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Lunes, 9 de septiembre de 2013

CULTURA › EL ENCUENTRO ENTRE SAN MARTíN Y BOLíVAR, EN UNA NOVELA

Cuando los héroes no son de bronce

El escritor colombiano Mauricio Vargas Linares publicó una reconstrucción novelada del famoso encuentro entre los próceres en Guayaquil. “San Martín, que es el perdedor político de la entrevista, a mi modo de ver es el gran ganador humano y existencial”, dice.

 Por Cristian Vitale

“Me interesé mucho más por San Martín”, sincera Mauricio Vargas Linares, de paso fugaz por Buenos Aires para difundir Ahí le dejo la gloria, flamante libro editado por Planeta, cuyo eje nodal es una reconstrucción novelada del encuentro entre José de San Martín y Simón Bolívar, en Guayaquil, el 26 de julio de 1822. “Me interesé más por él, primero porque, como colombiano que soy, lo conocía mucho menos que a Bolívar, y segundo porque, si fuera historiador, me habría ocupado del ganador, pero para el novelista el perdedor es más atractivo. Y San Martín, que es el perdedor político de la entrevista, a mi modo de ver es el gran ganador humano y existencial”, insiste él, café mediante, en un hotel paquete de CABA norte. En rigor, este colombiano nacido en julio de 1961 en Bogotá se atrevió a poner los pies en la disciplina histórica, proveniente del mundo del periodismo. Puntualmente, de las redacciones de El Heraldo de Barranquilla, Libération de París, El País de Madrid, la cadena radial Radionet o la revista Cambio, donde ofició como director durante ocho años. “Creo que el aporte de este libro es una invitación a la reflexión, a dejar de juzgar, a sentir pasión, sí, pero dentro de la reflexión. Una novela histórica, al cabo, es una invitación a reflexionar sobre el pasado”, enmarca Linares, que había tenido su bautismo de fuego en la materia con un libro a tono: El mariscal que vivió de prisa, referido a Antonio José de Sucre.

–¿Por qué afirma que San Martín fue el ganador “humano” de aquella entrevista en Guayaquil?

–Porque la decisión de irse es la que lo salva para su hija, para sus nietas, y para morir de viejo. Mientras que Bolívar, ocho años después de la entrevista, está muerto de tristeza, en medio de la ignominia y la traición. Y seguramente preguntándose cuánta razón tenía San Martín en lo que le quiso advertir en el encuentro. Es cierto que en Boulogne-Sur-Mer San Martín tiene un nivel de tristeza y nostalgia muy grande, pero logra sanar muchas heridas, entender mucho más lo que pasó.

Linares se nutrió de diarios, proclamas, documentos y cartas (“la única manera de establecer sentimientos móviles”, dice) para descifrar los enigmas del encuentro entre los dos próceres más importantes de la liberación latinoamericana, cuyo objetivo “grueso” fue el de fijar los pasos a seguir en el tramo final de las guerras por la independencia. Y le agrega –tinte novelístico– todo el componente de intriga, amoríos y suspenso que el género exige. “Cuando reconstruí las siete horas que estuvieron juntos, en tres reuniones distintas y todas a puertas cerradas, me di cuenta de que no era una novela, sino una entrevista, y que había que hacer una novela a partir de ahí, Que la novela no era el diálogo, sino el porqué se habían dicho lo que se habían dicho ¿no...? Quién era cada uno de ellos; ¿cuál Bolívar es el que llega al encuentro y cuál San Martín?..., y acá sí fueron muchos años de investigación para tratar de entender a cada uno. ¡Hay tanta leyenda sobre el encuentro de Guayaquil!”, sostiene Linares. “Lo que hice fue cruzar versiones y descubrí que, a pesar de la diferencia de interpretación de ambos, y algunas ‘omisiones intencionadas’, había similitud fáctica sobre lo que pasó ese día. Lo que hay que entender para saber por qué cada uno sostuvo lo que sostuvo es que el Bolívar que llega al encuentro es un Bolívar en pleno ascenso hacia la gloria, un hombre que se siente invencible, que está lleno de ilusiones. San Martín, en cambio, no está en su momento de mayor gloria, muchos lo acusan de dubitativo, y él empieza a decepcionarse de muchas cosas del poder.”

Lo que cada uno sostuvo y defendió ese día fue, a mirada gruesa, qué hacer con el Perú. Si “persuadir” a su clase dirigente –con epicentro en Lima, donde San Martín oficiaba de Protector– de liberar del poder realista a esa región clave, la del oro de la sierra peruana y la plata del Alto Perú, como quería el de Yapeyú; o –con el mismo objetivo– profundizar la vía militar, como prefería el de Caracas. “Yo leía cartas de San Martín, su realismo crudo sobre lo amarga que es la gloria, sobre lo traicionero que es el poder, y este Bolívar lleno de ilusiones... ésta es la clave de la entrevista. Si San Martín hubiese llegado a Guayaquil como estaba en el ’18, tal vez no le hubiese dejado el terreno a Bolívar para independizar el Perú. Ambos estaban convencidos de que sin Perú la independencia de América latina estaba en peligro; lo que discutían era cómo hacerlo y quién lo iba a hacer.”

–De aquí el “ahí le dejo la gloria” de San Martín a Bolívar.

–La verdad es que Bolívar lo ve a San Martín dubitativo, militarmente equivocado, y siente que ese hombre no va a ser capaz de culminar la tarea; y él, con esa prepotencia que produce la ilusión, dice “yo sí soy capaz” y no le da la oportunidad a San Martín de batallar juntos, porque San Martín ofrece ponerse bajo sus órdenes y Bolívar lo contraría: ¿cómo el mayor general que tienen estas tierras va a estar bajo mis órdenes...? Bolívar no lo quiere, no sólo por querer quedarse con toda la gloria, sino también por razones políticamente válidas; y San Martín también lo entiende, porque está desgastado. La grandeza de San Martín pasa por entender que su tiempo ya pasó, algo que, según mi visión, es la más grande de las grandezas en juego.

–¿Le apasionó escribir la novela?

–Sí. Digamos que creo mucho en eso de experimentar un sentimiento y luego dejarlo morir, como decía Edgar Allan Poe. La emoción me ocurre mucho investigando, pero trato de que quede atrás en ese momento, y ahora sí, hablando de eso, me apasionó mucho.

–¿Qué le aportó la historia a la novela, y qué la novela a la historia?

–La historia aportó todo el sustento fáctico, trato de ser muy riguroso con las horas, las fechas, los lugares, el rango militar de los personajes, porque creo que el novelista puede volar sólo si se sustenta en una estructura fáctica muy sólida. Y lo que puede encontrar el lector en la novela es una explicación de por qué el desenlace de la entrevista; entender que esos personajes son capaces de la mayor grandeza, pero que también tienen sentimientos bajos, menores, y defectos. Yo creo que la tragedia del estudio de la historia que hemos hecho durante mucho tiempo es que nos enseñaron a ver a estos personajes como estatuas de bronce y no como seres humanos.

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Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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