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Viernes, 7 de agosto de 2009

HISTORIETA  › FERNANDO CALVI Y ALTAVISTA, EN LA EDICION DE MAÑANA DE FIERRO

“No soy un ingeniero de la historieta”

Con pipa a lo Popeye y jopo de Tintín, el marinero Barragán es el centro de una historia que acumula recuerdos y misterios, y que ahora arranca una segunda parte que, supone el autor, “será más feroz y vigorosa, sin saltos temporales como en la primera”.

 Por Lautaro Ortiz

A poco de cumplir tres años de vida, queda en claro que la revista Fierro –en esta segunda etapa– ha contribuido a la creación y difusión de un corpus de historias que dejarán marca en la historieta argentina. Muchos de los personajes que crecieron en las páginas de esta publicación aparecerán en breve en librerías del país y en Europa, en formato libro. La enumeración lo demuestra: el perverso Guastavino, de Trillo-Varela; las sagas Rat-Line y 20874 de Ignacio Minaverry; los hombres pájaro de Salvador Sanz; el mentiroso Paolo Pinocchio de Lucas Varela; El Hipnotizador, de la dupla De Santis-Sáenz Valiente, y hasta las delirantes humoradas de El Baño de Gustavo Sala.

Pero la cosa no termina ahí. Una muestra de ello es la edición de Fierro de este mes –que aparece mañana–, cargada con series que tienen como destino final el libro recopilatorio: regresa Los años metálicos; abre su penúltima puerta la jazzera Fly Blues y avanza a grandes pasos Vitamina Potencia, la serie sobre luchadores de catch que llevan adelante Re-ggiani y Mosquito. Y entre todo eso la aparición de una de las historietas más esperadas por los lectores de Fierro: Altavista –segunda parte–, del dibujante e ilustrador Fernando Calvi.

“No soy un ingeniero de la historieta, yo trabajo por instinto”, advierte el dibujante a la hora de sentarse a conversar sobre la misteriosa vida de su personaje, el marinero Barragán (con pipa a lo Popeye y jopo a lo Tintín), que bien ganado tiene un lugar entre los grandes marineros como el Ismael de Melville o el Tigre de la Malasia de Salgari. La referencia literaria no es caprichosa: el dibujante nacido en Córdoba en 1973 creó una historieta afirmada sobre un prosa poética –un largo monólogo interior–, olvidándose por momentos del dibujo. La iconografía de la aventura está (barcos, cazadores, borrachos, mujeres), pero la real acción pasa por la palabra. Mientras que los textos imprimen el ritmo (el ritmo de un diario de vida), los dibujos sirven como postales de viaje. En este sentido, Calvi va a contramano de cierta tendencia en la historieta actual dominada por la frialdad del diseño más que por la ambigüedad de la palabra. “El predominio del diseño es un signo de los tiempos que corren”, explica. “Me gusta cómo algunos historietistas sacan partido de esa manera de plantear las historias. Cuando yo digo que no soy ingeniero de la historieta también me refiero a esos autores que saben todo lo que va a pasar, y miden con exactitud como en el plano de un arquitecto. Yo prefiero la sorpresa, decir algo y darme cuenta más tarde de lo que dije. Hace unos años le comenté a Oswal (uno de los pocos autores-narradores que conozco que merecen el título de maestro) algunas cosas que las hacía con el inconsciente y me dijo: ‘Al inconsciente dejalo trabajar’. Y eso hice con Altavista.” Al tiempo que Fierro edita el primer capítulo de la segunda temporada de Altavista, Calvi anuncia que a fines de este mes expondrá en Casa L’inc una serie de cuadros llamados Cielo e Infierno, donde los personajes de Altavista tendrán un lugar relevante.

–En la primera parte de Altavista hay un planteo bien definido: jugar con lo temporal. Barragán, el misterioso marinero, compra una casa y abre una puerta cerrada: a partir de ahí la historia de su vida, sus amores, la amistad, todo como en un puzzle... ¿Cómo fue el planteo de la historia?

–El primer capítulo era más bien un ejercicio de estilo: plantear cómo deseo que una historieta esté narrada, escrita y dibujada. Después de que Barragán abre la puerta, una puerta se me abrió a mí. A partir del segundo capítulo me quedó claro que Altavista debía ser narrada en desorden, porque uno recuerda de esa manera. Y la historia es eso: memorias, cartas de amor, un pedido de socorro en una botella, un tipo en algún lugar recordando los hechos de su vida. No hubo un planteo rígido para la primera parte, había ciertas historias que quería contar, ciertas emociones. Y quería lograr un efecto acumulativo, acumular información sobre el personaje.

