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Viernes, 6 de noviembre de 2009

CULTURA › EL FESTIVAL VENGA Y VEA, EN EL ESPACIO CULTURAL NUESTROS HIJOS

“El arte despierta la bondad, y eso es algo revolucionario”

Desde hoy y hasta el domingo 15, con entrada libre, la ex ESMA será escenario de un nuevo intercambio artístico que busca seguir dando otro sentido al lugar. Rita Cortese, Guillermo Parodi y Carolina Tejera destacan la generosidad de los participantes.

 Por Hilda Cabrera

El trío señala que la irrupción de la gripe A terminó jugando a favor: “No nos amilanó la pandemia y hoy tenemos más elencos y grupos musicales”.
Imagen: Guadalupe Lombardo

La emergencia sanitaria de mediados de año, declarada a raíz de la gripe A, motivó la suspensión del Primer Festival Venga y Vea en el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), pero no desbarató lo hecho hasta entonces. Como apunta el actor y director Guillermo Parodi, coordinador del área teatro, “no nos amilanó la pandemia y hoy tenemos más elencos y grupos musicales”. Este encuentro en el ECuNHi de la Asociación Madres de Plaza de Mayo –que dirige la cantante Teresa Parodi– se inicia hoy y finaliza el próximo domingo 15 en el predio de la ex ESMA, con entrada gratuita y apoyo del Instituto Nacional del Teatro, la Fundación Madres y el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. “Queríamos transformar el lugar en algo vital y lo logramos. En Argentina se hace buen teatro, reconocido en el mundo, ¿por qué entonces no juntar a nuestros artistas para celebrar la vida sin perder de vista el oscuro pasado que nos atraviesa?”, defiende Parodi sin desdeñar opiniones en contrario: “Están los que quieren que este lugar sea sólo mausoleo. En realidad, ese espacio de recogimiento existe, pero acompañado por este otro que nos permite dialogar y construir”. En la programación se advierte un mayor aporte musical que Parodi destaca en el diálogo con Pági-naI12, junto a la actriz, directora y cantante Rita Cortese y la actriz y autora Carolina Tejeda: “Eso es por la actitud generosa de las agrupaciones que colaboran sabiendo que no tenemos presupuesto suficiente”.

–¿Alternarán entonces música y teatro?

Guillermo Parodi: –Los músicos tendrán una media horita entre uno y otro espectáculo para que el público pueda descansar en los jardines del ECuNHi y tomar algo.

–¿De ahí también la idea de incorporar más obras generadas en provincias?

G. P.: –Queremos profundizar el carácter nacional del Festival, que lo tiene, pero aún falta. Debemos manejarnos con cuidado para no excedernos en los gastos. Algunas presentaciones ya estaban acordadas en el plan de cogestión con el Instituto Nacional del Teatro.

–¿Cómo fueron convocados los elencos y los grupos musicales?

Rita Cortese: –Me llamó Teresa. Participo con dos obras cortas: Los amores de Agueda, de Julio Chávez, y Decir sí, de Griselda Gambaro, una pieza de Teatro Abierto 1981 (que entonces dirigió Jorge Petraglia). Los elencos son de Rosario. Hace año y medio que trabajo con la actriz y docente rosarina Raquel Elorza en un taller de investigación y entrenamiento en esa ciudad. Pude ver algo muy interesante en el ECuNHi, y es que por ahí pasan artistas populares que en general desconocemos. Lo que no hacen algunas instituciones oficiales lo están haciendo Guillermo, aportando ideas, Teresa ofreciendo el espacio y las Madres transformando el lugar. Es importante también aquello en lo que insiste Teresa: que el artista pueda cobrar un dinero, aunque sea poquito, y tenga su hospedaje, pasaje y comida, porque es habitual que al artista le pidan un favor, pero no entiendan que eso que hace es su trabajo.

Carolina Tejeda: –Nosotros fuimos convocados para presentar Harina, una obra con dramaturgia de Román Podolsky y mía, donde actúo y Román dirige. Sentimos que debíamos estar y construir en un lugar donde se destruyó todo: ideología, pensamiento, cultura... El rol del que trabaja actuando y comunicando es también participar. Harina habla de los cierres de ramales de los ferrocarriles y de sus consecuencias, de la soledad provocada por las medidas arbitrarias que toman otros.

–¿Qué rescata?

C. T.: –La vida del personaje que interpreto y por extensión de la gente que, a pesar de las adversidades, sigue estando donde siente que debe y celebra sentirse viva.

R. C.: –El predio del ECuNHi, de diecisiete hectáreas, tiene treinta y cuatro pabellones asignados a distintas entidades de derechos humanos y también al canal Encuentro, y el más iluminado y el que desarrolla gran actividad es el dedicado al teatro. Podríamos proyectar esa energía a los otros pabellones. Teresa me contó que la primera vez que llegó a ese pabellón no supo qué hacer: era un horror, y que Hebe la miró y le dijo “el 30 de abril abrimos”. Y el espacio se inauguró el 30 de abril de 2008.

