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Sábado, 17 de noviembre de 2012

CULTURA › ¡LUCHA LIBRE!, LA EXPOSICION EN EL PALAIS DE GLACE

Los titanes fuera del ring

Pablo Martín y Florencia Fernández Frank, organizadores de la muestra que se extenderá hasta el 9 de diciembre, explican que la dificultad no fue encontrar material de toda índole sobre los luchadores mexicanos, sino encontrar un foco que evitara la mera anécdota.

 Por Andrés Valenzuela

Resulta llamativo acceder al primer piso del Palais de Glace (Posadas 1725, Capital Federal) y encontrarse con dos trajes de lucha, presentados cual aves emplumadas, uno amarillo, el otro azul. Llamativo, pero no tan impactante como la secuencia de fotos de aquel que se calza una máscara y ropa interior femenina para construir su propia casa en el conurbano bonaerense. Cautivante como el altar dedicado a los grandes de la pasión de multitudes mexicana. Porque de eso trata ¡Lucha libre!, la exposición que acaba de inaugurar en el palacio recoleto de las artes plásticas y que se extenderá hasta el 9 de diciembre con performances, proyecciones de películas, exposiciones de fotografías, imágenes, pintura, escultura, historieta, diseño de indumentaria y hasta un pequeño museo de memorabilia. El trabajo de más de veinte artistas servirá para poner en perspectiva la magnitud del fenómeno en el gigante latinoamericano del norte y ofrecer otras reflexiones sobre luchas y libertades.

¡Lucha libre! excede en su propuesta el mundo de la lucha mexicana. La incluye y parte de él pero, advierten los organizadores, se permite explorar otras luchas libertarias continentales y jugar con las perspectivas exteriores del fenómeno. Pablo Martín y Florencia Fernández Frank, curador y productora de la muestra, respectivamente, recorren con Página/12 las paredes circulares del Palais. Revelan allí una escultura con un gigante amenazador de panza plateada suspendido en el aire, más acá apuntan a una secuencia de ilustraciones, alcanzan un afiche original del DF mexicano y señalan a uno de los artistas, que recién llegado del avión se topa con varias paredes para intervenir en tiempo record. “Esto surge en 2009, cuando se me ocurrió que con toda mi obsesión y mi gusto por la lucha libre mexicana podía hacer algo”, cuenta Martín. Casi al mismo tiempo inauguró su productora Periódica junto a Fernández Frank, y los años fueron redondeando el proyecto. “Esto me viene del gusto por la estética y sobre todo por las máscaras, que me parecen bellísimas, pero también por los personajes”, comenta sobre lo que no dudan en denominar “primer encuentro internacional multidisciplinario” sobre el género.

En México, la lucha libre está fuertemente arraigada en la cultura popular –explican– y guarda varias diferencias respecto del catch que se conoce en la Argentina. “Creo que esencialmente hay una cosa tortuosa en cómo se vive el personaje en México”, considera Martín. “En un punto lo tienen como una marca en la piel, y no se muestran en ningún lado sin su máscara, viven esta doble vida de manera mucho más profunda que Titanes en el ring, por ejemplo.” Por eso, la peor deshonra que puede sufrir un luchador mexicano es ser desenmascarado. “Una vez que se la quitaste, no se la puede volver a poner –cuenta Fernández Frank–. Si ves un luchador sin máscara, es porque fue vencido y le fue arrebatada en combate.” En México, agregan, esta intensidad se vive en las ligas repletas de sponsors del DF con un pujante negocio de merchandising tanto como en los pequeños rings de pueblo. “Allá está mucho más arraigado el personaje, hay una cuestión mítica e incluso la máscara y el personaje se pasan de padre a hijo”, advierte Martín. ¿El más famoso? El Santo, que ya va por su segunda generación y tiene veinte películas filmadas. “El tipo es una gran celebridad allá, pero jamás se muestra sin la máscara”, comentan.

Martín y Fernández Frank cuentan también su experiencia como espectadores de lucha libre mexicana y comparan el fervor popular con el que puede llegar a generar un partido de fútbol en la Argentina. “Con ese mismo fervor, pero también con inocencia, tiene una cosa muy heavy, pero también muy naïf”, analiza la productora, y propone un ejemplo: “Allá vimos una señora enorme, que podría ser la abuela de cualquiera de nosotros, con un señor muy flaquito y con dos dientes; tenían una sirena a cuerda y le daban ¡¡chuuuuu!! Dos personajes muy bizarros y muy compenetrados”. Las “porras”, como se llaman las hinchadas mexicanas, alientan a “rudos” y “técnicos”, según el personaje. “Pero a todos les gustan más los malos, y sus máscaras son más lindas”, guiña Fernández Frank. “Ver eso es muy fuerte.” Además, advierte Martín, los espectáculos tienen mucha producción y se han ido aggiornando. Los peleadores entran con música y se proyectan en pantallas gigantes, pero también se sumaron peleas de gays, mujeres y enanos.

El tema los fascina y buena parte del tiempo de producción de la exposición supuso no tanto encontrar los artistas interesados, que surgían de todos lados, sino decidir cómo enfocar la muestra. “Para abordarlo desde la plástica, lo esencial fue planteárnoslo como punto de partida, por la estética fuerte que tiene, que nos parecía que tenía mucha tela para cortar e interpretar de mil maneras diferentes”, reflexiona el curador. El resultado, advierte su compañera, termina rondando en torno de dos ejes, uno iconográfico y otro conceptual. “Sirve para pensar en la lucha como las luchas latinoamericanas, pero también qué nos une a México”, sugiere Fernández Frank.

Entre los artistas invitados se destacan particularmente al mexicano Demián Flores. “El viene trabajando con la lucha libre hace tiempo allá y tiene una relación muy fuerte con eso; es el que trajo las cosas para exhibir en la vitrina”, cuentan, y Frank agrega que “hizo un trabajo de hibridación importante entre la lucha de México y las luchas latinoamericanas”. De hecho fue justamente su obra la que terminó de forjar el espíritu de la muestra del Palais de Glace. “Ahí abrimos nuestro panorama: acá valen todas las luchas.”

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“Hay fervor, pero también inocencia; la lucha tiene una cosa muy heavy, pero también muy naïf.”
Imagen: Pablo Piovano
 
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