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Miércoles, 8 de julio de 2015

CULTURA › LISTAS NEGRAS DE INTELECTUALES Y ARTISTAS EN LA DICTADURA

Entre el horror y la reparación

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, entregó ayer a Argentores, la entidad que agrupa a los autores, las listas negras de intelectuales, músicos, comunicadores y actores que aparecían agrupados en categorías, de acuerdo con su grado de “peligrosidad”.

 Por María Daniela Yaccar

“Tengo una experiencia personal: en aquella época un grupo de actores preparaba un programa de televisión. Les hacía falta un autor. Alguien sugirió mi nombre. Tuvieron que llamar al milico de turno. Le preguntaron si podían llamarme. Pausa. ‘Cossa, Roberto, no.’ Esto es real.” El relato de Roberto “Tito” Cossa –que extrañamente desató carcajadas– fue importante porque hizo carne lo que refleja una serie de documentos elaborados por los militares en la última dictadura: las listas negras de intelectuales, músicos, comunicadores y actores, que aparecían agrupados en categorías, de acuerdo con su grado de “peligrosidad”. En la tarde de ayer, en el auditorio Gregorio de Laferrère de Argentores, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, entregó a la entidad que agrupa a los autores una copia de estas listas, en un acto que parecía combinar dos emociones: el recuerdo del horror y el alivio que produce la reparación.

Las listas negras fueron encontradas el 31 de octubre de 2013. Aquel día, el jefe de la Fuerza Aérea Argentina, Mario Callejo, se contactó con Rossi para informarle sobre el hallazgo, en el subsuelo del Edificio Cóndor, de unos documentos guardados dentro de dos cajas fuertes. Se encontró importante información sobre documentos doctrinarios y planes a futuro, aportes conceptuales de organizaciones empresarias al plan desarrollado por la dictadura, información sensible sobre empresas nacionales (como Papel Prensa) y la carpeta de las listas negras. “Por protocolo, las listas tienen un sello con relación al carácter del documento”, explicó el ministro, que asistió acompañado por Stella Segado, directora de Derechos Humanos de la cartera. “El último punto del protocolo dice: ‘Estas listas deben ser incineradas’. Alguien no las quemó y quedaron vigentes después de muchísimos años.” En un cuadernillo que esperaba en las butacas, se podían ver las copias. Impresionan. Se dividen en columnas, que registran apellido y nombre, número de documento, profesión y fecha en que se abordó cada caso.

“¡Qué terrible!”, se oía de tanto en tanto. Y de pronto había alguna risa catártica. Por ejemplo, en el momento en que Rossi y Cossa puntualizaron algunos traspiés de estas listas: Francisco Urondo figura en una de ellas, pero, al momento de confección del escrito, ya estaba desaparecido. Jacobo Timerman es mencionado cuando estaba preso. A Gorostiza lo clasificaron como escenógrafo, y Samuel Eichelbaun era señalado... pero estaba muerto. Cossa pertenecía a la “fórmula 4”, la de los “más peligrosos”. “La peligrosidad tenía que ver con la cercanía de los artistas al marxismo-leninismo”, detalló Rossi. Las listas no incidían únicamente en su contratación en organismos estatales. Obviamente, el ámbito privado también cerraba las puertas a estos creadores.

Bernardo Carey, vicepresidente de la entidad, leyó los nombres de los socios de Argentores que integraron las listas: Osvaldo Bayer, Abelardo Castillo, Cossa, Osvaldo Dragún, Eichelbaum, Leonardo Favio, Griselda Gambaro, Juan Carlos Gené, Osvaldo Getino, Carlos Gorostiza, Ricardo Halac, Rodolfo Khun, David Kohon, Víctor Laplace, Andrés Lizarraga, Julio Mauricio, Ricardo Monti, Pedro Orgambide, Sixto Pondal Ríos, Dalmiro Sáenz, Marcelo Simón, Fernando Solanas, Francisco Urondo, David Viñas, María Elena Walsh y Hugo Midón. Al auditorio asistieron Halac y Simón, la hija de Urondo, Angela, e integrantes de la Asociación Argentina de Actores y de la Asociación Argentina de Intérpretes. Pedro Sandoval, nieto recuperado, representó a las Abuelas de Plaza de Mayo. También estuvieron Carlos Ro- ttemberg y Sebastián Blutrach.

“Me tenía inquieto este día. Es fuerte en lo personal y lo institucional”, dijo Miguel Angel Diani, presidente de Argentores. “Me pasé el fin de semana escuchando a Spinetta. Hice un puente con el acto de hoy, que tiene que ver con los artistas: son el inconsciente colectivo de un pueblo. En la época de los militares comenzaron a decir cosas que estaban solapadas. Aquí nació Teatro Abierto, la primera barricada cultural contra la dictadura. Muchos de los artistas que lo pusieron en marcha están en las listas negras”, destacó. “Nunca soñé que iba a pasar esto, que íbamos a vivir esta democracia”, sostuvo Cossa. Los autores recibieron de manos de Rossi, además de la copia de las listas, una de las actas halladas en 2013, que registran 280 reuniones de los comandantes en jefe de las fuerzas.

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Rossi y Tito Cossa. El dramaturgo, uno de los “peligrosos”.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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