–El dibujo funciona más como estampas, postales de viaje, la acción está sostenida siempre por el texto.

–Sí, me gusta esa imagen de las fotos viejas, los mapas, las estampillas, esos momentos congelados. En Altavista quería, y eso sí fue deliberado, renunciar a técnicas cinematográficas en la narración, por un simple motivo: es una historieta. No una película en papel, ni un story board. Me gustan las historietas de principios del siglo XX, y El príncipe valiente, y eso fue una fuerte influencia en ese sentido. Por otro lado, al ser unas memorias narradas, el texto era fuerte, por el texto es donde sucede la acción. El dibujo funciona como imágenes mentales que le vienen a Barragán al contar/recordar su historia. Al empezar a contar de esa manera empezó a pasar algo copado, y es que algunas imágenes cuentan una cosa y el texto otra, en una misma viñeta. Son como caminos que a veces se cruzan, dos vías para contar la historia.

–A todo lector de Altavista le saltan citas escondidas. Por la historia anda Kipling, Sandokán, Melville y personajes como Popeye y Tintín. ¿De cuántas partes esta hecho Barragán?

–Muchas citas y referencias. A los que habría que agregar a Conrad, London, Stevenson, Lovecraft, Poe, Verne, etcétera. Mucho de los héroes de Bioy Casares. Y desde las heroínas de las Brontë y Jane Austen hasta las tiras e historietas de humor y aventuras de Periquita y Tarzán. Claro, Tintín y Popeye. De a poco me fui animando cada vez más con las referencias y empezaron a aparecer citas sobre Mazinger o Godzilla. Tengo un paladar muy amplio, y todo lo que me gusta aparece de una u otra manera. Es divertido a veces codificar esas referencias y ponerlas en época, porque Altavista transcurre en 1935, ahora en 1936, y me gusta documentarme y tratar de ser respetuoso con la época. De todas formas, tanto las historias que quería contar en la primera parte como las que empiezo a contar ahora no tienen tanto que ver con lecturas u homenajes, tienen más que ver con cosas que me pasan o pasaron. Las referencias y demás son guiños y códigos que me sirven para contar mejor esas historias. Un ejemplo de eso es que en un capítulo quería hablar del horror de los bombardeos del ejército de los Estados Unidos sobre Bagdad a principios de 2003, evitando lugares comunes. Entonces enlacé eso con el origen del Necronomicon, libro demoníaco por excelencia. Y así se van construyendo las historias. Respondiendo a de cuántas partes está hecho Barragán, creo que más allá de las influencias es un personaje definido, que toma cosas de todo lo que le gusta, pero sigue siendo él. Digo, si bien visualmente puede ser una especie de collage, eso funciona más que nada visualmente, hasta diría como disfraz, para esconder ciertas cosas...

–Entre los iconos que se acumulan en la historia, el elefante cruza toda la primera parte, como si fuera el símbolo de la memoria, del paso del tiempo, del misterio de la vida.

–Es difícil agregar algo, porque es muy delgada la línea que separa lo que significan los elefantes para mí y lo que representan para la historia. Digamos por lo pronto que el elefante es claramente el animal fetiche de la primera parte. La bestia sagrada. Y que adoro los elefantes, verlos, dibujarlos. Y me identifico mucho con ellos, además de por una cuestión anatómica, por el tema de cierta engañosa lentitud (son muy rápidos cuando quieren) y la memoria. Más que al misterio de la vida, los elefantes en Altavista están asociados al misterio del amor.

–De esta segunda parte, ¿qué deben esperar los lectores de Fierro?

–¡Acción y aventura! ¡Amor, locura y muerte! En esta segunda parte hay un cambio fundamental: la historia se cuenta de un tirón, de un trago, no hay saltos temporales. Me parece que la primera parte se caracterizó por un tono triste y lánguido, que es una forma de vivir la angustia y el amor. Esta segunda supongo que será más feroz y vigorosa, que es otra forma de vivir esas cosas y otras más. Pero bueno, vuelven todos, o casi, los personajes secundarios. Y, claro, ésta es una historia de terror...

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“Las referencias y demás son guiños y códigos que me sirven para contar mejor esas historias, dice Calvi.”
 
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