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Viernes, 5 de febrero de 2010

CULTURA › EL GOBIERNO DE LA CIUDAD SUSPENDIO SIN AVISO EL PAGO DE LOS PREMIOS MUNICIPALES

“Esto no es una displicente propina”

 Por Silvina Friera

Humillados y ofendidos. El título de la novela de Dostoievski condensa lo que siente un puñado de escritores por la suspensión sin aviso del pago de los Premios Municipales, un subsidio mensual a escritores, dramaturgos y artistas creado en 1920, que recibieron Alfonsina Storni, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Raúl González Tuñón, Leopoldo Marechal, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainez (ver aparte). La gestión de Mauricio Macri suma así una nueva desconsideración hacia la cultura. Ernesto Sabato, Ricardo Piglia, Abelardo Castillo, David Viñas, Juan Martini, Ana María Shua, Guillermo Saccomanno, Vicente Battista, Fernando Sorrentino, Carlos Gorostiza, Horacio Salas y Carlos Dámaso Martínez, entre otros de una extensa lista de premiados, se dieron cuenta de que no les depositaron la suma ultracongelada de 2556,66 pesos, cuando se encontraron con el indigesto saldo cero en sus cuentas. Sorrentino, el primero en atragantarse con la novedad, considera que “esta maniobra constituye un atropello descomunal contra todos nosotros, y convierte lo que es un derecho bien ganado en una especie de graciosa concesión o de displicente propina”. El enojo se habría evitado si se hubiera informado con anticipación que el atraso obedece a un cambio en el sistema de liquidación, que pasó de ser efectuado por la oficina de Liquidación de Haberes y Recursos Humanos a Contaduría General y el Ministerio de Cultura. Sorrentino, profesor de literatura y autor de El centro de la telaraña, plantea que necesita ese dinero para, simplemente, “solventar los normales gastos de subsistencia”. “No me es posible prometerles a los señores Edenor, Telecom, Carrefour y Metrogas que les pagaré sus facturas cuando don Ministerio de Cultura de la GCBA lo juzgue conveniente.”

Martini señala que es un “agravio” la suspensión del pago. “Hay gente que vive sólo de este subsidio –advierte el escritor a Página/12–. No todos son ricos como Macri ni gozan de los honorarios que les paga a los que le escriben los discursos y le dan ideas fascistas como ésta.” Dámaso Martínez confirma que no hubo explicación ni aviso alguno de la suspensión. “Parece que el maltrato y la falta de respeto lo tienen sin cuidado –ironiza el escritor, crítico y guionista, molesto por el manoseo–. Llamé al Ministerio de Cultura y una empleada me dijo que no sabían nada y que se enteraron por las llamadas de los artistas y escritores que empezaron a preguntar por teléfono. Lo que habían podido averiguar era que hubo un cambio administrativo y que probablemente cobraríamos en quince o veinte días. Algo indefinido, ninguna certeza. Me parece que es preocupante y una actitud injustificable con los artistas y escritores premiados.” Battista arremete en la misma línea de fuego: “Me indigna, aunque no me sorprende; es algo coherente con la política de Macri. El simple hecho de ni siquiera avisarnos es burlarse de la gente –opina el autor de Gutiérrez a secas–. Macri se llena la boca hablando de cultura, pero la verdadera cultura, la que fomentan los premios municipales en artes y letras, poco les importa. Borges y Arlt han sido Premios Municipales; Sabato, Viñas y Castillo lo son. Habría que preguntarle a Macri si alguna vez leyó una mínima frase de cualquiera de ellos”, dice Battista.

