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Viernes, 21 de marzo de 2014

HISTORIETA  › ENTREVISTA A MIKE MIGNOLA, EL MITICO CREADOR DE HELLBOY

“Estoy creando mi propio mundo fantástico en el infierno”

El célebre dibujante recorre las dos décadas de publicación y analiza el presente del niño-demonio, que peregrina por distintos círculos infernales. Mientras tanto, el mundo se acaba: “Venimos cocinando el Apocalipsis desde hace un largo rato”, señala.

 Por Andrés Valenzuela

Cuando un personaje de historieta cumple años, sus editores suelen producir algún tipo de material especial: aventuras clásicas, una recopilación editada con todos los chiches y hasta algún anuncio rimbombante sobre el futuro de la serie. Al que le toca cumplir años esta vez es a Hellboy, el niño-demonio creado por Mike Mignola y publicado durante veinte años por Dark Horse. El sello del caballito negro lanzará una edición especial de gran tamaño, con ilustraciones de las dos décadas, llamada Hellboy: the first 20 years, y completará con una celebración que se repartirá entre distintas ciudades de Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Argentina. En la escena local, donde OvniPress tiene la licencia del personaje y publica sus comics, el festejo será en el espacio Moebius, de la Galería Patio del Liceo (Av. Santa Fe 2729, local 13) mañana sábado a partir de las 17, con la presencia de los mellizos Sebastián y Max Fiumara (quienes dibujan la serie Abe Sapien, parte del universo “infernal”) y del escritor Leo Oyola (ver recuadros).

En entrevista exclusiva para la Argentina, de Página/12, Mignola recorre las dos décadas de publicación y analiza el presente del personaje, que peregrina por distintos círculos infernales mientras la Tierra se acerca a un Ragnarok que –advierte– no hay forma de evitar.

“La verdad es que nada salió como esperaba –reconoce Mignola–. Pensé que haría una historia y listo, capaz si funcionaba haría unas cuantas más, pero jamás imaginé que tendría spin-offs, muñecos, tomos recopilatorios y ni qué hablar de las películas que dirigió (Guillermo) del Toro.” Hellboy resultó ser un fenómeno difícil de medir: veinte años de historias cortas como parte de antologías primero, series y miniseries luego, títulos derivados, prestigio y reconocimiento para un autor que, afirman quienes lo conocen, no se siente del todo cómodo acaparando la atención de los fanáticos. “Lo increíble es que no me haya cansado –reflexiona el maestro de las sombras y los plenos negros en las viñetas–. Antes de él jamás había hecho ningún personaje con regularidad y el hecho de aún hoy poder disfrutarlo me sorprende, supongo que hice un buen trabajo al crearlo”, considera y confiesa que aunque a veces se alejó del demonio rojo y lo dejó en manos de otro guionista o de otro dibujante, siempre volvió porque lo extrañaba.

“Lo que sucedió cuando tuve que abrir el juego a otros autores es que por entonces estaba comenzando el trabajo en la segunda película y era muy difícil hacer las historietas y la preproducción del film todo a la vez, ¡sentía que no estaba haciendo nada bien! También pasó que se me había ocurrido un arco argumental enorme y me di cuenta de que no podía manejarlo solo, que necesitaba ayuda”, recuerda.

Muchos dibujantes y guionistas pasaron por las páginas de Hellboy y sus títulos derivados, algunos con la talla de Arthur Adams. Pero probablemente los más relevantes sean John Arcudi, Duncan Fegredo y Scott Allie, quien primero fue editor de la serie y ahora también hace los guiones de Abe Sapien. De visita en la Argentina, en agosto pasado, para el festival rosarino Crack Bang Boom, el propio Allie contó que se ganó su trabajo corrigiéndole una sombra a Mignola. El autor reconoce esto, aunque advierte que no fue decisivo. “Si sólo me hubiera corregido, no se hubiera ganado el puesto, lo importante fue que lo hizo pese a que lo habían prohibido –destaca Mignola–. La jefa le dijo ‘revisale sólo la ortografía’ y él vio algo que no cerraba en el dibujo y me lo dijo.” La anécdota ilustra lo enorme de la figura del historietista para ese momento. Hellboy era el mascarón de proa de la editorial y a nadie se le ocurría contrariar a su creador. “Pero yo necesitaba alguien que me ayudara a mejorar mi trabajo, no que me dijera que sí a todo.”

–Cuando creó Hellboy, Dark Horse estaba en crecimiento. En el mismo período en que otros autores también reivindicaron sus derechos, fundando Image. ¿Cómo recuerda esa época?

–Para mí jamás fue una decisión política. Ni tenía objetivos personales muy claros ni luchaba por mi propio material. Incluso, estaba muy cómodo trabajando para DC, pero la verdad es que sus personajes no me importaban nada. Sabía que podía trabajar con ellos, pero la verdad es que Batman no es mi estilo y un montón de tipos que conocía se iban para Dark Horse, así que me prendí. ¿Quería hacer Batman? ¿Aliens con superpoderes? ¡Me aburrían! Más que militancia, lo mío fue estar en el lugar correcto en el momento preciso. Seguro hubiera podido publicar Hellboy en otro lado, pero nadie lo hubiera notado. Si le prestaron atención fue porque al lado mío publicaba gente como Frank Miller o Arthur Adams. Ahí sí la gente prestaba atención.

