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Viernes, 28 de febrero de 2014

HISTORIETA  › HISTORIETA NAVARRITO, DE RICARDO BARREIRO Y ALBERTO DOSE

Los manejos de los poderosos

Este policial negro publicado originalmente en Fierro en 1986 es rescatado ahora por la editorial patagónica La Duendes y sorprende por su vigencia, con un entramado de ocultamientos que incluye a los medios de comunicación.

 Por Andrés Valenzuela

La editorial patagónica La Duendes alterna, desde hace algunos años, el rescate de clásicos olvidados de la historieta argentina con la exploración de nuevos talentos. Dentro de su línea de reediciones acaba de publicar Navarrito, con una historia (“El caso de Rodolfo A.”) de Ricardo Barreiro y Alberto Dose publicada originalmente en la primera versión de la revista Fierro. Se trata de un policial negro de corte chandleriano, en el que un improvisado investigador se cruza con la gente “bien” de Buenos Aires para defender a un ex convicto injustamente acusado de asesinato. La trama transcurre a comienzos de la década del ’30 y está partida por el golpe militar que lleva a José F. Uriburu a la presidencia de facto del país. Además del protagonista, la víctima y los poderosos de turno, los autores agregan otro personaje más: una discípula de Sigmund Freud.

Más allá de la historia –que es buena, ofrece lecturas interesantes y, además, conserva cierta vigencia–, uno de los puntos más valiosos de Navarrito consiste en la recuperación de sus autores. Barreiro, el guionista, es uno de los mejores nombres de la última etapa plenamente industrial del sector en la Argentina, aunque la prensa no especializada suele pasarlo por alto. De su máquina de escribir surgieron algunos clásicos que aún se pueden encontrar con algo de esfuerzo, gracias a esporádicas recopilaciones de la última década: As de pique (con Juan Giménez), Ministerio (con Francisco Solano López) y Parque Chas (con Eduardo Risso). Más difícil es encontrar su magnífica Bárbara, junto a Juan Zanotto. Como en esos otros trabajos, en Navarrito Barreiro también hurga en los manejos de los poderosos.

Quizá por eso este libro conserva cierta vigencia. A pesar de ser, desde lo estrictamente genérico, un policial negro, la historia tiene mucho de prácticas corrientes. Así, el guionista señala cómo distintos factores de poder, políticos, militares, curia, medios, defienden a “los suyos”, aun encontrados en medio de actos abyectos. Navarrito apareció originalmente en 1986 y por eso llama la atención algo de la construcción narrativa de Barreiro. Uno de sus elementos claves pasa por la participación lateral de los diarios en la construcción pública de la trama. Se podría decir que aquí se cuentan dos historias: la de los protagonistas y la que publican los medios. Tres décadas después de las primeras viñetas de esta historia, aún se discute cuánto revelan y cuánto ocultan ciertos medios, cómo impactan en la opinión pública. El resto del entramado de encubrimientos que atraviesa la historia también es muy realista (basta recordar casos emblemáticos, como el de María Soledad Morales, para aceptar la verosimilitud de la propuesta).

Mientras Barreiro ya falleció, Alberto Dose, en tanto, sigue en actividad. Tras abandonar el mercado nacional se radicó en Italia primero y luego en Estados Unidos. Publicó en Europa y en media docena de editoriales norteamericanas, dibujándoles el traje a héroes como Spiderman o Flash. Dose es uno de esos dibujantes con un estilo difícil de encasillar. O más bien, con muchos estilos difíciles de encasillar. Tiene trazo versátil que se adapta al medio y la historia. En Navarrito recurre a una línea suelta, un narrar fluido y buenos contrastes de blanco y negro. Para ofrecer alguna referencia, vale decir que en la composición de los personajes recuerda a Sanyú por el modo de marcar con intensidad los rasgos predominantes de los personajes: papadas y pómulos se destacan rápido, mientras que los ojos a veces son meras pupilas bajo cejas gruesas.

La edición quizá no sea lo que se acostumbra hoy en el sector, más proclive a las encuadernaciones con cierto lujo, pero esta línea le permitió al sello sureño ser uno de los más prolíficos del último lustro. Aunque el trabajo de La Duendes es más modesto como editorial, sigue siendo respetuoso de la obra y su sencillez no impide su disfrute.

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