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Miércoles, 3 de octubre de 2012

CULTURA › JORNADAS VIñAS EN LA BIBLIOTECA Y EL MUSEO DEL LIBRO Y DE LA LENGUA

“Algo queda entre nosotros de todos aquellos lenguajes”

Horacio González, Américo Cristófalo y María Pía López abrirán hoy tres días que investigarán la obra de Viñas sin pretensión de encontrar conclusiones únicas, porque “donde hay homogeneidad no hay drama”: un mosaico con la riqueza que supone semejante autor.

 Por Silvina Friera

Una vibración torrencial en el decir de su materia narrativa y ensayística, un énfasis que golpea, que impregna con un repertorio de palabras: ademán, raje, señorito, despanzurrar, repantingar y muñones sanguinolentos, por mencionar algunas, las primeras que vienen a la mente. La voz de David Viñas resuena aún cercana en sus frases como latigazos. Cuando una literatura se elige crítica, no puede detenerse. “El último argentino del siglo XX” es la consigna de las Jornadas Viñas que comienzan hoy a las 14 en la Biblioteca Nacional (BN) y el Museo del Libro y de la Lengua, organizadas conjuntamente por la BN y el Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires. Después de la inauguración a cargo de Horacio González, Américo Cristófalo y María Pía López (ver aparte), escritores, editores críticos y estudiosos de la obra del autor de Un dios cotidiano desplegarán un mosaico de interpretaciones donde se trenzarán temas y formas. Josefina Ludmer, Eduardo Grüner, Martín Kohan, Miguel Vitagliano, Luis Chitarroni, Jorge Alvarez, Miguel Villafañe, María Gabriela Mizraje, Guillermo Korn, Marcela Croce, Federico Irazábal, Omar Acha, Gabriela García Cedro, Alejandra Laera, Guillermo David y Juan Laxagueborde, entre otros, explorarán el archipiélago textual y la praxis de un “baqueano de viejos linajes nacionales” que “asumió la violencia constitutiva de la historia argentina en su literatura y en su historia personal, encarnando la figura sartreana del intelectual comprometido”. Durante tres días, el gran desafío consistirá en poner en tensión el propio dispositivo temático –“El viaje estético”, “Un editor para David”, “El drama en escena”, “El ademán docente”, “El ensayo como conjuro”, “Intelectuales y realidad política”– porque “donde hay homogeneidad no hay drama”.

Volver sobre una las novelas ineludibles de Viñas propone Miguel Vitagliano a Página/12. Un breve introito fundamenta la elección de Cuerpo a cuerpo. “Cuando la novela se publicó en México en 1979, la misma editorial lamentaba en la contratapa que ese libro ‘de ninguna manera’ podría circular en su propio país. De manera azarosa llegaron escasos ejemplares a Argentina. Recién veintisiete años después, fue publicada en el país por una editorial independiente de Mar del Plata. Podríamos inferir entonces que se trata, quizá, de una de sus novelas menos leídas y que para muchos, sin embargo, no es sólo la mejor sino que está entre las indispensables de la literatura argentina de los últimos cincuenta años.” Ahora bien: antes de emprender la ruta, se impone despejar lo que suele ser un malentendido. Vitagliano –autor de Vuelo triunfal, La educación de los sentidos y Cuarteto para autos viejos, entre otros títulos– aclara que Cuerpo a cuerpo “no es una novela sobre la dictadura sino contra la dictadura”. El sintagma preposicional, detalle superlativo, apunta a minar la convicción de que se estaría ante una relación de semejanza. “No es una novela en la que se represente el poder, sino en la que se transpone el discurso del poder. Es decir: la violencia de la escena social, con todo su desquicio y su incomprensión, está ‘encarnada’ en las voces de la novela. Por eso la trama es abigarrada, por eso el lector no puede sino vacilar en la comprensión de la trama.” La representación presupone la mirada exterior del observador, y en Cuerpo a cuerpo todas las voces son cuerpos presentes que combaten por mantener su posición, por anular a los otros, por resistir. No habla de la violencia ni del poder, es el poder con toda su violencia lo que está transpuesto en el texto. La novela pone en acto, transpone, la violencia del discurso social del poder.”

