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Miércoles, 12 de mayo de 2010

DANZA › NUEVO BAILE ESCéNICO, HOY EN EL COMPLEJO CULTURAL 25 DE MAYO

“Experimental” no es mala palabra

Como parte del ciclo Tangos del Bicentenario, se verán tres obras coreográficas dirigidas por Maximiliano Avila, Carina Pazzaglini, Cynthia Fattori y Ernesto Terri. Aquí, ellos reflexionan sobre las dificultades de la fusión de lenguajes.

 Por Carlos Bevilacqua

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno.” El proverbio es oportuno para ponderar la contundencia de las tres obras programadas para la primera función coreográfica del ciclo Tangos del Bicentenario, una coproducción entre el Centro Cultural San Martín y la Asociación Tangovía que busca dar un panorama de las tendencias actuales del género típico porteño. Dos extraños son (de Maximiliano Avila), ¿Quién les quita lo bailado? (de Carina Pazzaglini) y Amador (de Cynthia Fattori y Ernesto Terri) son los trabajos que, hoy a las 20.30, dejarán inaugurada la sección Nuevo Baile Escénico en el Complejo Cultural 25 de Mayo (Triunvirato 4444). Las tres puestas fueron seleccionadas por un comité asesor del Festival de tango-danza-teatro Cambalache, lo cual explica que compartan, además de la capacidad de síntesis, un mismo interés por la experimentación, la fusión de lenguajes y el sentido del humor.

Más allá de esos rasgos en común, cada obra tiene sus particularidades. En Dos extraños son, Avila reflexiona sobre los clichés que usan hombres y mujeres para relacionarse, tanto en la milonga como en la vida en general. Junto a la bailarina y actriz Adriana Pérez, protagoniza situaciones inquietantes, ya sea por lo absurdo o por lo osado. La música sigue la esquizofrenia de los personajes: suenan tangos, pero también una zamba, cumbia villera y hasta una canción que vira de un género a otro. Estrenado en agosto de 2008 en Florencia, Italia, este trabajo tuvo una fugaz presentación en el Festival Cambalache de aquel año y durante buena parte del 2009 amenizó las cenas en un restaurante porteño de comida afrodisíaca.

A partir de la pregunta “¿Quién les quita lo bailado?” (cuya continuación es “a estos cisnes y malevos”), Pazzaglini apunta a los contrastes que se dan entre el tango y la danza clásica. La dispar suerte de las bailarinas que cambian las zapatillas de punta por los tacos altos es uno de los motivos cómicos de la puesta. Esos “mundos opuestos”, según los define en el diálogo, son representados por César Rojas, Hernán Ojeda, Pablo Ruiz, Igor Gopkalo, Martha Desperes, Graciela Bertotti y Paula Budnik. La obra tuvo su primera versión en el Cambalache ’08, para compartir luego cartel con Brazos y abrazos (otra creación de la compañía de Pazzaglini, llamada Déjà vu) a principios de 2009 en el Centro Cultural Borges.

Con catorce artistas en escena, Amador es una especie de varieté circense con elementos de tango y folklore. Tal miscelánea es producto de la confluencia creativa entre Fattori, bailarina de rica formación en tango, y Terri, coreógrafo egresado de la escuela francesa de circo Fratellini. Detrás de los cuadros no hay una historia ni un mensaje unívoco, sino más bien un rosario de climas diversos. El elenco está integrado, entre otros, por la bailarina de tango Paula Rubín (ex protagonista de Propuesta 5, otro audaz show), el clown Mariano Carneiro (colaborador de Gerardo Hochman en Sanos y Salvos) y el folklorista Omar Silva, un santiagueño capaz de bailar y hacer música, al estilo de los hermanos Saavedra. En rigor, sobre el escenario de Villa Urquiza se verán sólo fragmentos de la puesta completa, estrenada en marzo último como parte de una original cena show en una casa de San Telmo.

–¿Qué se propusieron al armar estas obras?

Carina Pazzaglini: –En mi caso, después de ver la primera obra de mi compañía, unas ex compañeras del Colón me pidieron una coreografía de tango para cuando salían al exterior. No quería caer en lo previsible, entonces pensé: ¿por qué no hacer algo con las habituales dificultades de los bailarines clásicos para bailar tango? Así surgió mi obra.

Maximiliano Avila: –La mía surgió en Italia. Estaba viviendo allá, enseñando tango, y todo el tiempo me pedían clases de técnica para mujer. Lo que me faltaba para poder dar esas clases era dominar los zapatos femeninos. Mi amiga Adriana Pérez, que también estaba viviendo allá, me regaló unos zapatos de taco que le quedaban grandes para empezar a practicar. Me costó mucho, pero finalmente encontré una manera de acomodar el cuerpo y empecé a dar esas clases que me pedían. Y fueron un éxito, a tal punto que ella me dijo: “Tenemos que hacer algo con esto”. Empezamos a jugar, a improvisar, a ver qué surgía con música argentina de diferentes géneros. Paralelamente, nos invitaban a muchos eventos sociales en los que todos se morían por saber qué éramos: hermanos, esposos, amantes. De ahí lo de Dos extraños son.

