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Domingo, 16 de noviembre de 2014

CULTURA › AMOR, UNA MUESTRA IMPERDIBLE EN LA CASA NACIONAL DEL BICENTENARIO

Cuestiones que van más allá del corazón

Los pilares son las tres categorías que la filosofía griega le asignó al amor: Eros, Agape y Filía. Pero lo que puede verse en Riobamba 985 no es sólo una forma de representación: el mismo visitante puede completar el sentido de las varias formas del amor.

Sara con mellizos, las fotografías de María Zorzón.

El amor a los hijos, el amor a la Patria, el amor a los amigos, a la pareja, a la naturaleza, al otro, a Dios. El amor como marea, como puente, sin orillas. El amor en sus más diversas formas y manifestaciones. Son varias las preguntas, disparadores que tomaron forma y se materializan en la planta baja y los tres primeros pisos de la Casa Nacional del Bicentenario (Riobamba 985) en la exposición que se acaba de inaugurar: Amor. Un proyecto llevado adelante en conjunto por los ministerios de Cultura y de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de la Nación, a través del Plan Nacional Igualdad Cultural. La exhibición toma como pilares las tres categorías que la filosofía griega le asignó al amor: Eros, Agape y Filía. Esos tres ejes son los conductores que atraviesan conceptualmente el recorrido y que, a partir de un entramado de diversos abordajes, dan forma a la inmensa obra que es Amor.

“Hablar de nuestra identidad utilizando los lenguajes con los que se expresan los creadores argentinos refuerza el concepto de nuestra identidad. Porque la identidad es lo que nos hace diferentes, y la identidad se ve sobre todo en la cultura que producimos”, explica Liliana Piñeiro, directora ejecutiva de la Casa, a cargo del proyecto general de Amor, que contó con la participación del filósofo Darío Sztajnszrajber, el teólogo Eduardo de la Serna, el historiador Javier Trímboli y la politóloga Violeta Rosemberg como principales asesores, además de una extensa lista de consultores y colaboradores, entre ellos, Carlos Ulanovsky, Diego Golombek y Marcelo Figueras.

Esa identidad se hace carne y arte a medida que se recorren las diferentes salas y recovecos. En cada piso, la historia, la investigación, los conceptos, las preguntas se traducen en obra. Allí se cruzan instalaciones, pinturas, fotografías, ilustraciones, reportajes, audiovisuales, música, textos. La deconstrucción y reconstrucción del amor como tema y como obra.

En la planta baja, Eso que llamamos amor, una videoinstalación de Ignacio Masllorens y Pablo Padula, funciona como bienvenida y presentación. El primer piso es el que le corresponde a Eros: el amor pasional, el amor de dos, identificado con lo romántico, lo erótico. Este piso propone un diálogo entre ciencia, filosofía y psicología. Es donde las preguntas resuenan con más fuerza. ¿Qué es el amor? ¿El amor existe? Seducción, enamoramiento, matrimonio, desamor se suceden plasmados en la obra de León Ferrari, Grete Stern, Liniers, Alejandro Kuropatwa, Arturo Aguiar, entre otros.

El segundo piso está dedicado a Filía: el amor que reconoce la presencia de un otro, el amor filial, paternal, próximo. El amor que se funde en un abrazo. Una instalación audiovisual del Archivo Regional de Cine Amateur que rescata escenas familiares; un “retablo de ídolos populares”, pequeñas fotografías de personajes que van desde Luis Alberto Spinetta, Atahualpa Yupanqui y Julio Bocca hasta Tato Bores, Gilda, Isabel Sarli y el Gauchito Gil; la instalación interactiva Plano, de Augusto Zanela; las plazas y la Plaza de Mayo son algunos de los caminos elegidos para dar cuenta de este tipo de amor que crea comunidad familiar, social, religiosa, nacional.

Por último, el tercer piso, el del amor como Agape: el que se define por la pérdida, el desapego. El amor que plantea una renuncia. Amor sin posesión, sin pertenencia. Aquí se mezcla el amor a Dios, a la Naturaleza, el amor de madre, el amor gratuito por un prójimo diferente. El registro audiovisual de Amen acción de fuego, performance de Dolores Cáceres presentada en la V Bienal Vento Sur de Curitiba; Sara con mellizos, fotografías de María Zorzón; imágenes de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, del Che Guevara y de Evita pero, también, de los bomberos voluntarios, de enfermeras que trabajaron en Malvinas durante el conflicto, de socorristas que colaboran en simulacros de sismos graves en Mendoza son ejemplos que se utilizaron para retratar este tipo de amor. Presente y necesario.

“Nos interesa la idea de la circulación de este concepto del amor”, enfatiza Piñeiro. Para tal fin, se dispuso de un conjunto de instalaciones interactivas con los que se invita al público a completar los contenidos.

La exhibición plantea interrogantes y no intenta respuestas, más bien accionar mecanismos que interpelan al visitante. Es un recorrido que no empieza y termina. Como el amor, no se puede explicar, hay que vivirlo.

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