En una entrevista de 1979, Viñas afirmaba que había pensado al escribir Cuerpo a cuerpo en una frase que les decía Stanislavski a sus alumnos de actuación: “Cuando quieras hacer a un avaro, acuérdate de los momentos en que el avaro es generoso”. Vitagliano dice que esta recomendación entraña “el revés de la trama” que está en todas las voces de la novela. “Todos aparecen con sus aristas y contradicciones. Y en su conjunto se presentan como si conformaran una asamblea general en las sombras, en la manera en que se dice ‘un gobierno en las sombras’ en los casos de un país ocupado.” La idea de “Asamblea de uno solo” –que cifra un modo de leer lo que pone en acto Viñas– es porque “todas esas voces se enfrentan en presente, con sus contradicciones, en la desesperación de uno”. “No se trata de que uno sea todos, sino de que todos tengan lugar en la asamblea de uno”, explica el narrador y docente.

El ensayo como conjuro es otro de los núcleos medulares de la lengua de Viñas. “La influencia que ha ejercido en la producción de crítica literaria en nuestro país es tan reconocida como innegable”, subraya Gabriela García Cedro. Sin embargo, las opiniones se dividen cuando pasamos a un terreno latinoamericano; en más de una ocasión se ha buscado confinarlo a la literatura argentina, como si su lucidez crítica tuviera que acatar ciertos límites nacionales. En 1982, publica Indios, ejército y frontera. Ahí enfatiza que “la historia nacional no es más que una abstracción, parcela o momento de una historia general que sólo globalmente puede entenderse. Ese mismo año también organiza, prologa y anota una no tan divulgada antología de textos titulada Contrapunto político en América Latina (Siglo XX). Si Indios... funciona como la denuncia necesaria frente al discurso triunfante de la Campaña del Desierto de 1879, su Contrapunto... se propone como una variación dramatizada de cierta versión de la historia latinoamericana. Desde la crisis de la ciudad liberal latinoamericana hasta el asesinato de Allende, traza un recorrido por momentos de coincidencia de las culturas nacionales de los países de América latina, cuyas problemáticas permiten integrarlos cultural e históricamente”. García Cedro agrega que el interés y la vigencia de lo latinoamericano en Viñas se verifica en sus últimos cursos dictados en la universidad. “Ahí, la propuesta de problematizar los nudos ideológicos que permiten leer la intersección entre literatura y política, es decir, de politizar la literatura, ha ido retomando ejes presentes en esa antología del ’82: los populismos, las vanguardias políticas y literarias, la literatura latinoamericana ante el imperialismo de Estados Unidos.”

En Tartabul, “novela desaforada y única, un género en sí mismo –la define Juan Laxagueborde–, recolecta el lenguaje entrecortado de una memoria política; se habla de ‘los últimos argentinos del siglo XX’. Y efectivamente, Viñas es uno de ellos, si no el último”. El joven sociólogo, integrante de la revista Mancilla, señala que “como todo momento de crisis, de salto cualitativo, algo queda entre nosotros de aquel siglo, de aquellos lenguajes, como inercia, como matiz problemático”. En estas jornadas se va a debatir “de qué modo heredamos y cuán múltiple es esa herencia, ese pasaje de siglos”. “Una generación no sólo reúne gente de un rango etario similar, sino que también opera como hilo para lenguajes y cosmovisiones parecidas, fundamentalmente afines, pero que se van expresando de modos diversos, con estilos distintos pero identificables.” El ademán docente del autor de Literatura argentina y realidad política, tema sobre el que dialogarán distintas generaciones –Josefina Ludmer, María Gabriela Mizraje, Guillermo Korn–, alienta los recuerdos de Laxagueborde. “El pasillo es quizá el lugar más vivo de la universidad, ahí esperábamos a Viñas cuando cursábamos su materia. Era una espera activa, radiante. Esa expectativa era dual. Porque, a su vez, incluía la admiración y el respeto. Las palabras de Viñas siempre fueron acontecimientos políticos sinuosos. Leerlo es un modo de escucharlo. Esto significa que su lengua política y crítica es una forma teatral de la escritura, de una oralidad violenta y sanguínea”, plantea. “Entonces esperarlo, oírlo y leerlo conformaban –siguen conformando, desde la memoria– inquietudes políticas indispensables y muchas veces trágicas por su concretitud. Esto último lo acerca a otro compañero de generación, como León Rozitchner, a quien debemos leer desde la actualidad conmocionante que tienen sus ideas.”

* Más información en www.bn.gov.ar

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“Las palabras de Viñas siempre fueron acontecimientos políticos sinuosos. Leerlo es un modo de escucharlo”, recuerda Juan Laxagueborde.
Imagen: Pablo Piovano
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