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Domingo, 17 de enero de 2016

CULTURA › JORGE KASPARIAN IMPRIMIO EN TELA EL LIBRO LA MUSICA INFINITA - BIBLIA SPINETTEANA

“Luis está más presente que nunca”

Este cordobés que se dedica a la serigrafía tiene un programa de radio exclusivamente sobre Luis Alberto Spinetta y decidió estampar ejemplares con todas las letras del Flaco, pero no los vende sino que se los regala a personas cercanas a él y al músico.

 Por Cristian Vitale

Mil cien días van a cumplirse desde que partió y le siguen lloviendo evocaciones, tributos, agradecimientos, cariños, cosas. Ahora le tocó a un armenio cordobés –al que le dicen El Ruso–, que se dedica a la serigrafía y, por sobre todas las cosas, a amar la obra de Luis Alberto Spinetta. Se llama Jorge Kasparián, estampa remeras, tiene un programa de radio y acaba de publicar un libro, pero no como lo harían Miguel Grinberg, Eduardo Berti o Miguel Angel Dente –en papel impreso, claro– sino en tela. Un libro de serigrafías estampadas en tal material que divide en cuatro tomos vida, obra, canciones, poemas y dibujos del primus inter pares del rock argentino, y al que su autor denominó Biblia Spinetteana. “Escucho mucha música a diario y siempre termino en Luis”, arranca el artífice de tan original idea. “Ayer terminé mi día con ‘Viaje y epílogo’, ‘Era de uranio’ y ‘La herida de París’, muy Jade, y hoy –por el día en que se hizo esta nota– arranqué con ‘Lo que nos ocupa es la conciencia’ y ‘Credulidad’ y así, a diario. No molesto a nadie ni evangelizo, solo escucho Spinetta”, se presenta el hombre, que usó para su invento casi cien kilos de plastisol y emulsiones, un tambor de solvente de limpieza y decenas de metros de seda. “Pesé los originales y son siete kilos, entre películas y vegetales y un par de kilómetros de tela camisera o batista cubana, que es la materia prima con la que están hechas las páginas”, explica.

Y sigue por el porqué del título: “En realidad, el nombre completo es La música infinita - Biblia Spinetteana, pero un nombre se comió al otro. Le puse biblia porque me pareció que es una palabra muy simbólica, muy contundente: así como las distintas corrientes religiosas tienen su libro sagrado, bueno, los que escuchamos a Luis tenemos el nuestro. Una onda tipo, ‘¿querés leer las letras del Flaco? Bueno, acá tenés la Biblia Spinetteana’”. Kasparián, que es todo un empresario del palo, gambetea el ABC de tal profesión cuando se trata de este trabajo. Dice que no tiene precio. Que, como el amor, no se vende ni se compra. “No tiene precio porque lo hice desde el corazón. Hay una parte mía en estas páginas, lo hice en un momento muy particular de mi vida personal, y cuidé que no sea un homenaje sino un reconocimiento. Nunca lo concebí para venderlo, porque además estoy convencido de que no todo tiene precio, es tan simple como eso: hice un trabajo para entregárselo a los afectos y a personas que marcaron mi vida. Los libros están numerados: el 1 lo tiene Ludmila, mi hija más grande; el 2 Alexandra, que es la más chica; el 3 Gaby; y del 4 en adelante fue aleatorio”, cuenta uno de los conductores de La Biblia Spinetteana y sus creyentes, programa que se emite todos los sábados por Nuestra Radio (FM 102.3) de Córdoba.

“Para ser honesto, hacía mucho tiempo que quería hacer algo relacionado con la obra de Luis, y no sabía bien para qué lado arrancar. El falleció mientras yo estaba de vacaciones y, aunque no me gusta que sea así, su muerte fue el disparador. Volví de esas vacaciones, llegaron muchos mensajes de texto, mails y llamadas telefónicas de personas que me daban el pésame y me decían ‘loco, me acordé de vos cuando me enteré lo del Flaco’. Durante ese fin de semana, ya en Córdoba, me puse a revolver cajas viejas y encontré Superstición, un libro en tela que hicimos con un amigo que en esa época trabajaba conmigo, y se lo dedique al Flaco. Le había puesto así porque es la primera palabra de ‘Superchería’, el tema cuatro de Artaud. Ahí sentí que había que desempolvar lo hecho y empezar a darle forma a este trabajo”, cuenta Kasparián, yendo al origen de su Biblia secular.

–¿Qué entiende por música infinita, el título “tapado” del libro?

–Que la música infinita es la que trasciende, es el futuro, es la que no tiene fin, la que perdura a lo largo del tiempo, la que nos cruza a todos aunque no nos demos cuenta, a pesar de todo, lo queramos o no, de manera consciente o inconsciente. La que, de bien que estás, la escuchás y se te saltan las lágrimas y no entendés por qué; o la que de repente te hace sentir frío; la que, con escuchar un solo acorde, ya sabés y sentís de qué se trata. Qué sé yo, escuchas el primer acorde de la viola de David Gilmour y vos sabés que es Gilmour, y se te pone la piel de gallina. Luis Alberto es eso elevado vaya uno a saber a qué potencia.

–¿Cuáles y cómo fueron las primeras reacciones cuando publicó el libro?

–La idea era terminarlo. Estuve tres años laburando y es un trabajo artesanal, hacer la lista de a quiénes se los iba a entregar, conseguir sus direcciones, enviarlos y a otra cosa, ya que no perseguía otro fin en sí mismo. Pero –siempre hay un pero– unos cuantos amigos me decían “esto tenés que mostrarlo”, “a esto tiene que conocerlo la gente” y cosas por estilo, Entonces, los tipos se encargaron de abrir una cuenta de Facebook, cosa nueva para mí, y se fue corriendo la bola. Las reacciones son una cosa de locos... Muchísima gente lo quiere, muchos se enojan porque no lo vendo; personas que lo tienen y lo cuidan como un tesoro y no se lo dejan tocar a nadie, gente que lo lleva en la guantera del auto. Hay dos amigas que le han hecho un altar, mi prima lo tiene en la mesita de luz y lo lee todas las noches. Y así puedo contar muchas reacciones.

–¿Lo pensó para alguien en especial?

–Primero, para mí. Este trabajo me cambió, me acomodó, me dio otras pautas de vida, me hizo mirar muchas cosas desde otro lado. Para Luis Alberto después, por todo lo que vengo contando; para mis hijas, porque ellas saben y ven que el papá no solamente labura para poder darles un buen pasar sino que además tiene un corazón y lo va usando en cosas como esta. Para los amigos, los músicos que lo acompañaron a Luis, para Rodolfo García, Emilio Del Guercio, Claudio Cardone, Mono Fontana, Machi Rufino, Javier Malosetti, Black Amaya. Y para muchos a músicos a los cuales todavía no se los entregue, para Daniel Ferrón, y en especial para Aníbal Barrios, La Vieja (histórico asistente de Spinetta). ¡Imaginen lo mejor que estaría el mundo si hubiera más personas como La Vieja! No sé, como dice un amigo: “Luis, en su ausencia, está mas presente que nunca y nos va juntando de a poco”.

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“No molesto a nadie ni evangelizo, solo escucho Spinetta”, se presenta Kasparián.
 
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