Hace más de un año, cuando fueron obligados a cambiar las tarjetas con las que cobraban en los cajeros automáticos, los premiados sufrieron en carne propia la agotadora madeja de la burocracia. “Hubo que realizar colas de hasta seis horas, en pleno verano, y al rayo del sol, frente a los bancos que a Macri se le ocurrió. Porque no se le ocurrió mandar las nuevas tarjetas a domicilio ni que las fueras a buscar al Banco Ciudad más cercano a tu casa. Macri cree que somos delincuentes, estafadores o ñoquis”, se queja Martini. No fue el único trámite que modificó el gobierno de la ciudad sin avisar. Los Premios Municipales deben dar “fe de vida” dos veces al año, demostrar que están vivos para seguir cobrando. “Este trámite se realizaba con cierta comodidad en la oficina de Concursos y Premios, pero Macri lo cambió, también sin comunicación previa –repasa Martini–. Hay que ir a un edificio kafkiano en Carlos Pellegrini y Perón con un certificado de supervivencia que hay que pedir en la policía. Y llevar constancias fidedignas, aparte, de tu identidad y de tu domicilio. El certificado policial dice claramente tu domicilio. ¿Por qué tenés que demostrarlo con otro documento? ¿Porque Macri no cree en la Policía Federal o porque está buscando que te olvides un papel para anularte el premio? Un artista no se duerme como Macri en la Cámara de Diputados, cuando está cansado o aburrido. Un artista trabaja mucho para ganarse dignamente la vida. Y a veces no lo conseguimos. Mientras, señoritos como éste nos persiguen como Berlusconi a los inmigrantes.” Battista coincide: el trámite para dar “fe de vida” es lento y engorroso. “Bien se puede parodiar su cartel de publicidad: ‘En dos años destrozaron todo lo que se había hecho bien en los últimos diez’”, resume el escritor.

El abogado Daniel Couto, director del departamento Concursos y Premios, que depende de la Dirección de Promoción Cultural de la Ciudad, se define como “un funcionario de carrera”. Couto revela, como si fuera también protagonista de una pesadilla kafkiana, que a él le anunciaron el lunes pasado el cambio de liquidación de los subsidios, que ahora dependerán directamente del Ministerio de Cultura y la Contaduría General. “Lo primero que dije es por qué no me avisaron con tiempo; esta modificación se tendría que haber hecho con cierta previsión –admite Couto–. Sé que el cambio de sistema genera un trastorno, pero según me dijeron en Contaduría, el importe de enero podría estar depositado en quince o veinte días. No soy un funcionario político; estamos corriendo contrarreloj para que se pueda cobrar cuanto antes el subsidio.”

Martini cuestiona el trasfondo de las políticas del gobierno de la ciudad. “Macri está vaciando los hospitales psiquiátricos con la supuesta intención de dedicar después esos espacios a emprendimientos inmobiliarios descabellados –recuerda el autor de La construcción del héroe–. Dice que se ocupa de la seguridad y para eso creó una policía innecesaria y cara, que se dedicará a hacer multas de tránsito y a perseguir a los pobres. Encima puso al frente de esa policía a represores y espías. En este punto, las ideas de Macri están en serie con las de Berlusconi, que persigue a los inmigrantes y dice que así evita la delincuencia. Macri persigue a los pobres con la misma idea, y se desentiende de la calidad y el financiamiento de la educación, una obligación de cualquier Estado democrático.Recorta los magros fondos destinados a la cultura y humilla descaradamente a los artistas e intelectuales.” Los Premios Municipales a las artes deberían ser un orgullo para las autoridades de la ciudad. “Macri no tiene ni la más pálida idea de qué son la cultura y el patrimonio cultural de una sociedad –afirma el escritor–. Asesorado por intelectuales de ideas elitistas y antidemocráticas, que cobran sumas de lujo por sus servicios, está desarrollando una verdadera persecución contra los creadores y un desmantelamiento del patrimonio cultural de Buenos Aires. Macri desprecia la democracia y sólo atiende los negocios que lo benefician a él y no al conjunto de la sociedad que debería gobernar.”

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Battista y Martini indignados, pero no sorprendidos: dicen que la suspensión es coherente con la política de Macri.
Imagen: Vera Rosemberg & Guadalupe Lombardo
 
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