Y la gente prestó atención: los críticos lo honraron con más premios Eisner, Harvey y Eagle de los que caben en una vitrina, nominaciones en los prestigios Hugo y dos films dirigidos por Guillermo del Toro. “Una gran experiencia”, considera el historietista, quien se deshace en elogios al cineasta, aunque mejor ni preguntarle por una posible tercera parte porque está harto de las manos levantadas en cada convención pidiéndole que responda una vez más que no tiene ni idea de si eso volverá a suceder. Eso sí, aclara que la primera estaba mucho más cerca de su obra, pero que igual tuvieron “grandes aventuras” con Del Toro, y reconoce que no sabe si la serie seguiría en pie de no haber sido por las dos películas. “Es increíble cuánta gente se acercó a leer después de que salieron”, acota.

–Las películas hacían menos hincapié en un costado muy importante de la serie: los mitos y el folklore. ¿Cómo los integraba al universo Hellboy?

–Descubrí pronto que si no me esforzaba por integrarlos y darles una explicación coherente, funcionaban mejor. Si trataba de hacer un plan racional, la cosa se venía abajo. Puede que en algún lado de mi cerebro todo se ordene, pero la verdad es que tampoco quiero sacarle la belleza al misterio explicando mucho cómo los mitos se conectan con el universo. Le toca al lector unir las piezas o descubrir las inconsistencias y preguntarse qué sucede ahí.

–Otro elemento inusual en Hellboy es que las peleas no duran mucho. Son sucias y cortas.

–Es gracioso, porque pese a eso mucha gente decía “bueno, pero al final lo arregla todo a los golpes”. Y no es así. Cuando armo la trama de una historia, sé que tengo que incluir cierta cantidad de acción. Pero a medida que fui creciendo, me fui aburriendo más y más de todas las peleas. La verdad es que me divierto más dibujando otro tipo de escenas de acción. No sé, el personaje saltando por una ventana, por ejemplo, o un derrumbe. Dos tipos que se pegan no me interesa mucho, aunque sea importante. Lo que más me preocupa al dibujar es el tono y el ambiente de la historia, en eso me concentro.

–Allí se nota la influencia de Lovecraft, entre otros autores.

–Ciertamente hay elementos lovecraftianos, pero no son tantos. Sí está en esta idea de los grandes poderes en segundo plano, pero también traigo cosas de muchos otros escritores del pulp, que me abrieron los ojos a un terror que no eran sólo vampiros y hombres lobo. El truco está en cuánto explica uno al lector. Yo soy muy cuidadoso en cómo compongo mis historias, me preocupo de no explicar de más ni quitarles la magia a los mitos que recorro. Lovecraft no explicaba. Otros que vinieron después sí, pero él no, hay toda un área gris que me encanta, cierta cosa incognoscible de los alienígenas.

–Ahora tomó una decisión poco habitual: Hellboy murió y está en el Infierno. Se viene el fin del mundo y no hay vuelta atrás. Es algo muy inusual para el comic comercial norteamericano.

–Venimos cocinando el Apocalipsis desde hace un largo rato. Marvel pretende seguir con sus personajes por muchos años, así que no puede hacerlo, pero nosotros sí. Desde el comienzo supe que esto iba hacia algún lado y luego terminaba.

–¿Eso no le cierra puertas?

–Me gusta la idea del Ragnarok, la de que un mundo termina para que otro comience. Así que este final puede dar origen a nuevas series, distintas. Al mismo tiempo, estoy creando mi propio mundo fantástico en el Infierno. Y la verdad es que mi mirada del Infierno puede ser infinita y que Hellboy puede pasárselas ahí para siempre y puedo tener innumerables historias ambientadas allí, así que no siento estar limitándome posibilidades. Con algo de suerte, cuando eso suceda y ya no tenga más historias, seguro estaré muy viejo y no me importará mucho.

–¿Y el universo que Hellboy deja atrás?

–Bueno, será muy interesante ver cómo termina. Porque sí se termina. No lo salvamos. Me gusta cómo desde el comienzo se plantearon algunos pequeños problemas que fueron emparchándose, o que crecieron un poco, y luego otro poco, hasta que es imposible arreglarlos. Ahora la Tierra sufrió tanto daño que ya es imposible dejarla como antes o reconstruir las ciudades, como pasa en otros comics. Estamos alterando el mundo tan radicalmente que lo convertimos en otra cosa. Eso no puede irse apretando un botón.

–Suena a parábola ecologista. ¿Es un tema que le interesa?

–Soy consciente del asunto, pero no me interesa mucho. Quizás influya en mis pensamientos un poco, pero creo que simplemente me gusta la idea de unos tipos peleando contra algo que en última instancia no pueden derrotar. Podrás arreglar alguna cosita, pero no volverlo al estado anterior.

–Volviendo al origen de Hellboy, cuando había hecho una historia corta de Batman. ¿Se imaginaba terminando un mundo?

–Esa historia era más de fantasmas, Batman no me importaba mucho. Al principio pensé en hacer un investigador de lo paranormal. Pero me iba a aburrir porque no dejaba de ser un hombre común y corriente. Ahí encontré el boceto con una criatura y el nombre. ¿Qué imaginaba? Que quería eso: historias fantásticas que me permitieran dibujar monstruos.

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“Más que militancia, lo mío fue estar en el lugar correcto en el momento preciso”, dice Mignola.
 
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