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Viernes, 6 de noviembre de 2015

CULTURA › UN CICLO QUE ENLAZA LOS TEXTOS DE LA ESCRITORA CON SU BARRIO E HISTORIA DE VIDA

Parque Patricios y el mundo Bornemann

“Es una literatura riquísima en recursos poéticos, pero con un anclaje en la realidad fuerte: crea mundos posibles a partir de lo imposible”, dicen Andrea Rur y Margarita e Hilda Bornemann, impulsoras del encuentro que hoy girará alrededor del absurdo en sus textos.

 Por Karina Micheletto

“Elsy estaba siempre en la plaza, en el parque”, cuentan Rur, Hilda y Margarita Bornemann.
Imagen: Leandro Teysseire.

El barrio de Parque Patricios, escenario de la vida y de muchos de los cuentos de Elsa Bornemann, es el punto de partida para un ciclo gratuito alrededor de su obra, dirigido tanto a chicos como a adultos, según la temática de cada fecha. La psicóloga y mediadora de lectura Andrea Rur es la que organiza y programa entusiastamente cada encuentro, todos los viernes a las 18, en la librería Vuelvo Al Sur (La Rioja 2127) de ese barrio. Margarita e Hilda Bornemann, hermanas de la homenajeada (“las mayores”, como han sido presentadas en sus relatos) suman sus anécdotas y recuerdos para armar algunos de estos viernes –“y en otros, participamos como público. Menos en los que son para chicos, de donde nos tienen que echar”, se ríen ellas–. El encuentro de hoy será uno del que no serán “desalojadas”, ya que estará dirigido a adultos –docentes, bibliotecarios, padres o simples interesados en la temática–, enfocado en el absurdo en la obra de Bornemann, en relación con otros autores como María Elena Walsh, David Wapner y Ema Wolf.

El ciclo Elsa Bornemann: un recorrido por su obra, sus contemporáneos y el Barrio de Parque Patricios apareció con el impulso inicial que le otorgó el Premio Elsa Bornemann, organizado por la Feria del Libro y el gobierno porteño, del que el proyecto resultó ganador, junto a otras seis iniciativas de promoción de la lectura. Pero incluso antes de eso, cuenta Rur, vecina también de Parque Patricios y visitante frecuente de la librería, tenían pensado armar algo por el estilo, con la intención de tejer lazos en un barrio con tanta identidad. “Cuando nos enteramos del concurso todo cerró: a pocas cuadras estaba la casa en la que vivió Elsa, el parque y las veredas que, supe después por sus hermanas, inspiraron muchas de las historias que ella escribió. Eso, más las ganas de abrir un espacio para conectar la librería y la lectura con el barrio, terminó de definir el ciclo”, recuerda.

“Con Bornemann tengo un lazo afectivo especial porque la leía de chica”, cuenta Rur. “Es una literatura riquísima en recursos poéticos, no solamente en su poesía en verso, también su prosa es muy poética. Y hay un anclaje en la realidad fuerte, sus cuentos están insertos en esa realidad, por eso ella logra crear mundos posibles a partir de lo imposible. Eso, además del enorme respeto que tiene por el niño, considerándolo un ser con pensamiento propio y sentimientos de todo tipo, no sólo los edulcorados, la hace una autora genial”, analiza. Cada viernes, esta obra será celebrada con invitadas como Nora Sarmoria, quien ha llevado al piano las poesías de Bornemann, y María Fernanda Maquieira, su editora durante muchos años, y con sorteos de libros, narraciones, poesías e historias de la autora homenajeada y de otros autores admirados (ver aparte la programación completa).

Margarita e Hilda Bornemann tienen mucho para contar sobre su hermana y ese barrio en el que también crecieron. “Jugábamos mucho, también hablábamos mucho de los juegos: el juego era una parte importante de nuestra vida. Elsy estaba siempre en la plaza, en el parque, trepada a los árboles, a los toboganes, era la varonera. Y era tan curiosa que todo le despertaba una historia: la mancha de humedad de la pared, los botones del costurero de mi mamá, los lápices de la escuela que pasaban de hermana a hermana, cada vez más enanitos”, recuerda Margarita. Jugaban también con las palabras, como ha jugado la autora en sus textos. Hilda fue la que le enseñó a hablar al sever, un idioma propio que las hermanas aún hablan con increíble fluidez y velocidad: en ese idioma –un difícil juego mental que implica ir dibujando las palabras y sus letras a medida que se las invierte–, Margarita es Atiragram, mañana es amañam, soluciones es senoiculos, negocio es oicogen, y así se arman frases completas.

Del padre que llegó de Alemania en el 27 para instalar el carillón del campanario del Concejo Deliberante y terminó quedándose a vivir, instalando y fabricando campanas y relojes para las cúpulas de grandes edificios de todo el país –“el único equilibrista sin público y sin red”, le dedicó un cuento la escritora–, de la madre, que se llamaba –realmente– Blancanieves, del Hospital Penna y su morgue, que inspiró algunos de los famosos cuentos de terror de Bornemann, del zoológico que, aseguran, había tiempo atrás en el Parque de los Patricios, cuentan las hermanas de Elsy, como la llaman familiarmente.

Ligados a este ciclo, hay otros movimientos se están dando en Parque Patricios alrededor de la escritora: Antonio Orellana, un escultor del barrio, hizo un bajorrelieve del rostro de Bornemann, y sus hermanas analizan la posibilidad de transformar la que fue la casa familiar en un espacio cultural. Allí, el próximo 18 de diciembre, culminará el ciclo, con la colocación de este bajorrelieve y una placa fileteada, suerte de “piedra fundacional” para este proyecto a futuro. Así, desde el Parque de los Patricios y sin límites para su recepción, se multiplica la figura y la obra de Elsa Bornemann.

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