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Jueves, 3 de diciembre de 2009

CULTURA › HOY SE PRESENTA EL LIBRO DE ENTREVISTAS PROGRES

Mirada a la centroizquierda

En el trabajo del Centro de Estudios e Investigación Humahuaca se intenta un acercamiento al progresismo argentino a través de la palabra de algunos de sus protagonistas: Mario Wainfeld, Daniel Filmus, Chacho Alvarez y Antonio Cafiero, entre otros.

 Por Karina Micheletto

Descalificativo que apunta a las almas biempensantes de la clase media urbana argentina o definición posible dentro del arco político actual. Gesto snob o toma de posición. “Ser progre” en la Argentina es una resbaladiza forma de identidad o, al menos, de difícil definición. El libro Progres, de reciente aparición, intenta desentrañar la historia de este lugar político tan nacional como el dulce de leche. Para concretar este “acercamiento a la experiencia de la centroizquierda argentina”, según anuncia el subtítulo de la publicación, una serie de entrevistas ahondan en el concepto desde distintas visiones: están las voces de actores de la política de procedencias diversas –Daniel Filmus, Chacho Alvarez, Martín Sabbatella, Antonio Cafiero, Aníbal Ibarra, Carlos Heller, Adriana Puigróss, Eduardo Jozami y Federico Storani, entre otros–, pero también de periodistas como Mario Wainfeld e intelectuales como Luis Alberto Quevedo. El libro –que se completa con un DVD con fragmentos de las entrevistas– será presentado hoy a las 19 en la sede del Partido Socialista Obrero Español (Perón 940), con la presencia de varios de los entrevistados.

Los autores del libro, miembros del Centro de Estudios e Investigación Humahuaca, eligieron para este recorrido por la historia del progresismo en la Argentina la guía de las voces de sus propios protagonistas. Cada uno habla desde su lugar en el presente y, también, desde su pasado. El primero en tomar la posta del tema es el abogado y periodista de Página/12 Mario Wainfeld, quien desde su experiencia en la izquierda peronista, en el Grupo de los 8, en los inicios del Frente Grande y en la dirección de la mítica revista Unidos, y también desde la “incomodidad” que provoca el término (“es una palabra que no me gusta, que no me termina de calzar”, advierte): “La idea del progresismo argentino que tenemos algunos de los que venimos del peronismo es una idea que se fue acrecentando al calor del crecimiento de la vida democrática. De repente uno se encontraba con cierta naturalidad con gente con la que había estado enfrentado. Si hoy digo que soy progresista, lo que estoy diciendo es que todo el mundo sabe dónde estuve en estos 25 años, cuando se discutieron seis o siete núcleos fundantes”.

Para el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “el progresismo no es un cuerpo de ideas ni una ideología: es más bien un conjunto de acciones y actitudes que, frente a la política y a la cultura, definen un campo muy heterogéneo de pensamientos, y también de posicionamientos políticos”. Quevedo puntea algunos rasgos distintivos: la relación con la política y la educación, su condición de “laico” y, por lo tanto, su relación tensa con la Iglesia Católica, su oposición a los procedimientos de la corrupción política, su anclaje en la temática de los derechos humanos. Otro rasgo, a su criterio, define el tema de este libro: “Todo progresismo en la Argentina tiene una cuota de antiperonismo. Incluyendo a los que vienen del peronismo, que son críticos de una parte de su historia”.

La relación posible entre peronismo y progresismo es uno de los ejes en los que no hay acuerdos totales en las entrevistas. Desde su lugar de “protoperonista”, según su propia definición (“fui peronista antes de que surgiera el peronismo”, se presenta, un poco en broma y un poco en serio), Antonio Cafiero suelta: “Chocamos en el imaginario cultural. El peronismo, lo digo sin rubor, culturalmente es de derecha”. Y hace su propio balance histórico: “En los hechos éramos progresistas, pero en las ideas no. El progresismo se nos aparecía como una fuerza izquierdista que no tenía nada que ver con nosotros culturalmente. Podíamos coincidir social y económicamente con algunos planteos, pero culturalmente el progresismo anidaba en los sectores más antiperonistas. En un tiempo había una fuerte resistencia a aceptar todo lo que oliera a progresismo. Después, algunos de nosotros empezamos a pensar que, después de todo, había algunas coincidencias que había que tratar de estimular”.

La diputada y ex ministra de Educación de la provincia de Buenos Aires Adriana Puigróss, en cambio, no considera que existan tensiones entre peronismo y progresismo: “En la Argentina, el progresismo son las banderas del peronismo: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Pero cruzadas por otra categoría, la de la democracia, que es la que le ha costado muchísimo incorporar al peronismo”. La experiencia del gobierno de la Alianza, el papel de Chacho Alvarez y de las terceras fuerzas son algunos otros de los núcleos temáticos que recorren los entrevistados. También hay un cierto clima político que subyace en las entrevistas, y el contexto en el que fueron realizadas es un dato relevante: “Todos los diálogos se realizaron durante la resistencia que estableció la Mesa de Enlace a la resolución 125 que fijaba la movilidad de las retenciones. Esta circunstancia condicionó las posibilidades de los encuentros, la agenda de los protagonistas y, también, el clima para la conversación política”, se cuenta en el prólogo. “Este trabajo pretende ser crítico con la experiencia progresista de la ciudad de Buenos Aires”, dicen los autores de Progres. “La constatación más contundente de que esta pretensión es necesaria es que la ciudad hoy está siendo gobernada por una coalición de centroderecha.” Desde este punto de partida, el balance y el intento de definición van tomando forma a lo largo de las páginas de Progres en múltiples voces, no siempre coincidentes, que ofrecen sin embargo la riqueza de esta misma diversidad. Un análisis teórico y un significativo cuadro final completan la edición: el “camino del progresismo”, un intrincado esquema con la historia de la centroizquierda en la Argentina, que en sus múltiples flechas va mostrando a su interior surgimientos, confluencias, transformaciones y, sobre todo, escisiones.

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“El término ‘progre’ no me gusta, me genera incomodidad, no me termina de calzar”, dice Mario Wainfeld.
Imagen: Bernardino Avila
 
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