G. P.: –Es cierto. Laburamos muchísimo.

–¿Los amores de Agueda y Decir sí fueron elegidas por algo en especial?

R. C.: –Una de las actrices estaba muy interesada en esta obra de Chávez. Tiene mucho humor y a la vez algo bien lindo respecto de la hermandad y de las cadenas de la hermandad; de la generosidad, la dependencia y otros aspectos de la relación entre hermanos. Y Decir sí, de Gambaro, es extraordinaria. Para mí Griselda es una de las más grandes dramaturgas argentinas. La admiro profundamente. Vi esta obra en el ciclo Teatro Abierto 1981, en el Picadero, teatro que después fue incendiado. Entonces participé actuando en Lejana Tierra prometida, de Ricardo Halac (que dirigió Omar Grasso). El incendio del Picadero, cuando todavía estábamos bajo la dictadura, nos demuestra cuánta potencia tiene el arte. Recuerdo otros hechos, como haber visto a Mercedes Sosa cantar durante una Pascua en un teatro de Villa Gesell donde nos palpaban de armas antes de entrar. Así se trabajaba. Mercedes estaba prohibida y ya era la gran Mercedes. El arte es también revolucionario, porque hace comprender, porque ilumina. Y además despierta la bondad en la gente, y la bondad es revolucionaria.

C. T.: –La bondad del pensamiento, que es fundamental porque es creativa, y eso es lo que algunos pretenden anular.

–El tema de siempre: los que atrasan...

G. P.: –¿Quién decía que el mundo será nuestro por prepotencia de trabajo? Nosotros seguimos a Roberto Arlt. Por eso en el ECuNHi redoblamos la apuesta con más artistas.

R. C.: –Estuve allí un sábado por la tarde y me sorprendí viendo a un grupo que interpretaba música negra.

G. P.: –Es La Conga, el grupo de percusión de música afrolatina que dirige Iván Zárate. En febrero armamos una convocatoria por el Carnaval; vinieron varios conjuntos de murga y la agrupación Argentina Negra realizó un documental.

R. C.: –El ECuNHi funciona también como lugar de expresión de los artistas populares tapados por el elemento reaccionario de la sociedad. No se los conoce. Tampoco se ventila la existencia de una importante comunidad de negros en el país. La actriz María Ibarreta está haciendo un trabajo de investigación sobre el actor que no ha tenido escuela y la influencia de las ideas conservadoras que silenciaron las expresiones populares.

–¿A las que basta con quitarles canales de comunicación, como a los pueblos abandonados?

C. T.: –Eso pasa en Harina, donde se habla de muchas otras cosas, pero el motor de nuestro trabajo fue comprobar cómo –tanto en tiempos de dictadura como en democracia– se aisló a los pueblos. ¿Cómo entender que no se defendiera a esa gente que quedaba sola? Aniquilar una red de comunicación social es cortar el pensamiento.

R. C.: –Cuando se hace gira, como nos gusta a nosotras, se comprende lo que significa el levantamiento de los ramales. Una llega a María Juana, por ejemplo, un pueblito de Santa Fe, ve los patos andando por ahí, en la calle, y la estación de ferrocarril cerrada, que por suerte han convertido en biblioteca, y se pregunta cómo sería ese pueblo cuando el ferrocarril de Buenos Aires pasaba todos los días.

–¿Por qué cree que no se reaccionó?

R. C.: –La sociedad en conjunto aceptó el desmantelamiento por ignorancia. Eso venía de tiempo atrás, pero el doctor Carlos Saúl Menem lo agravó.

C. T.: –Nosotros fuimos con Harina a Totora, Santiago del Estero, y allí nos enteramos de que no pasaba más el tren que llevaba agua a los pueblos.

R. C.: –Eso es exterminio y descontrol. Por eso no extraña que hoy, en las fronteras entre provincias, haya minas explotadas a cielo abierto sin que importe la contaminación. La Argentina está dividida y la gente, sola. Para cualquiera de nosotros es lo mismo un chaqueño que un holandés: no lo entendemos.

C. T.: –Por eso es tan importante encontrarnos en el ECuNHi, abierto a la gente.

R. C.: –Se cierran los espacios oficiales, pero de eso no se habla. Los que están al frente no quieren perder su lugar. El estado de necesidad influye. Del ECuNHi, en cambio, no te van a echar. Donde hubo tanto miedo no existe el miedo a ser echado.

G. P.: –Escuchando a las dos, pienso en lo necesario de nuestro trabajo. Me hace feliz que la gente se acerque y muestre lo que tiene para dar. Una de las cosas que más me preocupa –y le preocupa al ECuNHi– es cómo nos atraviesa la memoria, porque hay mucha discusión sobre cómo manejarse en este espacio. Hay quienes opinan que debe ser un espacio de recogimiento –lo que es atendible– y quienes prefieren esto que estamos haciendo. Un tema que tampoco está cerrado. Seguimos discutiendo y eso ya es interesante.

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