Ernesto Terri: –Nosotros tuvimos muchas dificultades para encontrar un lugar donde montar nuestro espectáculo. Incluso para que entendieran la idea. En las casas de tango, después de darles una larga explicación, nos contestaban: “¿Y terminarían con La Cumparsita?”. Nos dábamos cuenta de que nos íbamos a chocar contra las paredes y preferimos chocarnos contra las nuestras. Porque una noche, en la casa de Cynthia, miramos para arriba y nos dijimos: “Hagámoslo acá”. Es una casa antigua, a la que le sacaron el primer techo, entonces tiene vigas y un techo muy alto. Lo hicimos ahí dos veces, lo filmamos y nos fue muy bien porque rápidamente se interesó gente del exterior.

Cynthia Fattori: –Compramos pisos y montamos gradas, pero no pudimos seguir porque no teníamos permiso y hacíamos mucho ruido con el zapateo.

–¿Qué desafíos enfrentan como coreógrafos independientes?

C. P.: –Estamos hablando de espectáculos sostenidos por sus directores. Nosotros dirigimos, producimos, buscamos salas, conseguimos el vestuario, les pagamos a los bailarines. Estoy tratando de armar otra obra y me vuelvo loca porque nunca puedo reunirlos. Lo que hago es ir ensayando por separado: un día con una pareja, otro día con otra, después con un trío... Si tuviéramos un productor atrás no tendríamos que hacer tantas cosas.

M. A.: –Mi formato de hacer una obra con apenas dos personas también responde a esta realidad. Por otro lado, es muy difícil acceder a los espacios. En este caso del 25 de Mayo, para el que nos contrataron con mucha anticipación, ¡recién el día de la función nos dan la sala para ensayar con luces y sonido!

E. T.: –Nosotros recién vamos a poder reunir a todo nuestro elenco el día de la función. Antes no podemos porque todos tienen muchos trabajos en diferentes horarios. Si tuviéramos una estructura económica de respaldo, podríamos exigirles a todos que ensayen en un determinado horario y punto.

–También tendrían más tiempo para dedicarse sólo a lo artístico.

M. A.: –Sí, pero esta realidad también te da mucha versatilidad: como muchas veces no podía pagarle a un técnico, tomé cursos de iluminación.

C. P.: –Las nuestras son obras que escapan al formato tradicional del show de tango, por la puesta, por las técnicas mixtas. Sin embargo, tanto el porteño como el turista las disfrutan. Aun así, el acceso a una sala sigue siendo muy difícil porque acá los empresarios prefieren el producto que ya conocen como de éxito seguro.

C. F.: –Somos artistas, pensamos más en el arte que en todo lo demás, pero también sabemos qué funciona con el público porque tenemos oficio, entonces estaría bueno que nos escuchen un poco más.

M. A.: –Todos los que estamos acá también pasamos por espectáculos tradicionales. Pienso que la vuelta de tuerca también la podríamos provocar los artistas. En general, uno hace lo que le piden, pero tendríamos que pinchar un poquito más, diciendo: “Dejame probar esto, vas a ver que igual te va a rendir”.

–¿Cuándo consideran que una fusión está bien hecha?

C. P.: –Para poder fusionar dos lenguajes diferentes hay que conocerlos bien. Porque si no va a haber quiebres, la fusión no va a estar amalgamada.

M. A.: –Tiene que ver con el tiempo y el talento de quien hibrida. De hecho, ahora a nadie se le ocurre decir que Piazzolla no es tango. La decantación de lo valioso llega con el tiempo. Y la calidad puede aparecer en cualquier género o fusión. Creo que conviene aprovechar el dominio que cada artista trae de determinados lenguajes.

E. T.: –Nosotros nunca nos propusimos fusionar. Sí quisimos trabajar con determinados artistas y a partir de ellos armamos el espectáculo. Pero, como dice Maximiliano, no nos parece bien pedirle a un acróbata que haga un ocho cortado. Además, como sabíamos que íbamos a trabajar con gente que en cualquier momento se nos iba de gira, no nos planteamos una estructura rígida.

–¿Qué se podría hacer para que el tango no dependa tanto del mercado externo?

M. A.: –Poner las entradas de los espectáculos a precios más accesibles para los argentinos.

C. P.: –También es verdad que muchas veces hay un muy buen espectáculo de danza a precios accesibles y la sala no se llena, mientras que cualquier espectáculo de revista o cómico sí consigue llenar. Creo que es un problema cultural y social, que tiene que ver con la educación que cada uno recibió.

E. T.: –En Alemania existen salones de varieté, que son lugares muy lindos en los que se ofrecen espectáculos de diferentes disciplinas, pero sobre todo de circo, junto con una cena. Son salas a veces más lujosas que las casas de tango de acá, a pesar de lo cual no son lugares caros. Las entradas están a lo que sería el equivalente de entre 35 a 55 pesos, incluyendo la comida. Y funciona muy bien, se llena de gente. Cada dos meses el espectáculo cambia. Los dueños de esos lugares no están tratando de hacerse ricos en dos días, como suele pasar acá.

–O sea que la oferta puede generar demanda.

C. P.: –Sí, seguro. Pero con buena difusión, porque los medios pueden hacerte creer que en cartelera hay sólo un determinado tipo de espectáculo, cuando en realidad hay muchos otros.

M. A.: –No hay un solo programa de televisión “de espectáculos” que realmente hable de espectáculos. Y son relativamente pocos los periodistas que difunden la diversidad de expresiones culturales que hay en el país. Hay un canal público que ahora está mucho mejor en muchos aspectos, pero a los canales privados no les importa absolutamente nada la cultura.

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“Somos artistas, pero también sabemos qué funciona con el público”, dicen los coreógrafos.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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