DANZA › MURIó PINA BAUSCH, UNA LEYENDA UNIVERSAL DE LA COREOGRAFíA

La maga del arte del movimiento

La bailarina y coreógrafa alemana, que murió ayer a los 68 años víctima de un cáncer, revolucionó la danza contemporánea con piezas como Café Muller y La consagración de la primavera y se mantuvo siempre a la vanguardia de la escena artística.

Pina Bausch, bailarina y coreógrafa alemana que revolucionó la danza contemporánea y se mantuvo siempre en la vanguardia, murió ayer a los 68 años a causa de un cáncer que le habían detectado hacía cinco días. Inició sus estudios de danza clásica y moderna en la escuela de Arte de Essen bajo la supervisión de su primer maestro, Kurt Joos, en cuya compañía empezó sus trabajos como coreógrafa. A los 19 años se trasladó con una beca a la prestigiosa escuela Juilliard de Nueva York, donde comenzó a sorprender por una osada y singular mirada y ejecución de la danza.

En 1961 fue contratada por la Metropolitan Opera House de Nueva York, donde realizó pequeñas incursiones en el mundo de la coreografía. Un año más tarde regresó a Alemania contratada como solista por el Folkwang Ballet, donde presentó desde 1968 sus propias coreografías y del que fue nombrada directora en 1969. Pero fue en 1973, al aceptar la dirección de la Compañía de Danza del Teatro Wuppertal (Alemania), cuando alcanzó su nivel de estelaridad.

En 1974 realizó su primera coreografía importante, la ópera Ifigenia en Táuride, de Gluck, y en 1975 la de Orfeo y Euridice, del mismo compositor. En 1976, con motivo de la preparación de Blaubart-El castillo de Barba Azul de Bartok, la coreógrafa se sintió electrizada por el ruido de las hojas secas diseminadas por el escenario y comenzó a experimentar un nuevo método de trabajo.

Pero su consagración internacional llegó con su participación en el Festival de Nancy (Francia), en 1977, año en el que creó una de sus coreografías más famosas, La consagración de la primavera. La desaparición en un accidente de su compañero y coreógrafo Ralf Borzik en 1980 llevó a Bausch a canalizar sus sensaciones y a crear uno de sus mejores espectáculos, que rozaba la frontera entre la danza y el teatro, que tituló precisamente 1980 y que estrenó como homenaje en el Festival de Avignon, en Francia.

En ese mismo año y antes de morir Borzik, Bausch había creado su famosa pieza Café Muller, considerada la más intimista, que estrenó con el bailarín Dominique Mercy y en la que el propio Borzik participó en los decorados. En 1982 dirigió la coreografía Nelken (Claveles), un montaje inspirado en diferentes músicas, desde Schubert hasta el jazz, y que fue modificando a lo largo de los años. Reconocida internacionalmente como la fundadora del movimiento más innovador y vanguardista de la danza-teatro, Pina Bausch diseñó también coreografías con todo tipo de músicas, desde clásicas y ritmos africanos hasta fados y tangos.

Masurca fogo fue un fado que le encargaron para el Festival de los Cien Días de Lisboa, previo a la Expo de 1998 de Lisboa, y que realizó como homenaje a esta ciudad. Visitó España en varias ocasiones: en 1985 actuó en el Festival de Otoño de Madrid, donde presentó Café Muller, certamen en el que volvió a actuar en 1991. Alternó la danza con incursiones en el cine como el papel que desempeñó de ciega a las órdenes de Federico Fellini en Y la nave va o en Hable con ella, de Pedro Almodóvar, donde su danza fue el prólogo de la historia de dos mujeres en coma.

En 1999 fue galardonada con el Premio Europa de Teatro y en 2007 el Festival de Danza de la Bienal de Venecia le otorgó el León de Oro a la carrera por marcar una “vía original en la expresión escénica del cuerpo”. Una originalidad que hizo de Bausch una de las más importantes coreógrafas contemporáneas, especialmente por el uso de superficies naturales para desarrollar sus bailes y la mezcla de diversas ramas artísticas. Y que hará de las coreografías que ideó piezas de estudio para la historia de la danza, pues han inspirado e inspirarán a generaciones de bailarines y coreógrafos.

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Pina Bausch recibió el León de Oro de la Bienal de Venecia por su “original expresión escénica”.
 
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