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Domingo, 10 de mayo de 2015

CULTURA › SE REALIZARON LAS JORNADAS DE DEBATE “TELEVISION Y MEMORIA”

Por una TV adecuada a la sociedad de hoy

Organizados por Migre-Asociación de Autores Audiovisuales y el C. C. Haroldo Conti, los encuentros permitieron analizar el proceso que llevó a la TV de la dictadura a democracia, y pensar el modo en que los nuevos derechos sociales y humanos se traduzcan en los contenidos.

 Por Emanuel Respighi

Hay quienes proponen que una buena forma de hacerse una rápida idea sobre la cultura y la dinámica de una sociedad es haciendo un zapping por los canales locales de TV. Desde esta lógica, los contenidos de la pantalla chica servirían como una suerte de reflejo –a grosso modo– de la manera de pensar y de vivir de una comunidad en un momento determinado. Sin embargo, resulta insoslayable comprender que las prácticas sociales no siempre tienen un correlato inmediato en lo que la pantalla abierta transmite. No sólo porque se trata de un medio tradicionalmente conservador, sino también porque quienes los dirigen son profesionales formados en otros tiempos. Ni las más de tres décadas de democracia ni la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) derribaron los vestigios dictatoriales que aún parecen formar parte del relato que, en general, la TV abierta reproduce. Sobre esas representaciones mediáticas en democracia y en dictadura es que se realizó esta semana “Televisión y memoria”, una serie de jornadas en que protagonistas y especialistas de la comunicación debatieron sobre el camino recorrido y el que aún falta por recorrer para construir una pantalla adecuada a la sociedad actual.

Organizadas por Migre-Asociación de Autores Audiovisuales y el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, las jornadas en las que se analizó el proceso que llevó a la TV de la dictadura a la TV en democracia que se supo conseguir resultaron interesantes para comprender lo hecho en materia cultural, pero también para reconocer lo mucho que aún falta para que los nuevos derechos sociales y humanos se traduzcan en los contenidos de la pantalla chica. De la represión cultural que sufrieron los contenidos televisivos en los años de plomo a la apertura actual, pasando por la transición democrática alfonsinista y la cultura liberal de los ’90, el medio más masivo de todos fue repasado con espíritu crítico. Desde siempre, pero fundamentalmente en estos tiempos de hipermediatización, lo que sucede en el campo de la comunicación condiciona –por exposición pero también por penetración– las formas de sociabilización.

“Es indudable que en la televisión actual existe una crisis de representación –afirmó Cynthia Ottaviano, defensora del Público de los Servicios de Comunicación Audiovisual, durante la mesa “La TV en democracia”–. Los medios suelen decir más por lo que callan que por lo que enuncian. Hay lógicas clasistas y de género que heredamos y que se mantienen en el relato comunicacional. La ‘otredad’ amenazante y perseguida, construida durante la dictadura, sigue acaparando el relato mediático. La estigmatización territorial y cultural está muy presente. El señalamiento hacia aquellas personas que se visten de tal manera o escuchan determinado tipo de música, como la cumbia, sigue vigente, al punto de que se las demoniza, asociándolas a la vagancia. Si no hay soberanía comunicacional, no puede haber soberanía económica y política. La lucha por que emerjan otros relatos recién comienza. Se han dado pasos, pero falta mucho para que no se silencien las voces de todos los sectores de la sociedad argentina.”

Bernarda Llorente fue programadora de Telefe junto a Claudio Villarruel entre 1999 y 2009, período en el que el canal líder de la TV argentina asumió una impronta social clara con la emisión de documentales y ficciones que reflejaban lo que hasta ese momento había estado ausente. Llorente cree que lo que terminó “salvando” a la TV fue la crisis de 2001. “Después de la TV alfonsinista, condicionada por los fantasmas de los militares, y de la TV que reflejó la cultura neoliberal del pum para arriba, el deme dos y la felicidad de los ’90, fue la crisis del 2001 la que demostró que el modelo televisivo estaba disociado de lo que pasaba en la sociedad. Ese quiebre fue el que nos permitió desde Telefe convencer a los accionistas de adaptar la TV al país real, que hasta ese momento no era reflejado por la pantalla. La TV comercial se rige por la lógica del mercado y corre detrás de la sociedad, subestimando a la audiencia bajo la falacia de que se produce ‘aquello que la gente pide’. Es peligroso que la TV, en su lógica comercial, intente borrar la memoria institucional del país”, señaló la productora de ciclos como Montecristo, Vidas robadas y de la trilogía TV por la identidad, TV por la inclusión y TV por la Justicia.

Una de las pantallas que acercaron los contenidos televisivos a las activas políticas públicas de inclusión, derechos humanos e identidad cultural regional que se llevaron a cabo –no sin pausas– desde la apertura del período democrático es Canal Encuentro. La señal perteneciente al Ministerio de Educación es un referente a la hora de pensar una programación que sea capaz de planificarse en función de las necesidades del público, y no que la sociedad sea rehén de los intereses comerciales de las emisoras. “Si las políticas públicas hicieron que el Estado se recuperara, Encuentro se piensa como un medio para recuperar nuestra identidad y cultura, a partir de programas con temáticas referidas a los derechos humanos, Latinoamérica y a nuestra historia”, explicó María Rosenfeldt, directora de Encuentro. “Hoy nadie duda de que los relatos construyen identidad. El desafío fue, y sigue siendo, cambiar la cabeza de quienes hacemos TV para no caer en el lugar común, en los estereotipos culturales con los que nos formamos audiovisualmente, explorando el lenguaje audiovisual para plasmar contenidos educativos-culturales atractivos televisivamente”, detalló la directora de la señal que, junto a Pakapaka, marcó un camino desde la iniciativa pública.

Sin desconocer los logros regulatorios alcanzados en materia comunicativa, quienes participaron de las jornadas celebraron el cada vez más activo rol del Estado para financiar contenidos con perspectiva de derechos humanos, tanto en series documentales como en ficciones. Sin embargo, creer que la “batalla cultural” está saldada por algunas ficciones de anclaje social producidas por la TV privada o por el robustecimiento del sistema de medios estatal no parecería comprender la dinámica del presente continuo que impone el mismo aparato televisivo, históricamente reacio a absorber los estímulos sociales. “Ahora es el momento en el que hay que volver a dar batalla. Estamos preocupados con lo que está pasando con el relato audiovisual ante la adquisición de las latas brasileñas, turcas y mexicanas. Estamos en ese momento crucial en el que hay que recuperar la vocación de identidad cultural. Es un momento para poner el cuerpo, donde se da la paradoja de que las corporaciones piden libertad de expresión y los que hacemos la TV estamos adentro amordazados”, señaló Ana Montes, la guionista de ciclos como Compromiso, en los primeros años de la democracia.

Determinantes constructores de sentido, los medios de comunicación deben encontrar en esta nueva etapa democrática contenidos capaces de deconstruir viejos vicios para desarrollar lenguajes y formatos que den nuevas respuestas a una sociedad que –recientes derechos adquiridos y bajas audiencias mediante– da permanentes señales de que poco tiene que ver con la que hace más de tres décadas salía de su época más oscura y sangrienta. Si a cada sociedad le corresponde su propio modelo comunicativo, es hora ya de que la TV sea capaz de repensarse desde la diversidad cultural argentina.

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Ottaviano, Llorente, Rosenfeldt y Montes formaron parte de uno de los debates.
Imagen: Arnaldo Pampillon
 
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