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Viernes, 11 de diciembre de 2015

HISTORIETA  › MATAR AL TIRANO CONCLUYE EN LA FIERRO QUE SALE MAÑANA

Un modo de acallar a la muerte

La dupla formada por Minaverry y Lautaro Ortiz se metió con un tema bravo como el del genocidio armenio y se puso a reflexionar sobre los límites de la justicia, sobre el alcance de los actos y la duración de las tragedias.

 Por Andrés Valenzuela

Hace un mes, en esta misma columna se señalaba que Fierro comenzaba su camino hacia 2016. En esta semana de múltiples transiciones, la revista señera de la historieta argentina avanza en la suya propia. Si el mes pasado concluían dos series encantadoras de los últimos tiempos (El día más largo del futuro y Borges, inspector de aves), otro tanto sucede en este número decembrino. Pero esta vez las que concluyen son El esqueleto, del indiscutido Salvador Sanz, y Matar al tirano, de Lautaro Ortiz e Ignacio Minaverry.

De la primera queda poco por decir. Quien no haya descubierto aún esa desventura apocalípticovegetarianística que propone a puro plumín Sanz, todavía está a tiempo. Si no, habrá que esperar los tiempos de las editoriales independientes. En algún momento (pronto, ojalá) se animarán a recopilar esas páginas que quizás en algunas décadas se relean como proféticas.

De Matar al tirano sí queda mucho para decir. La dupla de Minaverry (Dora, Noelia en el país de los cosos) y el editor de la revista se metió con un tema bravo como el del genocidio armenio, y se puso a reflexionar sobre los límites de la justicia, sobre el alcance de los actos y la duración de las tragedias. No es poca cosa. Ortiz ofició de guionista y comenta al respecto que la historia serializada en sus páginas “toma su título de un artículo de Osvaldo Bayer, incluido en la edición Un proceso histórico (Ediar, 2012), que tiene además un estudio de Eugenio Zaffaroni, y que es la versión taquigráfica del famoso juicio llevado a cabo en Berlín en 1921”.

La cuestión de fondo, agrega Ortiz con y sobre la autoridad de Bayer, “es un problema ético y moral no sólo para el derecho penal”. Es decir, Matar al tirano no narra cómo Soghomón Tehlirian ultima al visir turco Talaat Pashá (responsable político de planificar el exterminio armenio), y ni siquiera el juicio al hombre tras el acto consumado. Más adelante aún en el tiempo, la dupla narra cómo ese acontecimiento persigue a Tehlirian hasta la ciudad de San Francisco en plena ebullición de los años 60. Ortiz trae a colación un pasaje del columnista de Página/12: “La injusticia no se borra, queda flotando allí, en el recuerdo y para la historia. Y siempre habrá quienes consideren que no pueden quedar impunes tales crímenes”. A la hora de reflexionar sobre su propio rol como creador de la historieta, el editor-guionista asegura que “fue un desafío trasladar al lenguaje de la historieta este dilema”. “Con Minaverry sólo nos propusimos contar y tratar de reflejar el dolor, el coraje y las dudas de un hombre empujado a una maquinaria de muerte sin perder la humanización del personaje y de sus actos”.

“Queda en claro, suponemos, que no se trata de la historia de una ‘venganza’, sino del relato de una búsqueda desesperada por acallar a la muerte”, desliza Ortiz. Sobre su compañero, asegura: “Minaverry ha hecho un trabajo exquisito a partir de un relato de ida y vuelta entre pasado y el presente”. Con todo, la dupla no se plantea su novela gráfica como “histórica” sino como una ficción basada en lo real.

Desde luego, este número de Fierro no acaba en El esqueleto y Matar al tirano. Además, incluye capítulos de El desmitificador argentino, de El Tomi (en la medida de lo que se puede considerar “capítulos” a su serie de unitarios, claro), una entrega del superhéroe distópico-peronista Zenitram, de Juan Sasturain y el marplatense Juan Carlos Quattordio, y pisa el acelerador a fondo con dos capítulos de La ley seca, del renombrado Marinero Turco. Además, regresa a la revista el enorme Max Cachimba, firma emblemática de las dos etapas de la publicación de Fierro, donde se dio a conocer como autor.

Además de todo este material, este número “transicional” de Fierro, de cara a las nuevas series que entretendrán lectores durante el próximo año, es ocasión también para andar el ritmo de un movimiento creciente en la historieta nacional: la historieta anclada en lo real y contemporáneo. Porque claro, relatos en viñetas de hechos históricos hay muchos. Pero lo que está sucediendo es que las nuevas secuencias también cuentan el presente o el pasado (muy) reciente. Aparecen en distintos medios gráficos y digitales, hay libros publicados (no hace mucho este diario elogió la novela gráfica Gatillo fácil, sobre la “masacre de Pompeya”, el caso que inspiró la película The Rati Horror Show.

En esta línea se enmarca una nueva historieta que aparece en este diciembre y que también aborda un caso de gatillo fácil: el asesinato de Luciano Arruga. El autor es Pablo de Bella, dibujante y profesor de la Escuela La Ola. Una cosa saben bien los historietistas, de Maus a esta parte: si leer informes sobre un caso puede impactar, encontrarse con las imágenes contando historias, puede ser un fierrazo en la cabeza.

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